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Full text of "Biografía de Don José Cecilio del Valle"

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BIOGRAFÍA 


11      «. 


I\ajviojm  Í\o$a, 


¡ICO   CORRESPONDIENTE  DE   LA   KKAL 


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1    i  ■  <  .  <  ;    k     \    i-    l     \ 


BIOGRAFÍA 


DON  JOSÉ  CECILIO  DEL  TALLE, 


Í\A[40JM    T\05A, 


ACADÉMICO   CORRESPONDIENTE    DE    LA   KEAL   ACADEMIA   ESPAÑOLA, 
ETC.,    ETC. 


Oi&r*9  ■•» 


Cotadón  Luis  Lujen  Muñoz 

urNvtfsiaaa  francisco  MirroQum 
www.ufrn.tdu  -  Guatemala 


TEGUCI0ALPA 

TlfOORAFIA      NACIONAL 


1882 


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^t^vn^r^      t^^ueAyi^x)^^   ' 


(l^sJihJ^t^      ck^s      ^¿Kxv^    ¿}X^^yQ)    ¿ZáL^yK^, 


sz^c^yi^  c^s 


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Wj. 


INFORME 


Excelentísimo   Señor   Doctor    Don    Ufare 
Soto,  Presidente  de  ta  República. 


EXCELENTÍSIMO  SEÑOR: 

En  22  de  Diciembre  del  afio  próximo 
bien  darme,    oficialmente,  la  delicada  cnanto  honr 

sión  de  que  revisase  y  ordenase,  para  imprimirlas,  las    I 
de  Don-José  Cecilio  del  Valle,  y  de  qne  escribiese   la  lao- 
grafía de  tan  distinguido  centro-americano,  para  i 
sede  introducción  al  libro   en  (pie  deben   api 
ci pales  escritos. 

No  son  para  dichaá,  Señor,   pero 
penosamente,  las  dificultades  con  que  be  tropí 
por  obra  la  ejecución  de  mi  encargo.      Entre  no- 
ha  prestado  atención  á  los  estudios  hifitól 
gusto  por  ellos;  y  de  aquí   ha  provenido  la  P 
chos   materiales  y  datos    preciosos,  la  cual     tfl 
en  gran  manera,  el  cumplimiento  de  m 

No  obstante,  después  de  haber  BU] 
los,  á  fuerza  de  pacientes  ínvestigaci< 
tudios,  he  dado  remate  á  mil 


de  presentaros,  ordenadas  y  revisadas,  las  copias  de  los  prin- 
cipales escritos  del  ilustre  Valle,  lo  mismo  que  la  Biografía 
que  ha  de  precederlos  en  el  libro  que  vá  á  publicarse  por 
cuenta  del  Estado. 

La  Biografía  de  Don  José  Cecilio  del  Valle,  por  su  ex- 
tensión, es  una  obra  completa,  aunque  por  su  mérito  muy 
lejos  está  de  ser  una  obra  acabada.  Está  dividida  en  ocho 
capítulos,  y  cada  capítulo  contiene  un  sumario  de  los  prin- 
cipalespuntos  que  abraza. 

Los  capítulos  de  la  Biografía  se  refieren  á  los  períodos 
importantes  de  la  vida  de  Valle,  períodos  que  he  dividido 
tomando  en  cuenta  los  sucesos  de  mayor  interés,  personal  ó 
político,  que  formaron,  por  decirlo  así,  verdaderas  épocas 
para  el  hombre  cuyos  hechos  y  vicisitudes  me  he  ocupado 
en  historiar. 

El  primer  capítulo  comprende  el  período  trascurrido 
desde  1780,  en  que  nació  Valle,  hasta  1803,  en  que  se  reci- 
bió de  Abogado  en  la  Real  Audiencia  de  Guatemala:  el  se- 
gundo capítulo  se  extiende,  desde  1803,  hasta  1812,  en  que 
Valle  contrajo  matrimonio,  y  en  que,  en  toda  la  madurez 
de  sus  facultades,  expuso  sus  ideas  de  economista  como 
Regente  de  la  cátedra  de  Economía  Política:  el  tercer  capí- 
tulo recorre,  desde  1812,  hasta  1821,  en  que  Valle  redactó 
el  Acta  de  Independencia  de  Centro-América:  el  cuarto  ca- 
pítulo comprende,  desde  1821,  hasta  1822,  en  que  Guate- 
mala se  anexó  al  Imperio  de  México,  y  en  que  Valle  fué, 
como  Diputado,  á  la  Capital  imperial:  el  quinto  capítulo  se 
extiende,  desde  1822,  hasta  1824,  en  que  recobrada  la  inde- 
pendencia centro-americana,  Valle  regresó  á  Guatemala  á 
hacerse  cargo  del  Poder  Ejecutivo  provisional  de  Centro- 
América:  el  sexto  capítulo  comprende,  desde  1824,  hasta 


1829,  en  que,  domeñada  por  Morazán  la  reacción  liberticida 
del  Presidente  Arce  y  de  los  conservadores  de  Guatemala, 
Valle  volvió  á  ocupar  su  puesto  de  Diputado  en  el  Congre- 
so federal:  el   séptimo  capítulo   abraza  desde   1829,    hasta 
1834,  en  que  falleció   Valle,  cuando  habia  sido  electo,  por 
segunda  vez,  Presidente  de  la  República  federal  de  Cent: 
América;  y  el  octavo  y  último  capítulo  se  refiere  á  la  gran 
sensación  y  consecuencias  políticas  que  produjo  la  mué 
de  Valle,  al  olvido  que  se  hizo  después  de  su  vida   y  de  sus 
Obras,  á  la  justicia  que  hoy  se  hace  en  Honduras  á   su  n 
moria,  y  á  las  enseñanzas  morales  y  políticas  que  ha  dejado 
á  la  posteridad  aquel  Sabio  hondureno. 

Imposible  historiar  la  vida  y  hechos  de  Valle,  1;  _ 
timamente  con  la  sociedad,  con  la  política  y   vicisitudes  de 
su  tiempo,  sin  historiar,  aunque  á  grandes  rasgos,  los  socia- 
les acaecimientos,  de  capital  carácter,  de  la  época  en  que 
vivió,  y  en  que  fué  actor  ó  espectador  en  la  escena  de  le» 
cesos  políticos.     lié  aquí  porqué,  Señor,  he  tenido  que  ha- 
cer de  la  Biografía  de  Valle  un  gran  cuadro  histórico  en  que 
aparece,  en  lugar  preferente,  su  noble  figura.     A  la  mal 
que,  en  el  arte  plástico,  el  pintor  tiene  que  formar  un  o 
dro,  con  un  fondo  de   luz  y  de  sombras,   para  que    pa< 
verse,  distintamente,  las  furnias,  línea 
de  un  retrato  que  su  pincel  produi  biógrafo,  pintor 

de  almas,  si  se  me  permite  la  frase,  tiene  que  formar  un  o 
dro  de  hechos  históricos,  fielmente  apuntad 
apreciados,  para  que  puedan  oonooerae,  ota 
te,  los  móviles  de  conducta,  la>  a. 
las  tendencias,  aspiraciones  é  ideales  del  personaje 
da,  por  la  virtud  de  la  pala!»! 

se  perpetúe  en  las  páginas  de   la 


8 


pluma,  al  retratar,  emplean  procedimientos  análogos,  con 
la  diferencia  de  que  el  pintor  debe  impresionar,  ante  todo, 
de  un  modo  estético,  la  vista;  y  el  biógrafo  debe  impresio- 
nar, ante  todo,  de  un  modo  científico,  el  espíritu  de  los 
contemporáneos  y  de  las  generaciones  venideras. 

Debo,  además,  deciros,  Señor,  cuál  es  el  criterio  á  que 
obedecen  mis  apreciaciones  históricas.  Como  bien  lo  sabéis, 
hay  un  criterio  de  circunstancias,  interesado,  de  provechos 
positivos;  y  hay  un  criterio  impersonal,  de  desinterés  y  de 
justicia,  ageno  á  las  pequeneces  y  miserias  que  oponen  los 
límites  del  tiempo  y  del  espacio.  Entre  nosotros,  en  que  la 
política,  la  mal  entendida  política,  lo  ha  dominado  todo, 
hasta  la  Historia  que  debe  ser  soberana,  se  ha  adoptado, 
por  lo  común,  el  criterio  de  las  circunstancias,  el  criterio  de 
la  pasión  y  de  la  conveniencia  del  momento,  cuando  algo 
se  ha  escrito  sobre  nuestros  sucesos  históricos  y  nuestros 
hombres  públicos.  ¿Se  tienen  ideas  conservadoras?  Pues 
es  necesario  presentar  á  los  liberales  como  monstruos  de 
la  anarquía.  ¿Se  tienen  ideas  liberales?  Pues  es  necesario 
presentar  á  los  conservadores  como  fieras,  en  sus  antros, 
incapaces  de  toda  idea  acertada  y  de  todo  sentimiento  ge- 
neroso. ¿Se  tienen  ideas  clericales?  Pues  es  necesario  pre- 
sentar á  los  libre-pensadores  como  desnaturalizados  impíos 
y  corruptores  de  oficio.  ¿Se  tienen  ideas  anticlericales? 
Pues  es  necesario  presentar  siempre  á  los  clérigos  como 
amigos  del  absolutismo,  del  retroceso  y  de  la  inquisición. 
Tal  ha  sido  y  tal  es,  en  lo  general,  el  criterio  histórico  en 
Centro-América:  es  el  criterio  de  la  subordinación  de  una 
conveniencia  que  infama,  al  predominio  de  las  pasiones  de 
un  partido  triunfante  que  oprime,  que  degrada,  que  envi- 
lece.    El  iracundo  exclusivismo   político  ha  traído  el  irra- 


: 


cional  exclusivismo  histórico.  Tan  impudente  ha  sido  la 
falsificación  que  se  ha  hecho  de  los  principios  de  la  Repú- 
blica, como  horrible  la  falsificación  que  se  ha  hecho  de  la 
Historia. 

Señor:  Vos  habéis  tenido  piedad  del  pasado,  rehabili- 
tando la  memoria  del  gran  Valle;  y  yo  he  querido  tener 
piedad  de  la  Historia,  rechazando  el  estrecho,  el  inmoral 
criterio  de  la3  circunstancias,  al  escribir  su  Biograf 
juzgar  los  principales  acontecimientos  de  su  época.  Ese 
criterio  no  es  el  criterio  de  la  ciencia,  no  es  el  criterio  de 
la  razón,  no  es  el  criterio  de  la  recta  justicia,  no  es  el  crite- 
rio del  noble  sentimiento.  Señor:  yo  que  tengo  la  buena 
suerte  de  estar  de  acuerdo  con  vuestras  elevadas  ideas,  sé  que 
Vos  estáis  de  acuerdo  con  mi  criterio  histórico;  sé  que  no 
queréis  hacer  de  la  Historia  un  Santo  Oficio,  una  di 
da  inquisición.  Nosotros  no  podemos  decir  á  Liberata  ni  á 
conservadores:  "  creed  ó  arded:"   nosotros  so»  iebe- 

mos  ser  de  nuestro  siglo  de  tolerancia,  de  libertad 
tica   im parcial:   nosotros,    cueste  lo  que   cueste, 
mirar  al  porvenir  de  las  ideas,  que  es   el    porvenir  de  D 
tra   Patria! 

Por  tristísima  experiencia,  que  ha  agostado  Oasi  81 
la  vida  de  mi  alma,  de  mi  pensamiento,  .<•'•.  Señor,  lo 
ha  de  costarme   lo qne  os  digo,  lo  que  han  de  ie  loe 

juicios   políticos  que    enciérrala    BÍO{  Sé 

que  he  de  atraerme  la  malevolencia  de   lib 
dores  exaltados.     En  realidad,  ¿Odál  será  el  principa] 
inmediato  de  esta  obra?  A  buen  i 

ganza  en  perspectiva.     Los  más  ben4  (en- 

cogerán de  hombros  y  verán.  mi  escri- 

to: los  menos   benévolos,  tal?ei  me  oalamnien  3  me 


8 


ríen  de  una  manera  soez,  porque  los  unos  me  verán  muy 
reaccionario,  y  los  otros  me  verán  muy  rojo;  cuando  á  la 
verdad,    Seflor,    no  he  sido  más  que  imparcial  y  justiciero. 

Muchos  habrá  que,  puesto  que  hablo  de  éxito,  me  pre- 
guntarán qué  títulos  tengo  para  esperar  que  alguien  se  ocu- 
pe en  mi  escrito,  para  esperar  que  en  lo  político,  en  lo 
literario,  ó  en  lo  científico,  llame  en  alguna  manera  la  aten- 
ción. ¿Títulos?  No  los  tengo;  pero  cuando  escribo,  ten- 
go una  excusa;  la  de  tener  corazón,  sinceridad  y  franqueza; 
y  esto  basta  para  que,  hoy  que  esas  prendas  brillan  por  su 
ausencia,  pueda  ser  el  blanco  del  desdén,  déla  calumnia  ó 
de  la  injuria.  No  importa.  Pocos,  como  yo,  tendrán 
tanta  altivez  y  tan  profundo  desprecio  para  todos  los  que 
seyerguen,  ostentando  falsos  títulos  en  política,  para  difa- 
mar á  los  que  piensan  con  su  cabeza  y  sienten  con  su 
corazón. 

Pero  basta,  Señor,  en  este  Informe,  tal  vez  de  impropias 
digresiones;  basta  de  pesimisoio,  pues  aun  quedan  hombres 
de  conciencia  en  la  América  Central.  Concluyo,  pues,  Se- 
ñor, diciéndoos  que  al  mirar  al  pasado,  rehabilitando  la  me- 
moria de  Valle  y  de  nuestros  más  ilustres  hombres,  (*)  ha- 
béis mirado  al  porvenir.  La  causa  del  porvenir  es  la  causa 
de  aquellos  hombres.  Centro-América  unida  bajo  un  ré- 
gimen de  moralidad  política,  bajo  un  régimen  de  efectivas 
instituciones  republicanas;  hé  aquí  la  fórmula  del  pasado; 
hé  aquí  la  enseñanza  para  el  porvenir.  La  revolución  de 
ideas,  la  revolución  de  principios,  que  sean  en  espíritu  y  en 


(*)  En  virtud  de  Decretos  del  Señor  Presidente  Soto,  se  están  erigiendo  esta- 
tuas, en  las  plazas  principales  de  esta  Capital,  al  sabio  Don  José  del  Valle,  al 
Benemérito  General  Don  Francisco  Morazán,  al  inmaculado  héroe,  General  Don 
José  Trinidad  Cabanas,  y  al  ilustre  poeta,  Presbítero  Doctor  Don  José  Trinidad 
Reyes,  uno  de  los  fundadores  de  la  Universidad  de  la  República. 


verdad,  está  gor  hacerse  en  Centro-América.  Contra  exal- 
tados y  espúreos  liberales  y  conservadores,  Vos,  con  la  Bio- 
grafía del  sabio  Valle,  dais  una  enseñanza  regeneradora, 
un  elemento  revolucionario,  en  la  despejada  esfera  de  las 
ideas.  Por  ello,  ante  las  disociadoras  y  enconadas  pasiones, 
vuestro  crimen  es  grande,  Señor.  ¿Quién  os  absolverá  de 
tan  enorme  crimen?  Os  absolverá  el  tribunal  á  donde  no 
se  necesita  acudir  en  grado  de  apelación  ó  de  súplica:  os 
absolverá  el  más  respetable  de  los  tribunales,  el  augusto 
Tribunal  de  la  Historia! 

f^AMON    J\o?A. 


Tegucigalpa,  10  de  Diciembre  de  1882. 


' 


CAPITULO  PRIMERO. 


Consideraciones   preliminares.— Nacimiento    de    Valle.— Sus  primeros  años.- 
Su  traslación  de  Honduras  á  Guatemala.— Su   aprendizaje   primario.— Sn 
segunda  enseñanza.— Sus  estudios  privados.— Su  grado  de  Baeliill»  r 
losofía  en  la  Universidad,  y  su  recibimiento  de  Abogado  en  la  Real  Au- 
diencia de  Guatemala.— Descripción  del  físico  y  del  carácter  moral  de  Valle. 


Dos  años  hace  que  Centro-América,  por  deber,  poi 
titud,  y  aun  por  su  propia  honra,  estuvo  en  el  caso  de  c 
brar  el  primer  Centenario  de  José  Cecilio  del  Valle.     Pero 
Centro-América  no  paró  mientes  en  el  recuerdo  del  sabio 
Estadista  que  redactó  el  Acta  inmortal  de  su  Independen- 
cia.    Centro-América  casi  ha  perdido  la  memoria;  Cent  re- 
América  casi  lo  ha  olvidado  todo;  ha  hecho  silencio,  o 
pleto  silencio  al  sueño  de  la   muerte   de  sus  más  ilustres 
hijos,   como  si  temiera  despertarlos,  como  si  temiera  qu 
levantasen,  de  improviso,  para  lanzarle  una  severa  y  amar- 
ga y  cruel  reconvención. 

Lo  que  pasa  es  muy  lógico.    No  existí  la  Nación  imi re- 
americana  de  quien  José   Cecilio  del  Valle  fué  uno  dé 
más  esclarecidos  fundadores:  no  existe  el  Pueblo  respetable 
de  quien  José  Cecilio  del  Valle  fué  uno  de  lo- 
tes y  abnegados  defensores:  no  existe  la  Doble  y  grandi 
tria  á  quien  José  Cecilio  del  Valle  consagró  loa  ?OÍ 
corazón,  las  inspiraciones  de  su  alma,  la  actividad  de  BU 
nio.     La  que  f aera  Oentro-Amérioa  es  hoy,  en  lopolfl 

un   pueblo  degenerado  y  destrozado,    lleno    de    un   at 


12 


miento  tal,  que  casi  le  impide  tener  grandes  recuerdos  y 
grandes  ideales. 

Natural,  y  muy  natural,  es  lo  que  sucede  con  respecto 
á  la  memoria  del  sabio  Valle,  tan  digna  de  venerarse.  Na* 
tu  ral  es  que  reine  un  profundo  silencio;  que  casi  no  se  pro- 
nuncie el  nombre  del  sabio  Estadista;  que  no  se  recuerden 
los  hechos  de  su  vida  fecunda  en  beneficios  públicos  y  en  al- 
tas enseñanzas;  que  no  se  conozcan  sus  obras,  verdaderos 
monumentos  de  sabiduría,  tan  dignas  de  ser  estudiadas,  tan 
idóneas  para  enriquecer  la  inteligencia  de  la  juventud  y  ele- 
var el  sentimiento  nacional,  y  tan  merecedoras  de  formar, 
para  exhibirla  ante  propios  y  extraños,  la  ejecutoria  de 
nuestras  instituciones  y  de  nuestras  letras. 

Pero  el  verdadero  mérito  tiene  el  privilegio  singularísi- 
mo de  abrirse  paso,  aunque  á  veces  tarde,  á  través  de  las 
generaciones  que  olvidan,  ó  de  las  generaciones  que  maldi- 
cen. Por  esto  á  José  Cecilio  del  Valle,  que  debe  gozar  de 
los  privilegios  que  trae  aparejados  un  innegable  y  sobresa- 
liente mérito,  se  empieza  á  hacer  justicia,  salvando  su  ilus- 
tre nombre  y  sus  obras  valiosísimas  de  un  ingrato  y  crimi- 
nal olvido.  La  justicia  de  la  posteridad  comienza.  Hé 
aquí  porqué  el  Gobierno  de  esta  sección  de  Centro-América, 
de  este  girón  desgarrado  de  la  Gran  Patria,  ha  acordado 
nobilísimamente  se  escriba  la  Biografía  de  José  Cecilio  del 
Valle,  y  se  publiquen  sus  obras,  por  cuenta  de  la  Nación: 
hé  aquí  porqué,  como  encargado  del  Gobierno  de  mi  país, 
aunque  falto  de  aptitudes  y  merecimientos,  pero  sobrado 
de  buenos  deseos,  tengo  la  señalada  honra  de  escribir  la 
Biografía  del  célebre  hijo  de  Honduras,  del  sabio  Estadista 
que  supo  honrar,  en  el  más  alto  grado,  las  instituciones 
y  las  letras  centro-americanas. 


13 


José  Cecilio  del  Valle  nació  el  dia  22  de  Noviembre 
del  afio  de  1780,  en  la  villa  de  Clioluteca,  (1)  situada  á  la 
margen  del  rio  qne  lleva  su  nombre,  y  perteneciente,  du- 
rante la  dominación  española,  á  la  antigua  provincia  de 
Tegucigalpa.  Según  consta  en  la  Relación  oficial  (2)  de  los 
títulos  y  méritos  de  Valle,  hecha  en  Madrid,  á  3  de  Setiem- 
bre de  1815,  por  la  Secretaría  de  la  Cámara  de  Gracia  y 
Justicia  y  del  Estado  de  Castilla,  José  Cecilio  del  Valle  fué 
"hijo  legítimo  de  Don  José  Antonio  Diaz  del  Valle  y  de 
Doña  Gertrudis  Diaz  del  Valle;  noble  hijodalgo,  y  de  las 
más  distinguidas  familias  españolas  de  la  provincia  de  Gua- 
temala, quienes,  por  lo  tanto,  han  obtenido  en  ella  los  n 
principales  empleos  políticos  y  militares." 

Los  primeros  años  de  Valle  trascurrieron  en  esta  provin- 
cia,  como  trascurrían  los  años  de  los  hijos  de  todas  las  fa- 
milias distinguidas  de  aquel  tiempo;  esto  es,  en   medio  de 
un  absoluto   retraimiento,  y  casi  sin  recibir  otras  impn 
nes  que  las  producidas  en  el  seno  del  hogar  doméstico, 
apartamiento  colonial,  ley  de  desamor  que   presidía   i 
sociedades  hispano-americanas,  labrando  su  desunión,  j 
ciendo  imposible  su  armonía  y  bu  prog  Bütír 

en  la  nación,    en  la  provincia,    en  la  ciudad,  en  la  villa, 
la  familia  y  en  el  individuo.      Bajo  los  auepioii 
cial,  tan  huraña  y  lúgubre,  pasó  la  infanci 
lie,    del  hijodalgo  que  había  nacido  COD  un  alma  BX] 
predispuesta  para  amar  la   más  grande   srmOD 
nuestros  tiempos,  la  armonía  de  la  Rep6bli< 

(i)  Gholuteca  es  boj  la  oapttaJ  del  Departamento  *  ra  ooml 

(2)  La  copia  de  esta  ralarión.  antoi Jada  000  l.i  linn.i  aut.oa!  i 
rio  de  S.  M.,  Fernando  de  Barróle*,  está  tu  poder  del    Bator  l<*  esU  Utografta, 

quien  ha  obsequiado  una  Segunda  rupia  á  la   HiMi 

en  donde  puede  naportaata  d.-cuiurnto.  ¡ii  que  ha  de  rererlree  varias 

reces  ao  algunos  capitulo!  •  !<•  sata  abra 


14 


Los  padres  de  Valle,  aunque  poseedores  de  grandes  ri- 
quezas, consistentes  principalmente  en  valiosas  haciendas 
de  ganado;  la  de  "Ola,"  situada  al  Oeste  de  Choluteca,  y 
la  inmediata  á  "Namacigüe,"  situada  al  Norte;  (3)  aunque 
ricos  en  materiales  propiedades,  carecían,  moralmente,  de 
todo  recurso  para  dar  educación,  siquiera  fuese  mediana, 
al  hijo  de  su  predilección,  objeto  de  su  cariñosa  solicitud, 
de  sus  tiernos  afanes,  y  de  sus  lisonjeras  esperanzas.  La 
provincia  de  Tegucigalpa  estaba  falta,  en  aquel  entonces, 
hasta  de  escuelas  primarias  elementales.  Con  suma  dificul- 
tad aprendían  algunos  niños,  hijos  de  padres  pudientes,  á 
leer  y  escribir  en  escuelas  privadas,  costeadas  por  las  fami- 
lias interesadas  en  su  sostenimiento.  Respecto  á  enseñanza 
superior,  tan  sólo  había  en  Comayagua,  capital,  de  la  pro- 
vincia de  su  nombre,  un*  Colegio  tridentino,  fundado  por  el 
Obispo  Vargas  y  Abarca,  destinado  á  la  enseñanza  teológi- 
ca, á  la  que  se  aumentó,  en  1784,  por  iniciativa  del  Obispo 
Antonio  de  Guadalupe,  una  clase  de  Filosofía  escolástica. 
(4)  Tales  eran  los  únicos  medios  de  cultivar,  en  Honduras, 
la  inteligencia  de  la  juventud,  á  fines  del  pasado  siglo. 

Dada  esa  situación,  los  padres  de  Valle,  sin  duda  ce- 
diendo, más  que  todo,  al  noble  deseo  de  educar  á  su  hijo, 
se  trasladaron  con  toda  su  familia,  en  1789,  de  la  provincia 
de  Tegucigalpa,  á  la  ciudad  de  Guatemala,  centro  de  la 
Capitanía  General  que  constituían  las  provincias  de  Centro 
América.  Valle,  pues,  dejó  su  tierra  nativa  á  la  edad  de 
9  años;  pero  no   la  olvidó  nunca,  pues   siempre  consagró  á 


(3)  Datos  tomados  de  la  parte  histórica  del  Cuadro  estadístico  del  Departa- 
mento de  Choluteca,  formado,  bajo  el  Gobierno  del  Señor  Soto,  por  el  Director 
de  Estadística,  Don  Francisco  Cruz. 

(4)  Datos  tomados  del  Archivo  de  la  Catedral  de  Comayagua,  incendiado 
en  1872  por  el  General  José  María  Medina. 


15 


su  provincia  amada,  (5)  como  él  la  llamaba,  los  más  tier- 
nos recuerdos  filiales,  y  los  más  fervientes  votos  por  su 
prosperidad  y  engrandecimiento. 

Establecida  la  familia  de  Valle  en  Guatemala,  una  de 
sus  primeras  acenciones  fué  la  de  proporcionarle  la  prime- 
ra enseflanza,y  para  el  logro  de  este  fin,  fué  colocado  en  la 
escuela  de  "Betleu,"  en  donde  el  niüo,  apenas  salido  de  la 
infancia,  aprendió  con  provecho  las  primeras  letra-. 

Aunque   la  situación  de  Guatemala,  en  lo  tocante  á  la 
vida  moral  y  literaria,  aventajaba  en  mucho  á  la  de  Hon- 
duras, empero,  era  sumo  el  atraso  que   se  notaba  en  orden 
á  la  enseñanza,  al  desarrollo  de  las  ideas,  entorpecido,  « 
paralizado  por  la  influencia  de  las  instituciones  de  la   colo- 
nia, y  de  las  funestas  preocupaciones  que  formaban  su  cor- 
tejo.   Refiriéndose  á  la  situación  social  de  Guatemala,  < 
tente  á  fines  del  pasado  siglo,   decía,   en   18^7,    el   eru«: 
Don  José  Milla  y   Vidaurre  loque  sigue:  "Las  doctrinas 
atrevidas  que  en  el  antiguo  mundo   habían   producido    una 
trasformación  completa  en  las  ciencias   morales  y  políticas, 
apenas  eran  conocidas  en  este  Reino,    que  por  -as  y 

tardías  comunicaciones  con  la  Europa,  permam 
toramente  extraño  al  movimiento  intelectual  del  n 
mundo,  y  á  los  acontecimientos  que  cambiaban  de  fai  d< 
naciones.     De  la  tempestad   deshecha  que  destruíala! 
encías  é  instituciones   seculares,    llegaba    BOiau 
rumor  lejano  á  estas  remotas  y  pacíficas  comarcas,    <|n' 
cian  de  la  conservación  de  la  té   relig 
soberano,  sus  más  espléndidos  blai 
tas  eran  casi  enteramente  ignora'  :¡ 

(5)  Véase  el  Manili.'sl,.dr    Don    .!.-•   «I.-I    \ 
-1825. 


16 


estudiosos  que  se  dedicaban  á  cultivarlas,  excitaban  las  sos- 
pechas del  vulgo,  que  creía  ver  el  resultado  de  artes  diabó- 
licas en  las  operaciones  más  inocentes  y  sencillas  de  la  físi- 
ca experimental.  Relativamente  adelantados  los  conoci- 
mientos en  las  ciencias  eclesiásticas,  en  la  jurisprudencia  y 
en  la  bella  literatura,  eran  desconocidos  los  estudios  de  la 
economía  política  y  de  las  matemáticas;  y  la  filosofía  no 
había  logrado  desembarazarse  de  los  embrollados  sistemas 
de  los  peripatéticos."  (6) 

Tal  era  el  medio  social,  si  así  vale  decirlo,  de  Guatema- 
la, cuando  Valle  hacía  el  aprendizaje  de  las  primeras  letras. 
Pero  los  adelantamientos  de  la  sociedad  se  operan  bajo  la 
ley  indefectible  de  las  oposiciones,  ley  de  penosos  contras- 
tes y  de  acerbas  luchas,  pero  de  resultados  armónicos  que 
realizan,  de  manera  gradual,  el  bien  de  la  humanidad. 
Reacción  hubo,  pues,  á  fines  del  pasado  siglo,  contra  las 
preocupaciones,  contra  las  supersticiones,  contra  el  escolas- 
ticismo triunfantes.  Villaurrutia,  Flores,  Rayón,  Mociño, 
Martínez  y,  subre  todo,  Fr.  José  Antonio  de  Liendoy  Goi- 
coechea,  oriundo  de  Cartago  de  Costa-Rica,  fueron  los  gran- 
des representantes  de  reacción  tan  fecunda  en  beneficios 
públicos.  Goicoechea  de  alma  grande,  de  acerado.carácter, 
de  talento  superior,  y  de  vastos  y  sólidos  conocimientos; 
formado  en  la  escuela  del  escolasticismo,  escéptico  después, 
y  casi  positivista  por  último,  fué  el  más  activo  reformador 
del  plan  de  estudios  en  Guatemala,  estableciendo  los  princi- 
pios fundamentales  y  útiles  de  que  las  ciencias  exactas  de- 
bían subordinarse  á   la  demostración;  las  ciencias  naturales 


(6)  Véase  el  discurso,  en  el  elogio  de  Fr.  Matías  Córdova,  que  leyó  el  socio 
consultor,  Don  José  Milla,  en  el  salón  principal  de  la  Sociedad  Económica  de 
Guatemala,  el  dia  18  de  Enero  de  1867. 


i.: 


á  los  experimentos;  las  ciencias  políticas  y  morales  al  bien 
de  los  pueblos;  y  las  ciencias  filosóficas  al  examen  crítico 
de  la  razón  humana.  Valle,  refiriéndose  á  los  trabajos  de 
aquel  reformador  atrevido,  dice:  "En  el  seno  mismo  de 
ios  escolásticos:  en  la  edad  de  los  errores,  supo  elegir  los  li- 
bros más  sublimes  de  las  ciencias  á  que  fué  dedicado:  apro- 
piarse los  conocimientos  más  grandes,  darles  las  gracias  de 
su  genio,  y  comunicarlos  á  nosotros  y  á  nuestros  mayores. 
Ved  aquí  su  justo  valor.  Fué  lo  que  Fontenelle  dice  de  un 
filósofo:  El  Prometeo  de  la  fábula  que  robó  el  fuego  de  los 
Dioses  para  comunicarlo  á  los  hombres."  (7) 

La  reforma  social,  aun  en  la  esfera  pacífica  de  la* 
y  de  las  letras,  nunca  se  opera  impunemente.     El  reforma- 
dor tiene  que  ser  víctima  de  las  pasiones  y  pn 
nes  de  los  contemporáneos,    á  la  vez  que  victimario  de  un 
sistema  de  errores.     El  anatema  y  la  condenación  en  el  pre- 
sente,  y   la   honra  y  la  gloria  en  el   porvenir:  hé  aquí  la 
suerte  de  todo  verdadero  reformadcr.     Goicoechea  1<»  I 
alto  grado.   Por  las  ideas  que  difundió,  p<>r  loa  DtieYOfl  libros 
que  trajo  de  España,   que   conoció   bajo  el  reinal 
de  Carlos  III,  por  el  nuevo  criterio  (pie  dio  á  la  81  - 
por  las  heridas  mortales  que  infirió  al  estéril 
atrajo  contra  su  persona  la  malevolencia,    lo 
aun  las  persecuciones  del  clero  ignorante  y  .  - 
cíales  que  rendían  pleito-homenaje  a   las   Ulá  y   re- 

trógradas ideas.  Pero  á  despecho  del  encono  j  íe  la  perse- 
cución, Goicoechea  alcanzo  un  éxito  fétí  «mi  triun- 
fó; el  plan  de  estudios  se  trasformc  benéficamente  eu  Gua- 
temala. 


(7)  Véase  el  elogio  que  de  Vi  Jos.-  .\at..ai-. 
murió  el  2  de  Julio  de  lsi-i.  hizo  I»- «a  .1—  1-1  \ 
Económica  de  Guatemala,  el  dia  7  de  Agosto  del 


1$ 


No  es  fuera  de  propósito  que  haya  tratado  de  la  trasfor- 
mación social  que,  en  materia  de  enseñanza,  se  operó  en 
Guatemala,  á  fines  del  pasado  siglo.  Esa  trasformación 
dichosa  fué  la  que  dio  á  Valle  oportunidad  de  cultivar  su 
claro  talento  bajo  los  auspicios  de  la  verdadera  ciencia. 
Valle,  en  aquella  época  esencialmente  revolucionaria,  y  que, 
en  términos  ortodoxos,  podría  llamarse  herética,  apenas  sa- 
lido de  la  escuela  primaria,  fué  el  discípulo  de  Rayón,  de 
Escoto,  y  del  gran  Reformador  Fray  José  Antonio  de  Lien- 
do  y  Goicoechea.  Goicoechea  abrió  las  anchas  y  despejadas 
vías  que  debia  recorrer,  como  hombre  de  ciencia  y  de  le- 
tras, José  del  Valle.  Goicoechea,  aquel  fraile  reformador, 
aquel  fraile  de  las  herejías,  aquel  nuevo  Savonarola,  aquel 
nuevo  Lutero,  en  la  esfera  de  la  reforma  de  las  ciencias,  fué 
el  Bautista  del  sabio  que,  un  poco  más  tarde,  habia  de 
atraerse,  por  su  positivo  saber,  la  admiración  de  todos  los 
centro-americanos  y  el  alto  aprecio  de  algunos  sabios  de 
Europa.  Sin  la  reforma,  sin  las  enseñanzas  del  francis- 
cano Goicoechea  y  sus  adeptos,  no  puede  explicarse,  ante  la 
Filosofía  de  la  Historia,  cómo  en  aquella  oscurísima  época 
colonial,  cómo  en  Guatemala,  uno  de  los  limbos  más  remo- 
tos de  los  pueblos  colonizados  por  España,  pudo*  formarse 
un  hombre  que,  á  principios  de  este  siglo,  divulgó,  en  todos 
los  ramos  de  las  ciencias,  verdades  tan  útiles  como  trascen- 
dentales, que  hoy  mismo  tan  sólo  las  comprenden  y  popula- 
rizan los  más  célebres  y  afamados  escritores  del  antiguo  y 
nuevo  continente.  Es  indudable  que  nada  se  pierde,  así  en 
lo  físico  como  en  lo  moral:  en  la  vida,  y  en  las  producciones 
fecundas  de  José  del  Valle,  palpita  el  alma  creadora  y  lumi- 
nosa de  Liendo  y  Goicoechea. 

Bajo  los  auspicios  de  la  nueva  época  de  trasformación  en 


19e 


la  enseñanza  de  las  ciencias  y  de  las  letra-,  época  q D€ 
de  sí,  en  1794,  el  planteamiento  provechosísimo  de  la  So- 
ciedad Económica  de  Amigos  de  Guatemala;  (8)  bajo  auspi- 
cios tan  felices,  el  joven  Valle  estudió  gramática  latina 
el  Colegio  Tridentino,  y  siguió  después  los  cursos  de  tiloso- 
fía,  de  derecho  civil  y  de  derecho  canónico  en  la  pontificia 
Universidad  encargada  de  proporcionar  la  enseñanza  secun- 
daria y  profesional. 

Autorizada  y  antigua  costumbre  ha  sido  en  Q acetre 
tablecimientos  de  enseñanza,  calcados  sobre  constitue¡« 
y  tradiciones  españolas,  la  de  elegir,    al  fin  de  cada  aflo  es- 
colar,  uno  de  los  alumnos  de  más  talento  é  instrucción  pa- 
ra sosteuer  un  examen  público,  revelador  del  estado  y  p 
gresos  de  la  enseñanza.     Valle  fué  elegido,   en    la   antigua 
Universidad  de  Guatemala,    para  que  sustentase  el  primer 
acto  público  de  Lógica,    Metafísica  y  Física  experimental. 
Lucidísimo  fué  el  acto,  é  inusitada  la  sensación  que  produjo. 
Valle,  con  todo  el  despejo  de  su  clarísimo  talento,  discurrió 
sobre  el  origen,  construcción  y  usos  de  val 
de  física  que  se  expusieron  á  la  vista  de  loa  concurrentes.  (9) 
Harto  justificada  fué  la  novedad:  el   ftOto  pábl 
un  acontecimiento  literario  para  qnience,  de  antigO 
ban  acostumbrados  á  oir  abstrusas  dix  i 
controversias  metafísicas,    tan  insttstail 
atractivo  y  útil  enseñanza. 

Desde  temprano  el  estudio  de  lafl  OÍen< 
fué  para  Valle  una  vocación   irresistible,  SI 

(8)  La  Sociedad  Económica  poreui  trabajoi  progreso*.  Uteutredoa  ea  lae 

ideas  modernas,  se  atrajo  la  mal.v-l.n.  -i»  d.-l  0..1...  ira  o  de  la  Colunia,  quien  le 
disolvió  en  1799.    La  Sociedad  fué  n  e*ree*er©  en  U  ¡vro 

locución  de  útilísimos  traba  jos      \  !;  ::u 

de  pertenecer  el  autor  de  eei  1  1  loque  1*  pera  él  ua  grato  recuerdo. 

(9)  Relación  de  ios  mérltoi  y  tttuloi  de  Joaé  del  Valí*,  ye  citada. 


20 


de  sus  más  perseverantes  esfuerzos,  y  fuente  perenne  de  sus 
más  puros  goces.  Así  es  que  Valle  en  su  juventud  no  se 
limitó,  como  por  deber,  á  hacer  los  estudios  de  las  ciencias 
y  artes  oficialmente  establecidos  en  el  Seminario  y  en  la 
Universidad.  Ávido  de  saber,  recibió,  en  lo  privado,  de  las 
personas  más  instruidas,  lecciones  de  álgebra,  de  geometría, 
de  literatura  y  de  los  idiomas  inglés,  francés  é  italiano,  dis- 
tinguiéndose en  el  aprendizaje  de  tan  variados  é  importan- 
tes ramos,  tanto  por  su  decidida  aplicación,  como  por  sus 
notables  aprovechamientos.  Valle  trataba  de  complemen- 
tar, por  su  propio  esfuerzo,  la  deficiente  instrucción  que  re- 
cibiera en  el  Seminario  y  en  la  Universidad.  Particular- 
mente el  estudio  de  las  lenguas  vivas,  más  preciadas  en  el 
mundo  civilizado,  le  interesaba  en  gran  manera.  El  sabía 
que  el  conocimiento  de  los  idiomas  extranjeros  multiplica, 
por  decirlo  así,  las  facultades,  las  aptitudes  perceptivas  de 
nuestra  alma:  él  sabía  que  cada  idioma  que  se  posee  es  un 
nuevo  sentido,  es  un  nuevo  órgano  de  que  se  sirve  la  inteli- 
gencia para  ensanchar,  de  modo  prodijioso,  sus  ideas.  Por 
esto  no  es  extraño  que  Valle  se  familiarizase  con  las  litera- 
turas latina,  española,  francesa,  inglesa  é  italiana,  y  que  vi- 
viese en  intimidad  espiritual  con  Tácito  y  Virgilio,  con  Ma- 
riana y  Cervantes,  con  Buífon  y  Cuvier,  con  Newton  y 
Benthan,  con  el  Dante  y  Geoverti. 

Viviendo  vida  austerísima,  casi  olvidado  de  su  juventud, 
edad  hermosa  que  de  ordinario  se  deshoja  por  la  mano  febri- 
citante de  inconsideradas  pasiones,  Valle  continuó  honrada 
y  pacientemente  sus  estudios,  hasta  graduarse,  en  Diciem- 
bre de  1794,  de  Bachiller  en  Filosofía  en  la  Universidad  de 
Guatemala.  Con  la  misma  disposición  de  ánimo,  con  la 
misma  rigidez  de  costumbres,  continuó  sus  estudios  mayo- 


21 


res  hasta  obtener,  en  Julio  de  1790,  el   grado  de   Bachiller 

in  utroque  jure,  como  se  decía  en  aquel  tiempo,  esto 
derecho   civil  y  canónico. 

Graduado  de  Bachilleren  derecho,  hizo  lofl  estudios  de 
lo  que,  hasta  en  nuestros  dias,  se  Ka  denominado 
es  decir,  los  estudios  prácticos  de  la  legislación  adj< 
las  leyes  de  procedimientos.     Después  de  baoerlai 
do,  con  provecho,  asistiendo  á  los  tribunal 
sus  prácticas  en  los  diversos  género-  de  enjnieiai 
lie  dio  término  á  sus  estudios  forenses.     Bu  Agosto  d< 
fué  examinado,  aprobado  y  recibid»»  de  Al  la  Au- 

diencia de  la  ciudad  de  Guatemala  é  incorpoi 
(10)     De  esta  suerte  á  los  2¿  anos  y  D 
afanes  y  estudios  sin  cuento,  José  del  Vallo  rí  idos 

sus  votos  y  esfuerzos,  teniendo  una  profesión  b  un 

título  expresivo  de  grandes  é  incontestable! 

A  la  edad  en  que  se  recibió  de  Abogado,  J< 
era  ya  física  y  moralmente,  como  Buel< 
completo.     Voy  á  intentar  describirlo  en  BU  fíl 
á  seguida,  los  rasgos  característico! 
puesto  que  pueden  dar  idea  de  lo  qne  próm 
venir  el  joven  Abogado,  incorporado  en  la  Real  Au 
cuyos  altos  destinos  no  eran  Bi quiera  presentido! 
en  que  dio  feliz  remate  á  BU8  BStudÍ< 

José   del    Valle   era   de  regula] 

era  de  esos  hombres  «pie  no  impresionan  n 
por  lo  grande:  sus  formas  constituían  nn  - 
co:  su  color  era  trígaeflo;  bu  i 
rica:  su  frente  era  ancha,  i 
por  el  pelo  echado  hacia  adelai 

(lü)  Relación,  • 


n 


vísimos,  y  de  un  negro  profundo  en  que  reverberaba  mucho 
de  la  luz  meridional  de  las  ardientes  playas  del  Choluteca:  su 
nariz  era  regular,  y  sus  mejillas,  ligeramente  cóncavas  y  em- 
palidecidas, hacían  resaltar  sus  pómulos,  dándole  un  inte- 
resante aspecto  reflexivo:  su  boca  era  graciosa,  con  sus  la- 
bios un  tanto  contraidos,  contracción  que  se  notaba  más  pol- 
la ausencia  del  bigote:  el  resto  de  su  cuerpo  era  proporciona- 
do y  delgado,  aunque  no  flexible,  pues  había  en  los  movi- 
mientos y  en  la  apostura  de  Valle  algo  de  tiesura,  y  mucho 
de  severidad.  Vestía  con  cierta  sencilla  elegancia.  Usaba 
blanquísima  camisa  de  alto  cuello  que  casi  le  ocultaba  las 
partes  laterales  de  la  barba;  llevaba  enorme  corbata,  de  fi- 
nísima seda  blanca,  muy  anudada,  levita  de  paño  negro, 
abotonada  de  arriba  abajo,  que  ocultaba  en  su  totalidad 
el  chaleco,  y  pantalones  del  mismo  colou,  perfectamente  ta- 
llados. 

En  lo  moral,  Valle  era  hombre  entero,  inflexible  en  la 
línea  de  su  deber,  de  costumbres  regulares,  austeras,  seve- 
rísimas,  y  no  obstante  poseía  una  alma  muy  afectuosa,  muy 
apasionada.  Tenía  la  conciencia  clara  de  su  propio  valer,  y 
era  hasta  orgulloso;  tenía  tal  vez  el  único  orgullo  excusable; 
y  sin  embargo  era  dulce,  afabilísimo  en  el  seno  de  la  amis- 
tad y  de  la  familia,  y  muy  caritativo  para  con  los  desvalidos. 
Tenía  cierta  seriedad  de  carácter,  muy  propia  del  hombre  de 
la  reflexión  profunda  y  de  los  cálculos  matemáticos;  y  apesar 
de  esto,  amaba  apasionadamente  las  artes  bellas,  en  especial, 
la  música  y  la  poesía.  Tenía  una  conversación  animadísima 
y  variada,  y  particularmente  cuando  explicaba  una  materia, 
lo  hacia  hasta  la  saciedad:  parecíale  que  sus  amigos  ó  con- 
tertulios no  le  entendían  lo  bastante,  ó  que  no  se  explicaba 
como  debía,  y  usaba  y  abusaba  de  la  palabra  en  sus  conver- 


83 


saciones,  cuando  en  ellas  creía  ver  algo  instructivo,  algo  de 
enseñanza. 

Tal  era  física  y  moral  mente,  á  la  edad  de  23  afl" 
joven  Abogado,  José  del  Valle.      En  su  persona  había  un 
bello  conjunto  de  eminentes  cualidades    prometedoras  de 
grandes  cosas.     ¿Qué  faltaba  á  aquel  joven  extraordi 
para  que  llegase  á  ser  grande,  y  legase  su  nombre,  Uei 
enseñanzas,  á  la  posteridad?     Le  faltaban  vida  y  mov 
to  en  lo  social;  espacio  y  teatro  en  lo  político;  atmósfer 
pirable  para  los  hombres  de  carácter,  de  talento  \ 
libertad  é  instituciones;  verdadera  Patria!    <v> 
se  quebranta,  qué  el  talento  se  eclipsa,  qué  el  Babel  W  infe- 
cundo, cuando  las  densas  sombras  del  Escorial  monárquico 
oscurecen  los  horizontes  de  la  vida  de  las  sociedades,  ó  cuan- 
do las  tinieblas,  aun  más  espesas  y  odiosas,  de  brutal. 
dianas  dictaduras,  de  caricaturescas  Repúblicas,  llevan  1 1 
caos  á  la  conciencia,  y  oponen,  si  así  puede  d<  D  ?eto 

infame  á  los  progresos  del  genio,  á  los  progresos  de  la  liber- 
tad, de  la  razón  y  la  justicia! 


CAPITULO  SEGUNDO. 


Género  de  vida  de  Valle  después  de  haber  terminado  su  carrera.—  Empleos  j 
distinciones  que  obtuvo.— Su  actitud  con  motivo  de  los  primeros  movimien- 
tos de  insurrección,  ocurridos  en  el  año  de  11,  en  favor  de  la  Independencia. 
—Su  enseñanza  de  Economía  Política  en  la  Sociedad  Económica  de  Guate- 
mala.—Su  matrimonio  celebrado  en  el  año  de  1812. 


Valle,   después  de  terminar  su  carrera  de 
tuvo  cambios  notables  en  su  modo  de  vivir,  en  sus  costum- 
bres.    Dejó  de  concurrir  á  las  aulas,  y  de  hacer,  á  horas  fi- 
jas, determinados  estudios  requeridos  por  la  disciplina  es- 
colar; pero  su  vida  continuó  siendo  una  vida  de  ob- 
de  aprendizaje.    Distribuía  bu  tiempo  cutre  las  atenciones 
que  dedicaba  á  su  familia  y  amigos,  y  las  «pie  m  mprt 
sagraba  al  estudio.     Era  un    trabajador  infatigable  q 
quería  dormirse  sobre  sus  laureles.     Se  acostaba,  001 
regularidad,  á  las  once  de  la  noche,  y  a  las  OÍDOO  de  I 
ñaña  estaba  ya  en  pié,  dispuesto  al  trabajo.     Leía,  un 
ba  profundamente,  y  escribía  mucho;  y,  >\^u 
jo  de  Boileau,  correjía,  limaba,  y  volvía  á  limar  su- 
Tales  eran  sus  ocupaciones  or  linaií 

(Jomo   Valle  llamara   la  atención    | 

chable,  y  por  bus  sólidos  y  tastos  conocimientos, 

en  su  calidad   de  hijodalgo,  aunque  i 
viese  alguna  parte  en  los  privilegios  de  lo 
bido  á  estas   causas,  obtUVü  la   COtlfiaiiSM  Jol  I 


2tí 


I    ral  y  Gobernador  del  antiguo  Reino  de  Guatemala,  quien  le 
dispensó  señaladísimas  consideraciones. 

En  mérito  de  los  precedentes  indicados,  en  el  mes  de 
Mayo  de  1805,  Valle  fué  nombrado,  por  el  Capitán  General, 
Diputado  interino  de  la  Comisión  gubernativa  de  consolida- 
ción, de  nueva  creación;  Defensor  de  obras  pías;  y  Censor  de 
"La  Gaceta  de  la  Ciudad  de  Guatemala,"  en  atención,  di- 
ce la  Relación  de  sus  títulos  y  méritos,  (1)  "á  su  literatura 
y  prudencia."  Pero  no  pararon  aquí  los  nombramientos 
que  recibió  Valle.  En  Febrero  de  1806  fué  nombrado  Ase- 
sor del  Consulado  de  Guatemala:  en  Marzo  de  1807,  Fiscal 
del  Juzgado  de  los  Reales  cuerpos  de  Artillería  é  Ingenieros 
del  Reino,  á  propuesta  de  la  Comandancia  de  los  mismos 
cuerpos;  y  en  Abril  de  1808,  Asesor  de  los  referidos  cuerpos, 
"cuyos  destinos,  asegura  la  Relación  citada,  y  la  Asesoría 
de  los  Juzgados  Ordinarios  de  la  Capital,  desempeñó  con  el 
mayor  tino  y  general  aprobación,  y  los  más  de  ello?,  sin 
sueldo  alguno,  como  igualmente  otras  comisiones  de  la  Real 
Hacienda  que  también  se  le  encargaron."  (2) 

Como  se  vé,  el  joven  Abogado  estaba  lleno  de  empleos  y 
de  honoríficas  distinciones.  Mas  al  escribir  la  Biografía  de 
hombre  tan  notable,  tan  extraordinario,  me  dá  profunda  pe- 
na el  apuntar  que  haya  merecido  y  aceptado  la  confianza  de 
ejercer  el  cargo  de  Censor,  por  más  que  este  se  contrajese  á 
la  prensa  oficial,  única  que,  de  materias  sociales  y  políticas, 
podia  tratar  en  aquellos  aciagos  tiempos  de  opresión  v  de 
absolutismo  autoritario.  Repugna  ver,  cómo  en  fuerza  de 
las  instituciones  de  aquella  época,  la  alta  inteligencia  de  un 

.  gran  pensador,  que  en  el  fondo  reconocía  los  fueros  sagra- 

(1)  Relación,  etc. 

(2)  Relación,  etc. 


dos  del  pensamiento,  tuvo  por  ministerio  ejercer  la  censura 
que,  aun  en  lo  oficial,  tiene  siempre  mucho  de  inquisitorial, 
de  degradante  y  de  odioso. 

Gran  cosa  era,  socialmente,  en  aquellos  tiempos,  un  Con- 
vento, en  aquellos  tiempos  en  que  se  reproducían,  en  Amé- 
rica, las  sombrías  faces  de  la  Edad-Media.  Valiosas  cosas 
eran  también  los  intereses  de  los  Conventos,  poseedores  de 
fincas  rústicas  y  urbanas,  y  de  pingües  rentas.  Los  rej 
sentantes  de  tan  cuantiosos  intereses  eran  muy  favorecidos, 
y  Valle  obtuvo  el  beneficio,  en  1808,  de  ser  nombrado  Aljo- 
fifado del  Convento  de  Santo  Domingo  de  la  ciudad  de  Gua- 
temala y  su  Provincia.   (3) 

¡Contrariedades  notables  las  que  ofrece  la  suert 
guiares  contrastes  los  que  presenta   la  posición   de  cié] 
hombres,  cuando  las  ideas  que  profesan  no  están   en  an 
nía  con  el  organismo  de  la  sociedad  en   que  viven!    Valle, 
como  verdadero  economista,  no  podía  ser  partidario 
manos  muertas,   de  la  propiedad  vinculada,   inmovilizad;», 
poseída  por  individuos  avezados  á  la  inactividad,  á  la  | 
za,  y  sustraída  al  movimiento  del  cambio,  de  la  circular 
activa  y  reproductora.  (4)    Y  sin  embargo,  el  eoon<  i¡ 
Valle,  cediendo  á  las  exigencias  de  su  tiempo  y  de  BU   { 
ción,   fué  el  Abogado,    el  Defensor   dé  Jas  ma\ 
Sólo  en  los  países  libres,  en  que  tienen  ancho  campo  | 
desarrollarse,   de  un  modo  armónico,   tedas  las  aetiw-lades, 
todas  las  aspiraciones  de  los  asociados,  puede  n< 
ta  de  las  repugnantes  inconsecuencias  que  Q* 
á  los  hombres,  como  en  un  teatro  donde  se  ivj>res<  i 


(3)  Relación,  etc. 

(4)  Valle  condenaba  las  leyes  '*qu«  dlflcul 
poniendo  trabas  que  embarazan  su  gln  ■  "     V 


28 


dignas  comedias,  representando  papeles  opuestos  á  sus  con- 
vicciones y  á  los  votos  intimes  de  su  conciencia. 

En  el  mes  de  Abril  del  año  de  1809  fué  propuesto,  en 
terna,  á  pluralidad  de  votos,  'para  el  cargo  de  Diputado  vocal 
de  la  Junta  Central  de  la  Provincia;  y,  en  consecuencia, 
fué  electo,  habiendo  merecido  igualmente  que  se  le  nom- 
brase Secretario  de  la  Junta  Preparatoria,  formada  para  el 
efecto  de  constituir  la  Junta  definitiva.  (5) 

La  situación  creada  en  España  a  causa  de  la  invasión 
injustificable  de  Napoleón  I,  (6)  el  destronamiento  de  la  fa- 
milia reinante,  de  los  Borbones,  que  movió  al  heroico  pue- 
blo español  á  hacer  un  ensayo  de  gobierno  propio,  por  me- 
dio de  sus  Juntas  revolucionarias;  el  ejemplo  de  la  indepen- 
dencia de  los  Estados  Unidos,  ocurrida  en  el  último  cuarto 
del  siglo  XVIII,  y  la  gigantesca  lucha  de  independencia, 
comenzada  en  México  y  en  la  América  del  Sur,  desde  1810; 
todos  estos  grandiosos  acontecimientos,  que  debían  cambiar 
los  destinos  de  Hispano-América,  vinieron  á  ejercer  in- 
fluencia, aunque  al  principio  muy  débil,  en  los  ánimos  de 
los  colonos  pertenecientes  al  antiguo  Reino  de  Guatemala, 
á  quienes  se  adormecía  y  se  halagaba  con  el  título  de  fidelí- 
simos y  muy  leales  vasallos.  (?) 

No  obstante  el  sistema  de  opresión,  de  engaños  y  de  su- 
percherías que  emplearan  las  Autoridades  coloniales  para 
contrarestar  el  espíritu  de  independencia;  no  obstante  sus 
grandes  y  repetidos  esfuerzos  para  ahogar,   en  germen,   to- 

(5)  Relación  etc. 

(6)  La  invasión  de  España  no  ha  podido  justificarla  ni  Mr.  Thiers,  tan  hábil 
Historiador  como  adorador  del  genio  de  Napoleón.  Véase  su  Historia  del  Con- 
sulado y  el  Imperio. 

(7)  Bandos  del  Capitán  General  Don  Antonio  González  Saravia,  de  15  y  27  de 
Mayo  de  1810.  Véase  el  Bosquejo  Histórico  de  las  Revoluciones  de  Centro- 
América,  por  Don  Alejandro  Marure,  Capítulo  I. 


29 


do  principio  de  libertad;  en  el  año  de  1810  empezó  á  abrir- 
se paso,  aunque  lentamente,  la  idea  de  independencia: 
.el  año  de  1811  ocurrieron,  en  el  Salvador  y  Nicaragua,  los 
primeros  movimientos  de  insurrección  contra  el  régimen  di- 
la  colonia,  movimientos  que,  malogrados,  se  repitieron  en 
1812  y  1814,  teniendo  también,  desde  el  punto  de  vista  del 
éxito,  un  fin  desdichadísimo. 

En  el  año  de  1811,   en  que  se  efectuaron   las  priti 
insurrecciones  de  los-  independientes,  Valle  era  empleado 

I      del  Gobierno  colonial,   y  aunque  por  su  carácter  de  ameri- 
cano, por  su  ilustración  y  por  sus  aspiraciones,   debió  BÍm- 
patizar  con  la  causa  de  la  independencia,  no   obstante 
posición  social,  sus  compromisos  de  amistad,  y  sus  del 
de  empleado  leal,  le  impidieron,  sin  duda,    manifestar- 
favor  de  los  independientes,  quienes,  por  otra  parte,  no  po- 
dian  inspirar  confianza  á  los  hombres  reflexivos,  atendido  á 
que  sus  planes  revolucionarios  carecían  de  dirección   y  de 

I        concierto. 
Talvez  por  tales  motivos  Valle  fué  un  simple  espectador 
de  los  acontecimientos  del  año  de  11,   siendo 
con  su  puesto  de  amigo  de  las  Autoridades  de  la 
Esta  actitud  y  algunas  condescei;  leneias  posterior» 
lieron  que  el  Arzobispo  de  Guatemala,    F'ay    Ramón 
saus,  certificara  ante  el  Gobierno  «le  la  Metrópoli,  en  I 
lo  que  sigue:     ''Este  sujeto  ha  brillado  como  modelo  de 
lealtad  española,  de  patriotismo  verdadero,  y  de  adhesión 
heroica  al   legítimo  Gobierno.   í  pesar  dé  lo  que  por  i 
nobles  sentimientos  ha  tenido  que  sufrir  por   loi   tu- 
la envidia  y  malignidad  de  los  propensos  a   la  diaolv 
del   Estado  monárquico.     Si  los  demás  ainerieaie 
tinción  é  instrucción  le  hubieran   imitado,  la   Auinica  bu 


30 


biera  sido  feliz,   y  los  pueblos  no  hubieran    sido  seduci- 
dos." (8) 

Hay  elogios  que  hacen  daño,  mucho  daño.  El  Arzobis- 
po Casaus,  presentando  á  Valle  como  modelo  de  lealtad 
española,  afea  la  figura  de  aquel  gran  centro-  americano. 
Valle  fué  tan  pequeño  por  su  adhesión  heroica  al  legítimo 
Gobierno  de  la  colonia,  como  grande  fué  después  por  su 
firme  adhesión  á  la  independencia  y  á  los  principios  de  la 
República.  Valle,  subordinado  á  la  colonia,  y  el  Arzobispo 
Casaus  afirmando  que  la  América  hubiera  sido  feliz  si  los 
demás  americanos  de  distinción  é  instrucción  le  hubieran 
imitado,  estaban  de  acuerdo  con  su  educación,  con  sus  an- 
tecedentes históricos,  con  sus  intereses  del  momento,  y  se- 
guían las  corrientes  de  las  ideas  de  las  clases  sociales  á  que 
pertenecían;  pero  no  estaban  acordes  con  algo  más  imper- 
sonal, con  algo  más  elevado,  con  algo  más  noble  y  durade- 
ro, con  las  exigencias  de  la  justicia,  con  las  inspiraciones  de 
la  humanidad.  No  es  para  todos  el  heroísmo  de  las  revolu- 
ciones redentoras:  Valle  no  tuvo  ese  heroísmo,  y  lo  siento, 
y  debe  deplorarlo  la  Historia,  pues  es  de  desearse  que  el  sa- 
bio estadista  hubiese  dado,  en  todo  y  por  todo,  un  alto 
ejemplo  de  desprendimiento,  de  abnegación  y  de  elevadas 
miras.  Su  sumisión  á  la  colonia,  según  el  criterio  del  Ar- 
zobispo Casaus,  imitada  por  los  americanos,  habría  hecho 
la  felicidad  de  América.  Este  es  el  absurdo  de  los  absur- 
dos. Y  no  se  crea  que  hago  esta  afirmación  en  menospre- 
cio, y  menos  en  odio  á  España.  España  nos  dio  todo  lo 
que  podía  darnos,  su  noble  sangre,  su  habla  hermosísima, 
su  religión,  sus  caballerosas  costumbres,  su  genio  atrevido, 
espiritual,  y  sus  protectoras  Leyes  de  Indias   que    han  per- 

(8)  Relación,  etc. 


31 


mitido,   para  su  eterna  honra,  que  hayan  vivido  y  vivan  al 
lado  de  sus  bisnietos,  millones  de  los  bisnietos  de  los  indios 
que  han  venido,  de  manera  gradual,  civilizándose  y  forman- 
do un  gran  elemento  social  de  nuestra  América.       Dígase 
lo  que  se  quiera  de  la  conquista  de  España,  cuyos  extravíos 
y  excesos  no  justifico,  (9)  pero  ella,   por  el  espíritu  y  b 
dencias  del  Gobierno  de  la  Madre  Patria,  nc  tuvo  por  prin- 
cipio  el  odio  y  el  exterminio   de  los  aborígenes,  inhumano 
principio  que  se  ha  visto  realizado  en  los  Estados  Unidos 
de  Norte  América,  bajo  los  auspicios  de  un  sistema  frió  co- 
mo el  cálcuo,  exterminador  como  la  muerte.       En  la»  Re- 
públicas hispano-americanas  vivimos  los  descendientes  de 
españoles  al  lado  de  los  descendientes  de  los  caciques,  prin- 
cipales y  proletarios  indianos;  y  vivimos  como  elemento- 
mónicos,  puestos  al  servicio  de  una  misma  causa,  de  la  cau- 
sa de  la  justicia  y  de   la  civilización.       Este  honor   ¡na  . 
corresponde  á  España,  nuestra  Madre  Patria,  de  quién 
nemos   los     vicios,    pero   también   las   preclaras    virtu 
Nuestra  independencia  se  ha  operado  porque   debía 
se,  en  cumplimiento  de  indefectibles  leyes  histórica*.     Fué 
natural  el  resentimiento,  fué  natural  el  odio  en  tíempoi 
acerbas,  de  crueles  luchas;  pero  hoy  ley  de  amor    d<  be  pt»- 

(9)  Los  excesos,  las  crueldades  de  los  españoles,  en  daño  ÜOS,  que 

disminuyeron  la  población  aborígene,  no  fueron  estimulados  ni  MtOll 
el  Gobierno  de  la  Metrópoli.    Las  leyes  del  Ciobienm  de 

cialmente  protectoras:  sus  agentes,  amparados  p  »r  la   1 1  iveaadoa  al 

militarismo,  son,  ante  la  Historia,  los  responsables  drías  mi  , 
das  en  América.     Isabel  la  Católica,  Cari»  »s  11 1 .  y  ot  r.  -sin 

len  más,  para  mí,  que  muchos  de  los  dictatoria  l.s  y  sanguinario*  caudillos  que 
hemos  tenido  con  el  irrisorio  nombre  de  Presidentes  de  ¡ 
lutismo  de  España,  en  América,  era  siquiera  I 
dillaje,  sobre  ser  funesto  y  execrable,  es  Ilógico    .lamas  la  II. 
palabra  de  benevolencia  para  justificarlo.    Entre  Felipe  D  j  m  bárbaro  caudi- 
llo indiano,  estoy  por  Felipe  II;  su  genio  era  sombrío;  terrible,  p.rualmeooa 
teniagenio.    Prefiero  la  garra  del  león  mageetuoao  del    une»,  ala  picadura 
envenenadora  del  miserable  insecto 


32 


sidir  á  nuestras  relaciones  con  la  Madre  Patria.  Sus  do- 
lores son  nuestros  dolores,  sus  errores  son  nuestros  errores, 
sus  alegrías  son  nuestras  alegrías,  sus  glorias  son  nuestras 
glorian,  su  historia  es  nuestra  historia,  y  á  buen  seguro,  en 
lo  porvenir,  sus  destinos  serán  nuestros  destinos.  Por  es- 
to en  la  independencia  de  América  yo  no  he  visto  ni  veo 
más  que  la  realización  de  la  gran  verdad,  expresada  en  una 
de  esas  maravillosas  síntesis  históricas,  que  sólo  es  dado 
formular  á  mi  ilustre  amigo,  el  primer  orador  del  siglo, 
Don  Emilio  Oastelar:  "Los  pueblos  tienen  que  ser  ingra- 
tos con  los  pueblos  para  ser  agradecidos  con  la  Humani- 
dad." 

Por  acuerdo  de  15  de  Febrero  del  año  de  1812  la  Socie- 
dad de  Amigos  de  Guatemala,  restablecida  en  1811,  dispuso 
se  diese,  bajo  el  patrocinio  de  la  Corporación,  la  enseñanza 
de  la  Economía  Política.  La  Junta  Directiva  do  la  Socie- 
dad nombró  á  Valle  Regente  de  la  nueva  cátedra,  y  este, 
en  12  de  Marzo  del  mismo  año,  presentóle  su  plan  de  ense- 
ñanza, precedido  de  una  exposición  sobre  el  origen,  carac- 
teres, desarrollos  y  fines  de  las  ciencias. 

Luminosísima  fué  la  exposición  de  Valle,  y  asequible  y 
práctico  su  plan  de  enseñanza,  que  fué  aprobado,  en  un  to- 
do, por  la  Sociedad  Económica.  Consideró  las  ciencias, 
aplicando  un  criterio  profundamente  analítico,  como  origi- 
nadas de  las  naturales  necesidades  del  hombre:  las  conside- 
ró tan  diversas  como  diversas  son  las  necesidades  humanas: 
dio  á  las  ciencias  caracteres  fundamentales,  universales,  en 
todas  las  zonas;  y  particulares  caracteres,  provenientes  de 
sus  distintos  medios  de  aplicación  en  el  tiempo  y  en  el  es- 
pacio: les  atribuyó  un  carácter  progresivo,  sin  límites  asig- 
nables: les  reconoció  el  sello  de  la  unidad  y  de  la  variedad 


33 


en  la  historia  de  sus  desarrollos:  considerólas  como  elemen- 
tos de  bienestar  y  de  progreso  para  las  sociedades,   y  como 
encaminadas  á  labrar  la  felicidad  de  los  hombres.     La  ele- 
vada y  brillante  síntesis  que  sobre  las  ciencias  nos  ha  deja- 
do Valle,  en  mi  pobre  concepto,  no  habría  podido  formular- 
la ni  presentarla  mejor  ninguno  de  los  sabios  de  su  tiempo. 
Con  respecto  á  la  Economía  política,  tanto  en  la  expo- 
sición á  que  acabo  de  referirme,  como  en  el   gran   discurso 
que  pronunció  ante  la  Sociedad  Económica,  al  inaugurarse 
la  cátedra,  expresó  ideas   exactísimas,  de  vasto  alcam  - 
los  dominios  de  la  teoría   científica,  y  de  incalculable  tras- 
cendencia en  el  terreno  de  la  práctica.     La  ciencia   de   la 
riqueza  era  para  Valle  una  ciencia  de  observación,   relacio- 
nada con  todas  las  actividades  sociales,  y  auxiliada  por  to- 
das las  investigaciones  y  progresos  de  las  demás  cien* 
debía  tener,  por  seguro  criterio,  el  análisis   completo  <] 
causas  que  favoreciesen  ó   contrariasen  el   desarollo  de  loe 
agentes  de  la  producción,  para  afirmar  y  fortificar  Ice 
mulos,   y  desechar  ó  suprimir  los  obstáculos:  juzgaba  qne 
la  ciencia  económica  no  debía  ser,  lo  que  había  rido  en  sus 
principios,  una   ciencia    incompleta  y  de  excluBmemoe,  y» 
en  beneficio  de  la  industria  rural,  ya  en  provecho  de  la    in- 
dustria fabril,  ya  en  pro  del    comercio:  conceptuaba  qtl< 
ciencia  económica  estaba  llamada    a  armonizar    loi    múlti- 
ples y  complicados  intereses  de   la  producción,  de  la  d 
bución  y  del  consumo  de  la  riqueza:  Afirmaba  qu< 
nomía  tenía  su  parte  universal,  y  sus  especialidadei 
pación,  sus  especialidades  de  localidad.     uüada   n 
cía,  tiene  su  Economía  política,  del  miamo  modo  qm 
ne  su  Botánica,  su  Gramática  \  bu  Jorisprudí 

no)  Véase  su  discurso  sobre  la  Economía  Poltttct 


34 


Elevándose  á  consideraciones  de  otro  género,  impug- 
naba, aunque  con  toda  la  mesura  requerida  por  su  posi- 
ción, el  sistema  anti-económico  implantado  por  España 
en  sus  colonias:  condenaba  el  retraimiento  de  los  pue- 
blos, su  falta  de  comunicaciones  y  de  inmigración:  con- 
denaba los  procedimientos  empleados  en  orden  á  la  edu- 
cación; y  condenaba,  en  fin,  las  trabas  y  entorpecimien- 
tos opuestos  por  la  legislación,  en  nombre  de  restriccio- 
nes protectoras,  de  privilegios,  ó  de  los  intereses  fiscales, 
al  firme  arraigo  y  al  fácil  desarrollo  de  la  riqueza  de  los 
particulares  y  de  la  riqueza  pública.  Tales  son,  á  gran- 
des rasgos  expuestas,  las  principales  ideas  que  en  lo  eco- 
nómico enunció  Valle,  en  el  año  de  1812,  ideas  propias 
de  un  verdadero  estadista,  ideas  que  en  aquellos  tiempos, 
en  América,  y  aun  en  Europa,  sólo  podían  ser  concebi- 
das y  divulgadas  por  hombres  que  se  adelantasen  á  su 
época,  que  fuesen  los  precursores  de  la  revolución  eco- 
nómica que  se  ha  operado  en  este  siglo,  dando  en  tierra 
con  mil  errores  funestos,  y  asentando  las  sólidas  bases  so- 
bre que  reposan  los  progresos  industriales  de  los  pueblos 
modernos. 

Cuando  después  de  más  de  medio  siglo  de  enunciadas  ta- 
les ideas,  recibí,  en  Economía,  las  sabias  lecciones  del  Doc- 
tor Don  Mariano  Ospina,  uno  de  los  hombres  más  instruidos 
y  pensadores  de  la  pensadora  Colombia;  cuando  leí  las  obras 
de  Rossi  y  de  Courcelle-Seneuil,  con  que  se  honra  la  Fran- 
cia, las  de  Stuart  Mili,  con  que  se  honra  Inglaterra,  las  de 
Minguetti,  con  que  se  honra  Italia,  las  de  Flores  Estrada  y 
Colmeiro,  con  que  se  honra  Espafia,  y  los  famosos  escritos 
sobre  Política  Económica  del  argentino  Juan  Bautista  Al- 
berdi,  obra   monumental  con  que  se  honra  la  América  lati- 


35 


na;  (11)  cuando  reflexioné   sobre  las  enseñanzas  fecoi 
•     de  publicistas  tan  eminentes,  me  sentí  orgulloso,  com 
tro-americano,  al  reconocer  que  el   centro-americano, 
del  Valle,  á  principios  de  este  siglo,  había  dado  ya  en  Gua- 
temala   las  mismas  enseñanzas,  coincidiendo  con   el  sentir 
de  tan    modernos  publicistas,    cuyo  criterio   forma  hoy  un 
voto  decisivo  en  materias  económicas.    Lástima  grande  que 
las  doctrinas  de  Valle  no  hayan  sido  conocidas,  que   So  ha- 
yan  salvado,  recojidas  en  un    libro,   las   fronteras  de   I 
tro-América.      Lástima  grande  que  nuestra    i  neo  ría   I 
dejado  en   los  archivos,  apolillándose,  los  escritos   lumino- 

Í  sos  de   Valle.      Lástima  grande  que  nuestra  juventud 
haya  sacado  provecho  de  ellos,  para  renovar  la  faz   de.i 
tierra  centro-americana.     Achaque  inveterado  6i  el    nues- 
tro de  ensalzar,  de  endiosar  los  militarismos  triunfantes  so- 
bre ruinas,  y  de  llevar  al  extranjero,  en  alas  de  la  adula» 
tan  sólo  el  ruido  de  los  atentados  del  caudillaje  que  han  he- 
cho de  esta  tierra    privilegiada,    para  los  paites   cultos,   la 
tierra  clásica  de  la  anarquía  ó  del  despotismo.    Achaque  in- 
veterado, y  que  ha  de  costamos  lágrimas   de  i 
achaque  nuestro,  de  otorgarlo  casi  todo  á  la  fuerza,  y  d> 
garlo  casi   todo   á  las  ideas;   y  hé  aquí    que    la  enferm 
moral  de  nuestros  pueblos  es  arraigada  y  cruel;  y   hé  aqnl 
que  necesita  de  remedios  heroicos.  [Pobre  Centro  A 

En  el  año  de  1812  no  sólo  ocupaban  las  ideas  el  alma  de 
Valle;  llenaba  también  un  gratule    amor  BU    OOrasón. 
bíase   prendado  de   la  Señorita    1  >.>ña  Josefl    Valero,   d 
muy  principal,  y  en  el    mismo  año  santificó  loi 
afecto,  uniéndose  en  matrimonio  á  la  mnj< 

(11)  V^se  la  Organización  de  1»  Confederación  uy.-.i  b  •!■«»,  á  tul 

juicio,  es  lamas  digna  de  ser  estudiada  por  I 


36 


de  sus  ensueños  y  esperanzas.  La  vida  del  matrimonio 
cuadraba  mucho  con  el  carácter  de  Valle.  Hombre  incapaz 
de  disipar  su  actividad  en  locos  devaneos,  necesitaba  buscar 
en  la  familia  un  centro  de  gravedad;  así  es  que  su  enlace 
matrimonial  no  fué  tan  sólo  la  obra  de  la  pasión,  fué  tam- 
bién la  obra  del  convencimiento.  Valle,  por  sus  severas  cos- 
tumbres, no  podia  ser  el  hombre  de  los  galanteos,  de  las 
amorosas  conquistas:  tenia  que  ser,  como  lo  fué,  el  honra- 
do, el  intachable  padre  de  familia.  Fué  amantísimo  para 
con  su  señora  esposa,  y  tuvo  en  ella  cinco  hijos,  Don  José 
Bernardo,  y  las  Señoritas  Doña  Dolores,  Doña  Mercedes, 
Doña  Juana  y  Doña  Bautista.  Alentó  para  con  sus  hijos 
un  alma  siempre  llena  de  bondad  y  fie  ternura.  En  la  ac- 
tualidad tan  sólo  le  sobreviven  dos  de  sus  hijas  que  residen 
en  Guatemala  y  habitan  la  antigua  casa  paterna,  guardan- 
do, con  religioso  respeto,  todos  los  recuerdos  y  todas  las 
reliquias  de  su  ilustre  padre.   (12) 

(12)  Por  una  especie  de  tierna  piedad  filial,  muy  digna  de  encomio,  la  fami- 
lia de  Valle  conserva  su  Gabinete  de  estu<ܡb  tal  como  estaba  al  ocurrir  su 
muerte!  El  gabinete  tiene  la  forma  de  un  gr¿  cuadro,  rodeado  de  estantes  de 
dos  metros  de  alto,  llenos  de  obras  escogidas.  Los  puntos  intermedios  de  los 
estantes  están  adornados  con  retratos,  en  medallón,  de  los  autores  predilectos 
del  sabio  Valle.  Allí  figuran  Linneo,  Nicolás  Copérnico,  Galileo  Galilei,  Cris- 
tian Wolff,  Buffon  (Conde  José  Luis),  Isaac  Newton,  Bernardo  Bobier  de  Fonte- 
nelle,  Godofredo  G.  Leibnitz,  Tasso,  Ariosto,  Cervantes,  etc.  etc.  En  el  mismo 
gabinete  se  ven,  por  todas  partes,  colecciones  de  plantas  disecadas,  colecciones 
de  minerales,  familias  de  animales,  instrumentos  matemáticos,  globos,  mapas, 
petrificaciones  curiosísimas,  bustos  mitológicos  é  históricos,  etc.,  etc.  El  gabi- 
nete de  Valle  es  el  de  un  sabio.  Allí  tan  sólo  se  vé  una  silla:  esa  silla  la  ocupa- 
ba el  hombre  estudioso  que  no  gustaba  de  visitas  importunas  ni  de  pláticas  in- 
sustanciales. Muchos,  por  esto,  daban  á  Valle  el  epíteto  de  orgulloso.  El 
ilustrado  y  dulcísimo  poeta,  mi  amigo  J.  J.  Palma,  que  visitó  el  gabinete  de 
Valle,  me  ha  dicho  '  'que  le  pareció  estar  en  el  Templo  de  la  sabiduría  y  ver  va- 
gar la  sombra  venerable  del  Sabio."  Si  Valle  volviera  á  la  vida  experimentaría 
un  gozo  inefable  al  ver  conservado  su  gabinete  de  estudio,  como  se  conserva  re- 
ligiosamente una  reliquia.  Nada  es  más  grato  que  pensar  en  la  perennidad  de 
los  recuerdos.  De  mí  sé  decir  que  me  halaga  la  esperanza  de  que  mi  hijo  con- 
serve siempre,  como  el  mayor  tesoro,  el  libro  que  cierre  por  última  vez,  y  que 
sea  objeto  de  mis  últimos  pensamientos.  Perdónese  á  un  pobre  aficionado  á  las 
letras  este  rasgo  de  inocente  vanidad;  pero  hay  tanta  ternura  cuando  se  piensa 
en  la  muerte  y  en  los  seres  queridos  que  han  de  consagrarnos  algún  recuerdo. . . 


CAPITULO  TERCERO 


Nuevos  cargos  que  obtuvo  Valle  desde  1813.— Sus  principales  escritos  hasta  1815. 

t— Valle  es  recomendado  por  el  Gobierno  de  la  Metrópoli  para  que  se  le  ten- 
ga presente  en  las  vacantes  que  ocurran  en  las  Audiencias  de  la  Península. 
—Situación  del  Reino  de  Guatemala  después  de  los  movimientos  de  insu- 
rrección de  los  años  11,  12  y  14.— Indulto  de  los  independientes,  para  cuyo 
acuerdo  Valle  dictaminó  como  Fiscal.— El  Gobierno  de  Guatemala  pasa  de 
Bustamante  á  Urrutia.— Restablecimiento  de  la  Constitución  española  en 
1820,  lo  que  generaliza  la  opinión  por  la  independencia.— Valle  funda 
Amigo  de  la  Patria,"  combate  á  Molina,  y  las  ideas  de  libertad  progresan. — 
Valle  gefe  de  los  Oazistas. — Urrutia  delega  el  poder  en  Gainza,  y  este  se  Te 
compelido  á  proclamar  la  independencia,  el  15  de  Setiembre  de  1821.— Opi- 
nión de  Valle  respecto  á  la  emancipación  nacional.— Valle  redacta  el  Acta 
de  Independencia. 


Las  dotes  personales  de  Valle  y  su  reputación,  de 
dia  mejor  sentada,  le  hicieron  obtener  ouevoí  J  dis- 

tinciones.   En  Mayo  de  1813  la  Regencia  le  comidió  los  ho- 
nores de  Auditor  de  Guerra  del   ejército  y    Pro?ÍD< 
Guatemala,  recomendándolo,   por  dos  veces,   i]  Consejo  <\<- 
Estado  á  fin  de  que  lo  tuviese  presente  para  loe  empl< 
su  carrera  en  las  provincias  de   ultramar:   y   en  a 
mismo  año  fué  nombrado  por  el  Capitán  General  de  Guate- 
mala Asesor  de  la  renta  de  tabaco.      La  Relfl 
tulos  y  méritos,  con  referencia  á  sus  servicios, 
en  la  Real  Audiencia,  así  en  clase  de  Abogad 
de  Relator  nombrado  para  las  oaueae  promovida!  0OB 
vo  del  último  indulto  concedido  ahí.  dio  prttí  M  ins- 

trucción,  actividad  y  celo  por  el  mejor   * 


38 


ver  sus  conocimientos  nada  vulgares,  en  filosofía,  oratoria, 
lenguas,  historia,  matemáticas  y  jurisprudencia,  y  su  tino, 
solidez  y  buena  conducta  moral  y  política,  como  lo  certifi- 
can el  Capitán  General,  el  Regente,  el  Oidor  Decano  y  un 
Alcalde  del  crimen  de  la  Real  citada  Audiencia,  asegurando 
el  primero  que  este  interesado  es  muy  digno  de  una  toga  en 
aquel  tribunal,  hallándose  con  la  ventaja  de  no  tener  rela- 
ciones en  el  pueblo,  por  estar  distante  del  de  su  natura- 
leza." (1) 

A  la  vez  que  Valle  desempeñaba,  con  celo  ó  inteligencia, 
los  cargos  que  le  fueían  encomendados,  continuaba  ocupado 
en  estudiar  y  en  publicar  escritos,  algunos  de  ellos  muy  no- 
tables por  los  útiles  conocimientos  que  difundían.  Sus  prin- 
cipales escritos  hasta  1815  fueron:  una  Memoria  ó  Instruc- 
ción sobre  la  langosta  y  modo  de  exterminarla,  y  de  preca- 
ver la  escasez  de  comestibles,  que  se  imprimió  de  orden  del 
Gobierno:  una  Exposición  de  lo  practicado  por  el  Comercio 
en  demostración  de  su  lealtad,  can  motivo  de  las  circuns- 
tancias creadas  por  los  independientes;  en  este  escrito  in- 
dicó las  providencias  que  convendría  dictar  para  que  pros- 
perase el  comercio  del  Reino;  de  esta  Exposición  se  hizo 
mención  honrosa  en  "La  Gaceta  de  México:"  varios  artícu- 
los anónimos  publicados  en  los  primeros  tomos  de  "La  Ga- 
ceta de  Guatemala:"  una  Memoria  sobre  el  método  que  de- 
be seguirse  en  el  estudio  de  Jurisprudencia,  complementán- 
dolo con  los  conocimientos  de  la  Historia  civil  y  particular 
del  Derecho  patrio:  un  Prospecto  ó  plan  de  enseñanza  para 
la  clase  de  Economía  política,  en  que  ofreció  escribir  unas 
Instituciones  de  esta  ciencia:  (2)  una  Memoria  sobre  el  plan 

(1)  Relación  etc. 

(2)  Hasta  ahora  no  he  podido  averiguar  si  Valle  dejo  escritas  las  Institucio- 
nes de  que  se  ha  hecho  mérito. 


39 


de  estudios  que  convendría  adoptar  en  la  Universidad  de 
Guatemala:  una  Instrucción  sobre  los  derechos  y  farul: 
de  los  Jueces  arbitros,  los  de  las  partes  compromitentes, 
y  el  método  con  que  deben  proceder  aquellos;  y  numerosas 
alegaciones  en  derecho  sobre  asuntos  graves  que  defendió 
en  la  Real  Audiencia.  (3) 

Habiendo  recurrido  Valle  al  Gobierno  de  S.  M.,  por  me- 
dio de  un  memorial,  informado  favorablemente  po 
pitan  General  de  Guatemala,  solicitando  plaza  togada  en 
una  de  las  Audiencias  de  la.Península,  se  dirigió  su  in*1 
cia  de  real  orden,  en  15  de  Junio  de  1815,  por  el  Ministerio 
de  Indias,  con  recomendación  para  que,  con  presencia  de 
los  méritos  del  interesado,  se  le  tuviese  presente  en  las  va- 
cantes que  ocurriesen.  La  Cámara  acordó  de  conformi<l;il, 
en  17  de  Junio  dei  mismo  año,  y  en  cumplimiento  de  la 
real  resolución.  (4)  Valle,  con  tal  acuerdo,  alcanzó  una  de 
las  más  grandes  ventajas  y  uno  de  los  honores  más  insignes 
á  que  en  aquellos  tiempos«podían  aspirar  los  hijos  de  espa- 
ñoles nacidos  en  América. 

A  consecuencia  de  los   progresos  de  la  revolución  d*  in- 
dependencia que   habia  estallado  en  México   v  ir  de 
América,  y  de  los  movimientos  de  insarreooiófl   ooon 
en  el  Salvador  y  Nicaragua  en  1811,  repetidos  en 
la  conjuración  de  Betlen  habida  en  Guatemala  vn    L8I8,   y 
de  los  trabajos  de  insurrección  vueltos  á  orunir  en  * 
vador,  en  1814;  á  causa  de  estas  manifestaciones  ivvoh. 
narias  de  los  pueblos,  y  de  las  duras  y  aun   barbaria  repre- 
siones que  empleara  para  sofocarlas   en  el  KYiim   -Ir  (iuate- 
mala  el  Capitán  General  Don  José  do  Buatamai  ierra 

(3)  Relación,  etc. 

(4)  Relación,  etc. 


40 


que  sucedió  á  Don  Antonio  González  Saravia,  en  14  de  Ma- 
yo de  1811;  (5)  á  causa  ae  todo  esto,  aun  bajo  el  terror  que 
sabía  inspirar  Bustamante,  la  idea  de  independencia  gana- 
ba terreno  en  Guatemala.  No  podía  hacerse  valer  porque 
habían  fracasado  los  independientes,  ocultos  unos,  prisio- 
neros otros,  y  teniendo  en  perspectiva  el  confinamiento,  el 
garrote  vil  ó  la  horca;  pero  los  mismos  excesos  del  despotis- 
mo hacían  avivar  más  en  los  ánimos  el  justo  y  vehemente 
anhelo  de  hacer  independientes  las  provincias  del  Reino  de 
Guatemala;  y  tal  sentimiento,  y, tal  propósito  se  generaliza- 
ban de  dia  en  dia,  más  y  más.  La  fuerza  de  vapor  de  las 
ideas  estaba  muy  comprimida  por  el  terror;  pero  esa  fuer- 
za que  hace  las  grandes  revoluciones  beneficiosas  á  la  hu- 
manidad, en  razón  directa  de  la  presión  del  despotismo, 
era  cada  vez  más  enérgica  y  potente.  Uebía  producir  una 
explosión,  un  estallido,  en  no  lejano  dia,  y  romper  la  pesa- 
da y  vieja  maquinaria  del  sistema  colonial,  y  hacer  cesar 
las  industrias  criminales  de  tres  sfglos;  industrias  que  de- 
gradando, que  desnaturalizando  al  hombre,  lo  desposeían 
de  sus  más  preciosas  dotes, — de  su  razón  y  de  su  libertad. 
Cuando  tal  situación,  preñada  de  dificultades  y  de  in- 
justicias, existía  en  Guatemala,  Valle  continuaba  siendo  el 
empleado  sumiso,  y  hasta  obsequioso,  del  régimen  de  la 
Colonia;  él,  que  no  tenía  necesidad  de  empleos,  porque  era 
rico,  porque  muchos  de  ellos  los  servía  gratuitamente;  él, 
que  no  podía  amar  el  despotismo,  porque  era  hombre  de  ta- 
lento, de  honrados  sentimientos  y  de  elevadas  miras!  Y 
sin  embargo,  Valle  escribió  una  m;mifestación  del  comer- 
cio de  Guatemala  en  favor  del  régimen  colonial:  Valle  ser- 
vía á  los  intereses  egoístas  del  comercio,  que  ha  sido  y  será 

(5)  Véase  el  capítulo  I  del  Bosquejo  histórico  de  Marure. 


41 


siempre  el  cálculo,  nunca  el  sentimiento  generoso,  el   cora- 
zón abnegado:  Valle,  conociendo  que   el  Capitán   General 
Bustameute,   españolista  cruel,   habia  burlado  la  honrosa 
capitulación  de  los  insurgentes   granadinos,   para   tía: 
como  rebeldes,   con  duro  é  infame  tratamiento,  continuaba 

I        siendo  el  Asesor  y  el  Fiscal  de  las  Autoridades  colon  i 
Valle,  que  conocía  los  intereses   reaccionarios,    la- 
cias retrógradas,  los  engaños  y   las  supercherías  del   clero, 
se  mostraba  complaciente  para  con  el  oscurantismo,  y  se 
hacía  acreedor  á  que  lo    recomendase  el  Arzobispo  C'asaus 
como  modelo  de  lealtad  española. 

Explicable  es   la  conducta  de   Valle   en   aquella   I] 
pero  de  ninguna  manera  honrosa  para  sus  sentimientos  de 
americanismo,    de  que  dio   más  tarde   relevantes   pru 
Valle  había  obtenido  confianza,   consideraciones  y  h<M* 
de  los  peninsulares:  se  habia  educado  bajo  los  auspieios  del 
antiguo  régimen,  y  era  empleado  de  la  colonia.   Pudo  01 
que  sus  sentimientos  de  lealtad  lo  comprometían,  de  m 
ra  indeclinable,  á  ser  consecuente  con  sus  ante.  .  OOfl 

sus  relaciones  y  con  su   posición:   así   debió   creerlo  cuan- 
do tuvo  la   conducta  que   observó   contrariando  la  causa 
de  los  independientes,   quienes,    por   otra    pinte 
en  sus  planes,  corno  antes  he  dicho,  de  dirección  J 
cierto. 

Mas,    tales   deberes,    tales  considerar 
cer  desconocer   á  V/allc   la  justicia  de  1«»    indepen 
¿Podían    hacerle  desconocer  los    horribles  atentados  4t  lee 
Autoridades  de  la  Colonia?  Valle,  si  00  quería,  W  I1C  podía 
ó  no  debía  ser  revolucionario,  por  lo   menoe,   pud< 
guardar   silencio,    pudo  y  debió  dejar  d 
un  Gobierno  que  hostilizaba,  que  p«i 


42 


ba  á  sus  hermanos,  los  centro-americanos,  defensores  de 
una  noble  y  santa  causa.  Valle,  en  aquella  época,  debió, 
por  lo  menos,  con  su  retraimiento  absoluto,  hacer  una  pro- 
testa en  contra  de  las  brutalidades  de  Bustamante,  y  en  pro 
de  los  desgraciados,  de  los  oprimidos,  de  las  nobilísimas 
y  primeras  víctimas  de  la  gran  causa  de  la  independencia 
de  Centro-América.  Pero  en  Valle,  á  pesar  de  su  talento,  á 
pesar  de  sus  luces,  á  pesar  de  su  rectitud  de  conciencia,  pu- 
do más  la  tradición  qae  la  nueva  ¡dea  redentora;  pudo  más 
su  posición  que  el  sentimiento  de  la  generosidad;  pudo  más 
su  interés  del  momento  que  los  grandes  intereses  del  por- 
venir de  la  Patria.  En  tales  aberraciones,  aunque  excusa- 
bles, no  caen  impunemente  los  hombres  que  llegan  á  grande 
altura:  la  Historia  las  recuerda  y  las  imprueba.  José  del  Va- 
lle, durante  la  época  precursora  de  la  independencia,  apa- 
recerá siempre  como  el  hombre  del  cálculo,  como  el  hombre 
de  la  fria  reflexión,  como  el  hombre  del  presente;  pero  de 
ninguna  manera  como  el  hombre  de  los  nobles  arranques, 
como  el  hombre  de  la  espontánea  y  abnegada  generosidad, 
como  el  hombre  inspirado  que  mira  al  porvenir. 

En  vista  de  los  antecedentes  indicados,  no  es  extraño 
que  Valle  haya  sido  el  Fiscal  de  los  reos  de  Estado,  de  los 
independientes,  cuando  se  acordó  su  indulto.  En  efecto; 
el  Rey  Fernando  VII,  en  celebración  de  la  paz  y  tranquili- 
dad de  sus  dominios,  y  de  su  matrimonio,  por  el  que  dio  á 
los  españoles  una  tierna  madre  en  su  muy  amada  y  querida 
esposa,  la  reina,  en  real  cédula,  ¡expedida  en  25  de  Enero 
de  1817,  (C>y  dio  un  indulto  general  á  los  infelices  que  ge- 
mían en  España,  Indias  y  Filipinas  bajo  el  peso  de  sus  crí- 

(6)  Maniré  dice,  ¡i  mi  juicio,  equivocadamente.  "Real  orden  de  25  de  Junio 
de  1817." 


43 


menas.     El  Presidente  de  la  Real  Audiencia  de  G 
la,  Gobernador  y  Capitán  General  del  Reino,  Don  José  de 
Bustamante  y  Guerra,  como  era  de  uso,  tomó  en  sus  manos 
la  real  cédula,  la  besó  y  puso  sobre  su  cabeza  estando  en 
y  destocado;  (?)  y  hecho  esto,  para  la  ejecución  de  la  real 
cédula,   pasó  el  asunto  al  Fiscal.     Valle,    que  era  el  Fi 
interino,  pidió  en  4  de  Julio  del  mismo  aflo,  que  M  cum- 
pliese la  real  cédula,  para  él  rasqo  de  piedn  I  en  el   di 
turoso  del  augusto   matrimonio  del  monarca:  que  se  viesen 
con  preferencia  las  causas  de  los  reos  independientes,   que 
causaban  muchos  gastos  á  la  real  hacienda,  los  que    debían 
salir  de  América,  según  la  real  cédula,  como  p  lores 

y  trastornad  ores.   (8) 

Valle,  dada  sn  posición  voluntariamente  aceptada,    vo- 
luntariamente sostenida,  no  podía  menos  de  tener  el  civ 
de  la  monarquía  absoluta.      Los  independientes  g* 
jo  el  peso  de  sus  crímenes,  y  el  indulto  no  era  otra  cosa  que 
un  rasgo    de  la  real   piedad.      Impresiona    dolor 
ver  á  Valle  como  fiscal  de  sus  oprimidos  y  tiranizados  i 
patriotas;  ver  á  Valle  doblar  la   cerviz  ante  tafl    circunstan- 
cias; verlo  de  satélite  del  despotismo;  verlo  rec 
un  crimen   lo  que  no  era  más  que  un  arranque  noble  y  ge- 
neroso del  patriotismo;  lo  que  no  era  máf  que  un  Baoríi 
hecho  en  aras  de  la  libertad  de  Centro- Amén 

En  el  ano  de  1818  empezó  á  ser   roen< 
te   délos    independientes    centro-americano*      1 
el  implacable    Bustamante,    dejó  en  rae  aflo  el    poder, 


(7)  Esta  ceremonia  humillante  era  la  qu< 

al  recibir  moa  real  orden,  del  rey  su  Señor,    i.i  '  ¡aba  fé  de  habene 

efectuado  ese  acto  de  servil  obediencia, 

(8)  Véase  el  Tomo  16  de  loa  Documento!  que  •■\i-t..n«nel  Archivo  nacional 

de  Honduras,  correspondientes  al  afio  de  1 


44 


sustituyó  Don  Carlos  Urrutia,  hombre  de  carácter  débi- 
lísimo, y,  por  ende,  muy  apto  para  dar  algún  respiro  á 
los  independientes  que  harto  lo  necesitaban  después  de  lar- 
gos y  aciagos  años  en  que  el  terror  había  llegado  á  entroni- 
zarse. 

Bajo  el  Gobierno  de  Urrutia  las  ideas  de  independencia 
cobraron  nuevos  bríos,  y  ganaron  más  terreno;  pero  su  em- 
puje fué  más  vigoroso,  y  su  expansión  fué  completa,  en  el 
año  de  1820,  en  que  se  restableció  la  famosa  Constitución 
española  del  año  12.  Hermosos  rayos  de  libertad,  que 
partieron  del  foco  revolucionario  de  la  Metrópoli,  penetra- 
ron al  fin  en  los  entenebrecidos  horizontes  del  antiguo  Rei- 
no de  Guatemala.  Se  declaró  la  imprenta  libre,  y  el  pen- 
samiento, lleno  de  calor  y  de  vida,  brotó  avasallador  y  lu- 
minosísimo del  seno  de  la  conciencia  de  los  oprimidos. 
El  Doctor  Don  Pedro  Molina,  sujeto  de  cultivada  inteli- 
gencia y  de  grandes  virtudes  cívicas,  fundó  "El  Editor 
Constitucional,"  y  habló  el  lenguaje  convincente  y  ardoro- 
so del  patriotismo.  Valle,  á  su  vez,  fundó  "El  Amigo  de 
la  Patria,"  periódico  notabilísimo  en  que  evidenció  las  ven- 
tajas de  la  civilización,  en  que  trató,  de  un  modo  superior, 
de  importantes  materias  científicas,  y  en  que  combatió  las 
ideas  políticas  de  Molina,  quien  no  quería  consideraciones 
ni  contemplaciones,  tratándose  de  los  derechos  del  hombre, 
tratándose  de  la  independencia.  (9)  Molina  representaba 
la  idea  radical,  Valle  representaba  la  idea  moderada:  Moli- 
na era  el  órgano  de  la  revolución.  Valle  era  el  órgano  de 
una  evolución.  El  antagonismo  de  tales  hombres,  el  cho- 
que de  tales  ideas  hizo  más  luz,  esclareció  más  conciencias, 
acabó  de  vigorizar  los  ánimos,  y  la  idea  de  independencia 

(9)  Véase  el  capítulo  I  del  Bosquejo  histórico  de  Maniré. 


4:5 


convirtióse  en  un  verdadero  sentimiento  nacional,  poderosí- 
simo, imponente,  irresistible.  Nada  como  las  luchas  del 
pensamiento,  nada  como  las  luchas  de  la  prensa  para  des- 
prestigiar y  soterrar  las  malas  causas,  y  para  hacer  triun- 
far, sobre  sus  ruinas, las  causas  que  entrañan  un  nuevo  prin- 
cipio, un  principio  de  vida,  de  rehabilitación  ó  de  perfec- 
cionamiento para  las  sociedades. 

Las  opuestas  ideas  de  Molina  y  de  Valle  tuvieron,  como 
era  natural,  y  como  sucede  siempre,  sus  órganos  encarga- 
dos de  llevarlas  á  práctica.     Se  crearon  dos  partidos,  dos 
organismos  políticos:  el  de  los  Gazistas,  y  el  de  I03  Cacos, 
El  partido  Gazista  estaba  compuesto  de  los  españoles  euro- 
peos y  de  la  clase  de  artesanos:  el  partido  Caco  estaba  for- 
mado de  las  familias  llamadas  nobles,  y  de  los  independien- 
tés,  en  su  mayor  parte:  los  Gazistas  contaban  con  la  pro- 
tección de  las  autoridades  coloniales,  y  halagaban  con  medi- 
das de  proteccionismo  á  los  artesanos:  los  Caos  contaban 
con  el  entusiasmo  de   los   independientes,  y  con  el  apoyo 
del  pueblo  desheredado.     Los  Gazistas  pretendía! 
las  elecciones  de  Diputados  á  Cortes  y  de  individuo!   i 
Ayuntamientos,  para  hacer  valer  sus  ideas  de   moderación, 
de  treguas  y  de  contemplaciones:    los  Cacos  aspiraban  al 
mismo  fin,  para  hacer  valer  su  idea  radical  de  absoluta   in- 
dependencia: Valle  era  el  gefe  autorizadísimo  de  loi 
zistas,  Molina  y  Barrundia  eran  los  gefes  populara!   de  lo« 
Cacos:  los  Gazistas  triunfaron  en   las  elecciones,   Hiera 
la  intervención  del  poder,  y  á  la  influencia  del  OTO  m11<'  ! 
ron  rodar,  comprando  votos:  los  CacOB  lUÍrieron  UBI   ierro- 
ta  electoral,  pues  no  contaban  más  «juc  mn  l:i> 

el  entusiasmo  popular,  elemento!  bien  pobrea  ovando  aun 
no  tiene  profundo  arraigo  la  virtud  republicana  qfce  sabe 


46 


sobreponerse  á  los  halagos  ó  amenazas  del  poder,  y  á  las  se- 
ducciones del  interés. 

Mas  efímero  fué  el  costoso  triunfo  del  partido  Gazista. 
Los  Cacos  se  atrajeron  á  mucha  parte  de  las  familias  no- 
bles, y  se  organizó  un  partido  medio  más  disciplinado,  más 
enérgico,  más  influyente.  Por  inspiración  de  este  partido, 
la  Diputación  Provincial  de  Guatemala,  reinstalada  en  13 
de  Julio  de  1820,  estrechó  al  Capitán  General  Urrutia  para 
que  delegase  el  mando  en  Don  Gavino  Gainza,  Sub-Inspec- 
tor  General  del  Ejército.  El  torrente  de  la  opinión  era  in- 
contrastable, y  Gainza  empezó  á  ejercer  el  poder  en  9  de 
Marzo  de  1821.  El  régimen  de  la  colonia  estaba  en  plena 
decadencia,  flaco,  envejecido,  tocado  de  mortal  enferme- 
dad. A  las  épocas  de  decadencia  corresponden,  por  lo  co- 
mún, los  hombres  que  declinan.  Gainza  estuvo  en  su  pues- 
to al  representar,  en  Guatemala,  al  poder  colonial  en  sus 
postrimerías:  Gainza  era  débil  de  carácter,  voluble  en  sus 
resoluciones,  de  edad  muy  avanzada,  y  de  salud  quebranta 
dísima  por  frecuentes  achaques:  Gainza  era  el  hombre  que- 
bradizo, el  organismo  gastado  de  que  necesitaban  los  inde- 
pendientes: Gainza  debía  asistir,  con  profundo  duelo  en 
el  alma,  á  lüs  funerales  de  la  colonia  en  la  América 
Central. 

La  volcánica  sacudida  de  los  sucesos  de  México  aceleró, 
por  decirlo  así,  el  hundimiento  de  la  colonia  en  Centro- 
América.  El  tornadizo  Gainza  veíase  desorientado,  en  me- 
dio de  unasituación  dificilísima,  llena  de  dudas,  incerti- 
dumbres  y  peligros,  y  fluctuaba  entre  opuestos  propósitos, 
entre  contrarias  é  inconciliables  pretensiones,  ora  inclinán- 
dose á  restaurar  el  despotismo  colonial,  ora  siendo  propicio 
á  la  causa  de  los  independientes.    Pero  lié  aquí  que  resuena 


47 


en  Guatemala  el  grito  de  Iturbide  proclamando  el  Plan  de 
Iguala,  en  combinación  con  Guerrero:  hé  aquí  que  este  su- 
ceso gravísimo  se  agravó  con  el  pronunciamiento  de  01 
pas  en  favor  del  Plan  de  Iguala.  (10)  México  era  libre,  y  la 
.libertad  tocaba,  con  golpes  redoblados,  á  las  puertas  del  an- 
tiguo Reino  de  Guatemala:  era  ya  imprescindible  la  ne 
dad  de  que  oyera  llamamiento  tan  enérgico,  y   declarase  su 
independencia.       Los   independientes  guatemaltecos 
comprendieron:  apremiaron  á  Gainza  con  sus   instancias  y 
representaciones,  halagando,  á  la  vez,  su  vanidad  é  ¡ni 
ses,  haciéndole  comprender  que  él  sería  el  Gefe  de  la  n 
nación.     Gainza,  cediendo  á  la  necesidad  y  á  la  convenien- 
cia, á  los  grandes  y  diversos  estímulos  que  lo  impulsaban, 
para  salvar  su  responsabilidad,  sin  contrariar. las  corri. 
de  la  opinión,  y  sujetándose  al  voto  de  la  Diputación   pro- 
vincial,   convocó   una  Junta   General   de  los  emplead 
corporaciones  de  Guatemala  para  que  dictase  las 
convenientes  sobre  el  capitalísimo  asunto    de    la  indi  , 
dencia. 

La  Junta  se  reunió  el  dia  15  de  Setiembre  di-  1>;M. 
Palacio  de  Gobierno.  Valle  tomó  la  palabra,  ven  un  discur- 
so elocuentísimo,  demostró  la  necesidad  y  la  justicia  de  la 
independencia,  pero   manifestando  que,   para  proclama 
debia  oirse  el  voto  de  las  Provincias.   Las  tamil  mde 

Valle  fueron  acogidas  con  aplauso;  mas  su  parecer,  en  • 

(10)  Chiapas  pertenecía  al  antiguo  lieino  de  (¡uatemala     i 
tro-americana.    Los  errores  del  partido  conservador  de  Guatemala  m»  hicieron 
perder  aquella  rica  provincia,  hoy  Estado  de  México     Has  tarda, 
derecho,  por  un  acto  de  militarismo  del  General  BantaAna,  penHmoi  • 

torio  de  Soconuzco,  proverbial  por  sus  producción 
territorio  mexicano.   Nuestra  debilidad,  que  es  la  ohra  .1 

fraccionamiento  de  nuestros  pueblos,  nos  ha  hecho  perder  lerritorloa  raUoefat- 
mosá  que  teníamos  incontestables  derechos:  pero  ;aj  to  qpM  jamás  debería- 
mos perder  es  la  honra  de  Centro-América  ' 


48 


al  aplazamiento,  no  fué  adoptado.  (11)  La  mayoría  de  la 
Junta,  estimulada  por  las  entusiastas  é  impetuosas  manifes- 
taciones del  pueblo,  reunido  en  masa,  acordó  se  proclamase 
en  el  acto  la  Independencia  de  Centro- América.  La  Diputa- 
ción provincial  y  el  Ayuntamiento  de  Guatemala,  órganos 
legítimos  de  la  voluntad  del  pueblo,  acordaron  los  puntos 
del  Acta  que  debía  celebrarse,  y  Valle  redactó  aquel  memo- 
rable documento,  el  más  antiguo  y  honroso  título  en  que 
consta  la  primera  y  más  gloriosa  reivindicación  de  los  de- 
rechos de  los  centro-americanos.  (12)  Valle  también  redac- 
tó el  Manifiesto  que  publicó  el  Capitán  General  Gainza  so- 
bre el  gran  suceso  de  la  independencia.  Valle,  por  fin,  no 
obstante  sus  antiguas  conexiones  coloniales,  no  obstante  sus 
recientes  vacilaciones,  no  obstante  sus  dilatorias  adversas  á 
la  libertad,  entró,  de  lleno,  en  las  anchas  vías  de  la  revo- 
lución, y  dio  la  espalda  al  pasado.  Desde  que  la  indepen- 
dencia se  proclamó,  Valle  rindió  el  culto  más  puro  al  nue- 
vo régimen:  tan  sólo  pensaba  y  trabajaba  con  el  nobilísimo 
fin  de  organizar  la  naciente  República,  á  la  que  prodigaba 
los  tesoros  de  su  genio.     Puede,  pues,  con  sobrada  justicia, 

(11)  Valle,  en  su  Manifiesto  del  año  de  25,  asegura  en  absoluto  que  la  Junta 
General  adoptó  su  voto  sobre  independencia:  pero  no  hace  relación  al  aplaza- 
miento que  era  necesario,  oyendo  el  parecer  de  las  Provincias.  Por  este  apla- 
zamiento no  estuvo  de  acuerdo  la  mayoría  de  la  Junta,  según  lo  dicen  Marure 
y  otros  escritores,  con  quienes  estoy  de  acuerdo. 

(12)  Este  recuerdo  histórico  inspiró  al  dulcísimo  Poeta  J.  J.  Palma,  en  una 
de  sus  más  bellas  composiciones  dedicadas  á  Honduras,  esta  preciosa  décima: 

En  vaga  reminiscencia 
Me  parece  aquí  estar  viendo 
Al  sabio  Valle  leyendo 
El  acta  de  independencia: 
Contemplo  la  resistencia 
Del  llanero  paladín ; 
Miro  en  Maipo  á  San  Martín. 
Y  me  parece  que  escucho 
Los  clarines  de  Ayacucho. 
Los  tambores  de  Junín. 


49 


contarse  á  José  Cecilio  del  Valle,  al  Autor  del  Acta  inmor- 
tal de  Independencia,  de  15  de  Setiembre  de  1821,  entre  el 
número  de  los  más  ilustres  fundadores  de  la  Nación  Cen- 
tro-americana. Mientras  Centro-América  sea,  aunque  frac- 
cionada, José  del  Valle  será  siempre  acreedor  á  una  inmen- 
sa deuda  de  gratitud! 


CAPITULO  CUARTO. 


Plintos  principales  del  Acta  de  independencia  de  16  de  Setiembre  d« 

Nuevo  sistema  de  Gobierno:  Valle  forma  parte  del  Gobierno.— Trabajos  ad- 
ministrativos de  Valle  para  organizar  la  nación.— Se  crean  los  j «li- 
beral y  conservador.— El  partido  conservador  trabaja  por  la  soecdón  da 
Guatemala  á  México.— Situación  de  Centro- América.— Guatem 
á  México  en  5  de  Enero  de  1822,  contra  la  opinión  de  Valle  y  de  los  hüloptll 
dientes.— La  Junta  provisional  consultiva  se  disuelve,  y  Valle  vuelve  &  la  vi- 
da privada.—  Corresponde  á  Valle  el  honor  de  haber  sido  el  pr 
Norte  de  América,  que  formuló  la  idea  sobre  "La  Unión  latine  ;iui.-ricana.V 
Valle  es  electo  Diputado  al  Congreso  de  México.— Viaje  de  Valle  á  Méxi- 
co, en  10  de  Marzo  de  1822. 


Importantísimos  fueron  los  puntos  acordados  en  el  Acta 
de  independencia  de  15  de  Setiembre  de  1821.    En  ese  docu- 
mento se  fijaron  las  bases  de  un  nuevo  régimen:  se  d 
no  que  se  eligiesen  por  las  Provincias  Representase 
formar  el  Congreso  de  la  nación,  al  que  debía  eorrespOl 
la  fijación  de  la  forma  de  gobierno,  y  la  formación  d 
fundamental:  que  la  elección  de  Representante*   se   hl 
por  las  mismas  Juntas  electorales  que  habían  elegido  Dipu- 
tados á  las  Cortes  de  Espafia,  observándose  las  leyei  al 
riores  para  el  procedimiento  de  la  elección :  que  las  I 
cias  eligiesen  Representantes  sobre  la  base  de  un  Diput 
por  cada  quince  mil  habitantes:  que  el  OongTOSO  < 
yente  se  reuniese  en  l.°de  Marzo  de  1822¡  que 
nión  no  se  hiciese  alteración  alguna  en  la  ol 
leyes  españolas,  ni  con  respecto  á  los  tribunales  v  fue. 


52 


narios  existentes:  que  se  conservase  en  toda  su  integridad  y 
pureza  la  religión  católica;  y  que  mientras  el  país  se  consti- 
tuía, el  gefe  Don  Gavino  Gainza  continuase  con  el  gobierno 
superior,  político  y  militar,  obrando  de  acuerdo  con  una 
Junta  Provisional  Consultiva  que  se  estableció,  formada  de 
la  Diputación  provincial,  y  de  los  Señores  Licenciado  Don 
Miguel  Larreinaga,  Licenciado  Don  José  del  Valle,  Presbí- 
tero Don  José  Antonio  Alvarado,  Marqués  de  Aycinena, 
Doctor  Don  José  Valdés,  Doctor  Don  Ángel  María  Candí- 
na, y  Licenciado  Don  Antonio  Robles,  á  quienes  se  confirió 
la  representación  desús  respectivas  Provincias.  (1)  Valle  re- 
presentaba la  Provincia  de  Comayagua.  Honduras  tuvo  el 
honor  de  ser  representada  por  el  hombre  que  animaba  con 
su  pensamiento  aquella  gran  trasformación  nacional. 

Los  puntos  enunciados  fueron  los  más  interesantes  del 
Acta  de  independencia.  Como  puede  notarse,  el  Acta  fué 
eminentemente  conservadora,  pero  también  eminentemente 
sensata,  dados  los  antecedentes  y  circunstancias  de  la  época: 
en  el  Acta  casi  no  se  vé  la  expresión  de  ideas  radicales,  de 
principios  revolucionarios.  Se  suprimió  el  Gobierno  de  Es- 
paña, conservando  el  organismo  gubernativo  de  la  Madre 
Patria:  se  dio,  como  por  vía  de  gracia,  ó  como  por  vía  de 
transacción,  algunos  meses  más  de  vida  á  las  autoridades  y 
leyes  españolas.  Valle,  con  su  gran  prudencia,  con  su  pro- 
fundo sentido  político,  comprendió  que  se  daba  un  salto  pe- 
ligrosísimo de  un  antiguo  á  un  nuevo  régimen,  y  que  era 
necesario  evitar  una  caida  mortal:  Valle  comprendió  que 
más  que  una  revolución  amenazadora  para  los  intereses  y 
preocupaciones  coloniales  predominantes  en  Guatemala,  que 

Vi)  Véase  en  el  Bosquejo  de  Marure,  ú  en  la  Colección  de  lej^es  de  Guatema- 
la, por  Pineda.  Mont,  el  Acta  de  Independencia  de  15  de  Setiembre  de  1821. 


53 


más  que  una  revolución  de  inciertos  resultados,  y  ocasionada 
á  la  ruina  y  desprestigio  de  la  nueva  causa,  debía  hacerse  una 
transición  conciliadora,  pero  regular  y  pacífica,  una  verdade- 
ra evolución  social  que,  de  un  modo  lento,  pero  seguro,  die- 
se, andando  el  tiempo,  todos  los  frutos  de  la  independencia. 
Consumada  estaba  la  emancipación  política  de  Guate- 
mala, pero  se  necesitaba  organizar  los  trabajos  del  Gobier- 
no, darles  vigor  y  concierto,  y  hacer  sentir  á  los  pueblos, 
por  medio  de  una  administración  benéfica,  los  favorables 
resultados  del  nuevo  régimen.  Se  encomendó  á  Valle  la 
formación  de  un  plan  administrativo,  y  este  propuso  se 
distribuyesen  los  trabajos  entre  Comisiones  de  seguridad  y 
defensa,  de  instrucción  pública,  de  estadística,  de  agricul- 
tura, de  comercio  y  de  hacienda  pública.  Las  Comisiones 
se  organizaron,  y  Valle  se  ocupó  especialmente  en  el  NU 
de  rentas:  "en  la  hacienda  he  visto  siempre,  decía,  la  co- 
lumna de  bronce  sobre  que  debe  descansar  la  indcpenden- 
'cia."  Perseverante  é  infatigable  fué  Valle  en  los  trabajos 
del  Gobierno  provisional:  formó  estados  de  todas  lai 
despachó  los  asuntos  relativos  á  ellas,  propuso  medidas 
oportunas  para  aumentar  sus  ingresos,  hizo  el  arancel  de 
derechos  de  importación  y  exportación,  explico  sus  funda- 
mentos en  un  notable  escrito  que  le  precedió,  maní! 
á  sus  coasociados  la  necesidad  de  entrar  en  relaei.uieá  de 
amistad  y  alianza  con    las   demás    nación,  lió  á   la 

Junta  Consultiva  en  el  despacho  de  los   múltip 
dos    que   estaban  á   su    cargo.     Además,    00010    p 
publicaba  luminosos*escritos,  evidenciando    la>    ventajas  de 
la  independencia,  (2)  escritos   reproducidos.    OOQ    a  p!  auto, 
por  la  prensa  extranjera. 

(2)  Véase  el  tomo  2.°  de  "El  Amigo  de  lu   Pa 


54 


Todos  los  grupos  políticos,  de  diversas  y  aun  inconci- 
liables pretensiones,  se  habían  unido  para  consumar  la 
independencia  de  España;  distintos  fueron  sus  móviles, 
pero  idéntico  su  propósito.  El  clero  quiso  la  independen- 
cia porque  era  necesario  aceptarla,  y  porque  veía  en  la 
emancipación  de  Guatemala  un  medio  de  sustraerse  á 
los  rudos  golpes  que  asestaran  á  sus  privilegios  las  Cortes 
de  España.  Los  peninsulares  y  sus  adeptos  quisieron  la  in- 
dependencia porque  vieron  halagados  sus  intereses  y  sus  am- 
biciones. Los  liberales,  que  formaron  el  antiguo  partido 
de  los  Cacos,  quisieron  la  independencia  porque  aspiraban 
generosamente  á  la  práctica  de  sus  radicales  ideas  republica- 
nas; y  los  hombres  reflexivos,  como  Valle,  quisieron  la  inde- 
pendencia porque  tenían  en  mira  una  evolución  política  que, 
gradual  y  prudentemente,  hiciese  ganar  terreno  á  la  educa- 
ción liberal  de  los  pueblos,  para  que  se  crease  un  sólido  ré- 
gimen de  libres  instituciones  en  el  Centro  de  América. 

Tan  opuestos  móviles,  tan  contrarias  y  enemigas  pre- 
tensiones, no  pudieron  menos  de  romper,  bien  pronto,  el 
acuerdo,  el  consorcio  feliz  que  se  efectuó  para  desligar  á 
Guatemala  de  la  Madre  Patria.  Los  liberales  pidieron  que 
se  derogase,  y  lograron  su  objeto,  el  artículo  3.°  del  Acta 
de  independencia,  por  el  que  la  elección  de  representantes 
de  las  provincias,  se  dejaba  á  las  juntas  electorales  que  ha- 
bían elegido  diputados  á  Cortes,  lo  que  aseguraba  un  triun- 
fo para  el  partido  de  Valle,  para  el  partido  Gazista:  pidie- 
ron la  formación  de  las  milicias  nacionales,  lo  que  también 
lograron:  pidieron  la  destitución  de  empleados  sospechosos 
de  tener  afinidades  con  el  antiguo  régimen;  y  quisieron,  en 
fin,  extralimitándose,  tomar  participación  en  las  delibera- 
ciones de  la  Junta  provisional  consultiva.      Los  península- 


55 


res  y  los  criollos   espafiolistas,  por  su  parte,   vieron  con  re- 
pugnancia   la  intervención    de  las  clases   populares   en  los 
asuntos  público?;  se  dolían  de  relacionarse  y  mezclarse  con 
hombres  que  casi  el  dia  anterior  habían  sido  no  más  que  su- 
misos vasallos;  y  presentían  que  el  arraigo  de  lasinstiti; 
nes  de  la  República  daría  en  tierra  con  sus  intereses  de  cla- 
se, con  sus  privilegios  de  abolengo,  y  con  su  orgullo  cifrado 
en  los  hábitos  de  una  antigua  dominación.     Las  exigencias 
y  exageraciones  inconsideradas  de  los  unos,  y  el  egoísmo  y 
la  vanidad  de  los  otros,  crearon,  á  poco  de   consumarse    la 
independencia,  dos  partidos   fuertes   é   irreconciliables: 
partido  liberal  independiente   y    republicano,   y  el   partido 
conservador  autoritario  y  reaccionario.     En    gérne 
ban  estos  dos  partidos  al  proclamarse  la  independen' 
ro  ese  germen   desarrollóse  de  irregular  y  viciosa  manera,  y 
creó  hondas  y  acerbas  divisiones  que  habían  de  traer,  no  loa 
antagonismos  de  un  pueblo  libre,  sino  las  luchas  destructo- 
ras de  la  libertad  y  de  la'  patria. 

La  opinión  predominante  en  Centro-Ainéric;i.  la  n« 
deramente  popular,  era  la  de  los  independientes  republica- 
nos.    Los  conservadores  reaccionarios  veían  que  no  i""; 
contrarestarla  usando  de  procedimientos  le-  ¡ale*     lia  jo  este 
concepto,  se  aprovecharon  de  las  disidencias  de  algnnai  po- 
blaciones de  Honduras  y  de  Nicaragua,  decididsi  a  d< 
garse  de  Guatemala  y  unirse  á  México:  explotaron   la 
tuación  de  la  vecina  nación  mexicana,  en  doudí 
Don  Agustín  de  Iturbide  podría  constituir  un   sol. d 
rabie  Imperio:  ejercieron  todas  las  malas  ai 
cía  para   captarse   la  voluntad   del    tornad 
tiraba  siempre  al  lado  de  las  ideas  monánjn 
v  tan  inmorales  trabajos,  al  tin  CaTOret 


56 


vil  y  cobardemente,  desertó  de  las  filas  de  los  independien- 
tes, los  conservadores  reaccionarios  ¿e  sintieron  fuertes  para 
proclamar,  sin  embozo,  la  idea  de  que  Centro-América  no 
tenía  elementos  bastantes  para  constituirse  como  nación  in- 
dependiente, y  que  debía  unirse  á  México,  si  quería  gozar, 
bajo  el  Imperio,  de  los  beneficios  de  la  paz  y  de  la  libertad. 

Los  trabajos  y  las  declaraciones  de  los  conservadores  hi- 
cieron más  profunda,  y  á  la  vez  ostensible,  la  enemiga  de 
los  liberales.  Ardientes,  exaltadísimas  fueron  sus  luchas: 
el  insulto,  las  recriminaciones,  y  aun  la  efusión  de  sangre, 
fueron  los  resultados  desdichadísimos  de  tan  funestas  divi 
siones.  La  unión  compacta  de  los  hombres  que  habían  he- 
cho la  independencia,  estaba  disuelta.  Los  antiguos  partí- 
dos  de  Qazistas  y  de  Cacos  estaban  en  descomposición,  pues 
había  Gazhtas  leales  á  la  independencia,  y  Caco*  desleales 
á  la  patria;  y  en  medio  de  este  caos,  muy  natural  después 
del  caos  de  tres  siglos  de  la  colonia,  la  Junta  provisional 
consultiva,  presidida  por  Gainza,  hombre  sin  conciencia, 
sin  lealtad,  sin  convicciones,  apenas  si  podia  poner  á  raya 
los  elementos  de  desorden,  y  sostener  una  especie  de  statu 
quo  en  la  situación  de  Centro-América,  dificilísima  en  el 
presente,  y  prometedora  de  gravísimas  dificultades  y  de  pa- 
vorosas dudas  para  lo  porvenir. 

Las  divisiones  habidas  en  Guatemala  se  hicieron  sentir 
en  las  demás  provincias.  El  noble  pueblo  del  Salvador 
quería,  con  firmeza,  la  absoluta  independencia  de  Centro- 
América.  Algunas  poblaciones  de  Honduras  y  Nicaragua 
querían  la  anexión  á  México;  otras  la 'resistían:  (o)   Costa- 

(3)  Tegucigalpa,  en  oposición  á  Coraayagua,  estuvo  siempre  por  la  indepen- 
dencia absoluta  de  España  y  de  México.  Se  mantuvo  firme  en  este  propósito;  y 
en  premio  de  su  noble  actitud  y  de  sus  servicios,  se  le  dio  el  título  de  Ciudad, 
y  á  su  Ayuntamiento,  el  de  Muy  noble  Ayuntamiento. 


.v; 


Rica  permanecía  neutral.     Así  las  cosas,  en  28  de  Noviem- 
bre de  1821,   Gainza  dio  cuenta  á  la  Junta  provisional  con 
un  despacho  de  Don  Agustín  de  Iturbide,  de  19  de  Octu- 
bre anterior,  en  que  le  manifestaba  que  Guatemala  c. 
de  elementos  para  asegurar  su  autonomía,  para  precfl 
de  la  ambición  extranjera,  y  para  constituirse  como  nación: 
que  Guatemala  debia  formar  un  gran  Imperio  con  M 
bajo  el  plan  de  Iguala  y  Tratados  de  C  ordo  va,  y  que,   pañi 
atender  á  su  seguridad,  marchaba  hacia  la  frontera  on 
cito  protector. 

Gentil  ocasión  presentó  el  despacho  de  Iturbide 
y  los  anexionistas.    La  Junta  provisional,  en  vez  de  d< 
mar  el  despacho  de  Iturbide,  ó  cuando  menos,   de  re 
su  contestación  al  próximo  Congreso,  cuya  reunión  se  había 
acelerado,  fijándola  para  el  l.c  de  Febrero,  se  limitó  á  ma- 
nifestar que  carecía  de  facultades  para  resolver  Bobl 
arduo  asunto;  pero  á  la  vez  aceptó,  por  mayoría,  el 
diente  inventado  por  el  Marqués  de  Ayoinena,   de  que  los 
Ayuntamientos,  en  cabildos  abiertos,  diesen  su 
recogiesen  el  voto  de  los  pueblos  sobre  la  convenii 
conveniencia  de  la  anexión.    El  Marqués  de  Aycinnii  y  loi 
demás  anexionistas   no  tenían   otros  móviles  que   l< 
egoismo  y  la  vanidad:  querían  hacer  imposible  Im  R 
para  obtener,  en  cambio  de  sus  servicios  I  ib 
siones,  condecoraciones  y  honores  del  imperio,     B 
el  marqués  de  Ayoinena  que  el  resultado  de  dienta 

satisfaría  sus  ambiciones.      Los  pueblos  seducid.»  nD€ 
timidados  otros  con  la  amenaza  de  ejércitos    m< 
inexpertos  todos,  debían  dar  lugar  al  sometimiento  «1. 
témala  á  México.     En  vez   de  resolví 
trascendencia,  como  debió  ser.  por  el  Ooi 


o6 


de  hombres  de  alguna  educación  política,  y  perfectamente 
conocedores  de  la  situación  de  las  cosas,  iba  á  resolverse  por 
pueblos  ignorantes,  sorprendidos  por  la  intriga,  y  sin  tiem- 
po siquiera  para  orientarse  y  recibir  los  consejos  del  buen 
sentido. 

Los  trabajos  de  los  anexionistas  fueron  empeñadísimos, 
y  ya  sin  ningún  embozo,  en  favor  del  Imperio.  Se  vejaba 
y  perseguía  á  los  independientes,  y  se  quería  triunfar,  á 
toda  costa.  Gainza  había  mandado  á  los  Ayuntamientos, 
en  30  de  Noviembre,  una  circular  para  que,  en  cabildos 
abiertos,  diesen  su  voto  sobre  la  anexión  y  lo  recibiesen 
de  los  pueblos,  fijándoles,  para  ello,  el  angustioso  plazo 
de  un  mes,  pues  en  los  primeros  dias  de  Enero  debía  ha- 
cerse el  escrutinio  y  la  regulación  de  votos.  Los  pue- 
blos, aturdidos  por  el  rudo  golpe  que  les  asestaran  los  ane- 
xionistas, pusieron  en  práctica,  como  les  fué  posible,  las 
prevenciones  de  Gainza,  Gobernador  político  y  militar  de 
Guatemala. 

Llegó  al  fin  el  dia  fatal  de  5  de  Enero  de  1822,  dia  de 
tristísima  recordación.  Reunióse  la  Junta  provisional  con- 
sultiva, presidida  por  el  Gefe  Gainza,  y  procedió  á  ha- 
cer el  escrutinio  y  la  regulación  de  votos.  Resultó  que 
algunos  pueblos  dejaban  al  Congreso  la  resolución  sobre 
anexión,  que  otros  la  querían  simplemente,  que  utros  la 
aceptaban  bajo  condiciones,  y  que  otros  se  conformaban 
con  el  voto  de  la  Junta  provisional.  A  esta  divergencia 
de  opiniones  se  agregó  que  faltaba  la  votación  de  sesen- 
ta y  siete  Ayuntamientos.  En  ocasión  tan  solemne,  en 
que  todo  era  dudas  y  conflictos,  y  en  medio  de  aquel  con- 
ciliábulo infame,  conjurado  en  daño  de  la  Patria,  Valle 
se  elevó  á  grande  altura,   como   amigo   de  la    verdad   y  de 


59 


los  derechos  de  los  centro-americanos:  se  opuso  con  toda 
la  energía  de  su  alma  á  la  anexión,  y  en  discurso  bri- 
llantísimo, que  por  sí  sólo  bastaría  para  inmortalizar  su 
nombre,  dijo,  entre  otras  cosas,  á  los  enemigos  de  la  in- 
dependencia: 

"Guatemala,  colocada  en  la  posición  más  feliz  de  la 
América,  extendida  sobre  una  área  de  ciento  cincuenta  v 
cinco  mil  millas  cuadradas  de  tierras  de  diversos  grados 
de  temperatura  y  fertilidad,  y  poblada  de  dos  millones 
de  individuos,  (4)  de  diversos  talentos  y  aptitudes,  tie- 
ne los  elementos  más  preciosos  de  actividad:  las  semillas 
más  fecundas  de  riqueza:  los  principios  más  activos  de  lo 
grande. 

"Bien  administrada  por  un  Gobierno  que  quiera,  m 
tenga  las  facultades  precisas  para  desenvolver  aquellos  gér- 
menes, Guatemala  no  sólo  puede  ser  nación  indej 
sino  rica  también,  fuerte  y  poderosa.  Pero  muí  administra- 
da por  un  Gobierno  que  no  quiera,  ó  no  sepa,  ó  no  est« 
tante  autorizado  para  desarrollar  sus  elementos,  I 
la  no  podrá  ser  pueblo  independiente  y  libre,  grande  ni  ri- 
co.    Ved  esas  tierras  tendidas,  fértiles  y  bien  rito 
rán  jardines,   si  el  propietario,  dueño  de   ellas,  quiere  ysa- 
be  labrarlas.     Serán  malezas,  abrojos,  ó  gramas  sino 
voluntad  ó  pericia  para  cultivarlas. 

"Mirad  á  ese  joven  robusto  y  bien  dispuesto  | 
bir  la  educación  más  feliz.     Será  pequeño  si   su 
no  quiere  que  sea  grande;  pero  será  sabio  U  n  maestra  quie- 
re que  sea  ilustrado.     Un  pueblo  de  dos   millones  de 
tantes,  colocado  en  lo  mejor  del  nuevo  mun.i 
cipios  ó  recursos  que  no  temo  llamar   inmensos,     Se  acaba 

(4)  Hoy  Centro- América  tiene  más  de  tres  inilkMt  d» 


60 


de  proclamar,  con  todos  los  acentos  de  la  alegría,  con  todos 
los  idiomas  del  gozo,  su  libertad  é  independencia  absoluta. 
¿Podrá  pensarse  que  quiera  perderla  ahora  que  empieza  á 
gustarla?  Los  hombres  de  Guatemala  son  como  los  de  Chi- 
le, los  de  Buenos  Aires,  los  del  Perú,  los  de  Colombia  y  los 
de  México.  (5)  Quieren  ser  independientes)  y  tendré  por 
mentirosos  á  los  que  supongan  en  ellos  voluntad  contraria: 
no  hablan  lo  que  sienten  ó  son  locos,  que  han  perdido  la  ra- 
zón, los  que  dicen  que  aman  la  esclavitud.  Si  en  diversas 
actas  distintos  Ayuntamientos  declaran  (pie  quieren  perder 
su  independencia  y  estar  sometidos  á  México,  yo  no  inferi- 
ré, á  pesar  de  esto,  voluntad  positiva  de  esclavitud.  Diré 
que  ha  habido  movimientos  ó  intrigas  subterráneas:  diré 
que  los  municipales  han  sido  sorprendidos:  diré  que  por  una 
parte  se  les  ha  anunciado  que  vienen  de  México  ejércitos 
numerosos  y  bien  disciplinados,  y  por  otra  se  les  ha  mani- 
festado que  el  Capitán  General,  que  tiene  las  fuerzas  de  es- 
ta nación,  quiere  que  Guatemala  esté  sometida  á  México:  di- 
ré que  poniéndolos  en  posición  tan  violenta,  no  han  tenido 
voluntad  libre  y  espontánea:  diré  (pie  ignoran  los  principios 
de  derecho  público,  y  por  ignorarlos,  no  dieron  las  contesta- 
ciones que  debían  dar.  No  son  los  Ayuntamientos  estableci- 
dos para  cuidar  de  las  escuelas  de  primeras  letras,  ó  del  aseo 
y  limpieza  de  las  calles,  los  que  deben  decidir  de  la  suerte 
de  una  nación:  no  es  una  Junta  creada  para  dar  consejo  al 
Gobierno,  sobre  los  asuntos  ordinarios  d«  despacho,  la  que  * 
debe  determinar  su  ser  político:  no  es  un  Capitán  General, 
nombrado  para  defender  sus  fueros,  quien  debe  declarar  so- 
bre sus  destinos.      Los  de  una  nación  dependen  de  ella  mis- 


es) ¿Cuándo  los  hombres  de  Guatemala,  ó  los  de   Centro-América,  confir- 
marán el  honroso  concepto  que  de  ellos  formó  el  Sabio  Valle? 


61 


ma.  Sólo  Guatemala  puede  decidir  de  Guatemala;  y  esa 
voluntad  no  se  ha  pronunciado  hasta  ahora.  Guatemala  no 
debe  ser  provincia  de  México.  Debe  ser  independiente.  Es- 
to es  lo  que  enseña  la  razón:  lo  que  dicta  la  justicia:  lo  que 
inspira  el   patriotismo."  (6) 

Pero  vanos  fueron  los  razonamientos  incontestable?  de 
José  del  Valle;  vanos  sus  elocuentísimos  arranques  de  no- 
ble y  fervoroso  patriotismo.     La  resolución  de  los  anexio- 
nista^ estaba  adoptada:  formaban  un  conciliábulo  liberti- 
cida, y  no   una  Junta   racional   de   Gobierno:   la   mayo 
cerró   la  inteligencia  á   las  ideas,  su   corazón    fué 
ble  á  todo  sentimiento   generoso,  y  sus    oídos  estuvio: 
sordos   al  clamor,  al  tristísimo  clamor  de  la   patria  ago- 
nizante.    La  mayoría  de  la  Junta,  rompiendo  en   redondo 
por  todo,   acordó  la  incorporación  de  Centro-América  á 
México,   sin    más  condiciones  que  las  insinuadas  p 
bidé:  la   sujeción  al  plan  de  Iguala   y  á  los  Tratados  de 
Córdova. 

Al  consumarse  el  crimen  de  aquellos  parricidas,  triunfó 
el  expediente  del  marqués  de  Aycinena,  efectuándose  desde 
entonces  el  desgraciado  comienzo  de  la  falsificación   de  los 
principios  y  de  la  opinión  pública.    El  marquél 
na,  talvez  sin  saberlo,  en  su  expediente,   encontró 
quísima  mina  que  más  tarde,  una  y  mil  feces,  han  - 
do  los  demagogos  y  tiranuelos  de  Centro-Ano' rira. 
'querido  anular  una   Constitución?     Se  apela  ;.. 
gogos  ó  por  los  déspotas  á  los  Ayuntaraienl 
palidades.     Los   Ayuntamientos  ó   Munioipaii  ^an- 

tan  actas  favorables  á  la  intriga,  y  la  Constitución  desapa- 

(6)  Manifiesto  de  Don  José  Cecilio  d-1  Valle  » 
Marure,— Bosquejo  histórico,  capítulo  II. 


62 


rece.  ¿Se  ha  querido,  contra  la  ley,  contra  el  organismo  de 
la  República,  perpetuar  en  el  poder  á  un  caudillo  dictato- 
rial y  bárbaro?  Se  apela  á  las  Municipalidades,  se  levantan 
actas  que  expresan  la  voluntad  de  los  pueblos,  y  el  caudillo 
se  perpetúa  ó  se  hace  vitalicio.  ¿Se  ha  querido  glorificar  la 
conducta  de  algún  sátrapa  desatentado?  Se  apela  también 
á  las  Municipalidades.  Estas  levantan  las  consabidas  actas, 
y  así  se  justifican  y  se  enaltecen  las  brutalidades  de  la  de- 
magogia, ó  las  brutalidades  de  la  dictadura.  Con  est^o  no 
se  ha  hecho  más  que  corromper  á  los  pueblos  (pie,  de  com- 
placencia en  complacencia,  de  intimidación  en  intimida- 
ción, de  abyección  en  abyección,  han  llegado  á  perder  la 
conciencia  de  sus  deberes,  y  la  conciencia  de  su  soberano 
poder.  Si  el  marqués  de  Aycinena  viviese  vería  las  funes- 
tas consecuencias  de  su  obra,  de  su  expediente,  y  por  egoís- 
ta, por  empedernido  que  fuese,  lloraría  lágrimas  de  sangre 
sobre  las  ruinas  de  su  propia  obra;  lloraría,  inconsolable, 
porque  fué  el  apóstol  de  la  fuerza  autocrática,  fuerza  que 
más  tarde  ó  más  temprano,  convierte  á  los  hijos,  ó  á  los  hi- 
jos de  los  hijos  de  los  fundadores  de  la  férrea  opresión,  en 
miserables  subditos,  mucho  más  infelices  que  los  negros  del 
África  sujetos  al  látigo  de  especuladores  y  cruelísimos  ne- 
greros. El  marqués  de  Aycinena  no  supo  lo  que  hacía;  al 
menos  no  comprendió  toda  su  trascendencia:  falseó  las  ba- 
ses del  derecho  constitucional;  y  lié  aquí  que,  salvas  algu- 
ñas  honrosas  excepciones,  á  partir  de  tan  funesto  ejemplo, 
hemos  vivido  fuera  del  derecho  público;  y  hé  aquí  que  las 
naciones  cultas,  apreciándonos  en  lo  que  deben,  casi  nos 
han  colocado  fuera  del  derecho  internacional.  ¡Qué  tal  es 
la  lógica  inflexible  de  los  acaecimientos  históricos!  ¡Qué 
tan  severos,  (pié    tan    terribles  son    para   los    hombres,    son 


63 


para  los  pueblos  que  falsifican  la  conciencia,  los  providen- 
ciales castigos!  (?) 

Consumada  la  anexión   de  Centro- Amé  ríe 
muerta  la  patria  centro-americana,   á  manos  de  muchos  de 
sus  propios  hijos,  como  era  natural  y  debido,  desap-, 
Gobierno  que  la  rigiera  como  nación  independiente.     La 
Junta  provisional   consultiva  se  disolvió  en  21  de  ! 
de  1822,  y  Gainza,  el  comodín  de  todos  los  partidos,  con- 
tinúo como  Gefe  militar  y  político  de  la  provincia  subordi- 
nada á  México:  para  su  Consejo,  convocó  á  los  representan- 
tes,  nuevamente  electos  para  la  Diputación  provincial,  que 
se  instaló,  por  tercera  vez,  el  29  de  Marzo  del  año  de 
El  nuevo  Gobierno  trató  como  sediciosos  á  todos  los  oposi- 
tores al  Imperio,   y  los  imperialistas  trataron  como  ex- 1 
bles  herejes  á  los  independientes  que  prot<  >>ntra  la 

inconsecuencia,  contra  la  alevosía,  contra  el  perjurio  de  los 
imperialistas  que  habían  dado  muerte  afrentosa  á  su  propia 
madre,  á  su  patria. 

Valle,  amargado  su  corazón,  conturbadísimo  su  espíritu 
por  la  primera  y  más  cruel  de  sus  decepciones  polít 
tiróse  á  la  vida  privada,  y  en  su  profundo  do  m  su 

profundo  duelo  por  la  patria  muerta,  buscó  un  referió  y  un 
consuelo  en  el  estudio  y  en  el  cultivo  de  lai 
daba  el  desconsuelo  inmenso  de  Cicerón.  3 
romano,  dijo  con  infinita  tristeza:   "Despuél  qofi  18  MI 

(7)  F.  Laurent,  en  sus  Estudios  Bobre  la  Histori     de  la   Hunuu 
"Hé  aquí  una  ley  de  lo  que  hoy  llaman:. .s  Filosofía  de 
conocía  la  palabra,  pero  inaugura  la  Idea,  atribuyendo  » 

desgracias  que  afligen  á  los  pueblos.  "Alguien,  dice  al  pottil  i  a  negado  que  loe 
dioses  se  dignaran  ocuparse  de  los  hombres  que  huellan  las  máe  «autee  leyee: 
este  tal  era  impío.     Más  de  una  vez  lo  han  visi 

dían  cosas  injustas  y  se  dedicaban  009  d<  D  •  r  A  I*    guerra.' 

.quilo,  Agamemnón.  ».»  355— 37ü.  Véase  mi  L-Mudio  sobre  la  Owíe,  péftM» 
467—470. 


64 


la  República,  las  ciencias  fueron  mi  asilo:  á  ellas  me  entre- 
gué, y  cultivándolas  serví  á  la  patria." 

Y  sirvió  á  la  patria,  de  noble  y  honrosísima  manera, 
publicando  escritos  que  hicieron  y  harán  siempre  honor  á 
la  América  Central.  Por  aquellos  tiempos  en  que  se  lucha- 
ba heroicamente  en  el  Sur  del  continente  por  la  indepen- 
dencia, uno  de  los  pensamientos  dominantes  de  los  más 
grandes  estadistas,  amigos  de  la  causa  de  los  americanos, 
era  el  pensamiento  de  aí-egnrar  la  independencia  de  Améri- 
ca, y  de  ponerla  á  salvo  de  la  reconquista  de  la  Europa. 
El  derecho  público  de  aquella  época  está  calcado  sobre  la 
capital  y  dominante  idea  de  defensa  nacional.  En  1822  el 
Libertador  y  Presidente  de  Colombia,  Simón  Bolívar,  invitó 
á  los  Gobiernos  de  México,  Perú,  Chile  y  Buenos  Aires,  pa- 
ra formar  una  confederación  y  reunir  en  el  istmo  de  Pana- 
má ú  otro  punto,  elegible  á  pluralidad  de  votos,  (8)  una 
Asamblea  de  Plenipotenciarios  de  cada  Estado,  con  el  fin 
de  que  asegurase  la  independencia  y  los  intereses  de  la  paz 
y  de  las  instituciones  de  América.  Antes  de  que  pudiesen 
conocerse  en  Guatemala  los  trabajos  .leí  Libeitador  Bolívar, 
en  23  de  Eebrero  de  1822,  Valle,  en  fuerza  de  su  genio  con- 
cebía y  formulaba,  en  el  Norte  de  América,  la  misma  idea 
del  Libertador  Bolívar.  En  un  artículo,  profundo  por  su 
fondo,  y  bellísimo  por  su  forma  (9)  decía: 

"La  América  se  dilata  por  todas  las  zonas;  pero  forma 
un  sólo  c  mtinente.  Los  americanos  están  diseminados  por 
todos  los  climas;  pero  deben  formar  una  familia. 

Si  la  Europa  sabe  juntarse  en  Congreso  cuando  la  lla- 
man á  la  unión  cuestiones  de  alta  importancia,   la  América 

(8)  Véase  Unión  Latino- Americana  por  Torres  Caicedo. 

(9)  Véase  en   "El  Amigo  de  la  Patria"  el  articulo  intitulado:  "Soñaba  el 
Abad  de  San  Pedro;  y  yo  también  sé  soñar." 


65 


¿no  sabrá  unirse  en  Cortes  cuando  la  necesidad  de  ser,   ó 
interés  de  existencia  más  grande  la  obliga  á  congrega 

Oid,  americanos,  mis  deseos.  Los  inspira  el  amor  á  la 
América,  que  es  vuestra  cara  patria,  mi  digna  cuna. 

Yo  quisiera: 

1.°  Que  en  la  provincia  de  Costa-Rica,  ó  de  León,  se 
formase  nn  Congreso  general,  más  espectable  que  el  de  Yie- 
na,  más  importante  que  las  dietas  donde  se  combinan  los 
intereses  de  los  funcionarios,  y  no  los  derechos  de  los  pue- 
blos: 

'¿°  Que  cada  provincia  de  una  y  otra  América  mandase 
para  formarlo  sus  Diputados  ó  Representantes,  eon   pk 
poderes  para  los  asuntos  grandes  que  deben  ser  objeto  de  su 
reunión: 

3."  Que  los  Diputados  llevasen  el  estado  político,  ecouó- 
mieo,  fiscal  y  militar  de  sus  provincias  respectivas  para  for- 
mar, con  la  suma  de  todos,  el  general  de  toda  la  Améri 

•4.°  Que  unidos  los  Diputados  y  reconocidos  si- 
se ocupasen  en  la  resolución  de  este  problema:    /V 
pian  de  que  ninguna  provincia  de  América 
vasares  externos,  ni  víctima  de  divisiones  intesti 

o.ü  Qjue  resuelto  este  primer  problema  trabajaron  en  la 
resolución  del    segundo:   Formar  ''1  ¡dan   unís  na 

elevar  las  provincias  de  América  <d  t/r</d<>  de   riqm 
der  á  que  pueden  subir: 

<;."  Que  fijándose  en  estos  objetos  formasen:  i.    la  i 
ración   grande   que  debe   unir  á  todos  lo-  I 
rica:  2.°  el  plan  económico  que  debe  enriquecer] 

7/  Que  para  llenar  lo  primero  se  cele 
lemne  de  socorrerse  unosé  otros  todos  los   Ettadofl  «nías 
invasiones  exteriores  y  divisiones  intestinas:    que  te  desig- 


66 


nase  el  contingente  de  hombres  y  dinero  con  que  debiese 
contribuir  cada  uno  al  socorro  del  que  fuese  atacado  ó  divi- 
dido; y  que  para  alejar  toda  sospecha  de  opresión,  en  el  ca- 
so de  guerra  intestina,  la  fuerza  que  mandasen  los  demás 
Estados  para  sofocarla,  se  limitase  únicamente  á  hacer  que 
las  diferencias  se  decidiesen  pacíficamente  por  las  Cortes  res- 
pectivas de  las  provincias  divididas,  y  obligarlas  á  respetar 
la  decisión  de  las  Cortes;  y 

8.°  Que  para  lograr  lo  segundo  se  tomasen  en  cuenta  las 
respectivas  necesidades,  y  se  formase  el  tratado  general  de 
comercio  de  todos  los  Estados  de  América,  distinguiendo 
siempre  con  protección  más  liberal  el  giro  recíproco  de  unos 
con  Otros. 

Congregados  para  tratar  de  estos  asuntos  los  represen- 
tantes de  toda-'  las  provincias  de  América,  qué  espectáculo 
tan  grande  presentarían  en  un  Congreso  no  visto  jamás  en 
los  siglos,  no  formado  nunca  en  el  antiguo  mundo,  ni  soña- 
do antes  en  el  nuevo!" 

Hé  aquí  expresado  con  maestría  el  pensamiento  tras- 
cendental de  la  liga  americana;  hé  aquí  á  Valle  elevándose 
á  las  más  altas  concepciones  de  los  publicistas  de  los  prime- 
ros tiempos  de  la  independencia.  Valle  mereció  y  obtuvo 
grandes  elogios  por  su  famoso  escrito  sobre  la  liga  america- 
na. El  ilustre  Don  Bernardo  Monteagudo,  (10)  en  su  En- 
sayo sobre  una  federación  general  en  los  Estados  america- 
nos, llamó  idea  madre  á  la  grande  idea  expresada  por  Valle. 
Si  el  erudito  publicista,  Don  José  María  Torres  Caicedu, 
tan  profundo  conocedor  de  la  genealogía,  desarrollos  y  vi- 
cisitudes de  las  ideas  é  instituciones  de  los  pueblos  latino- 
americanos, hubiese  tenido  á  la  vista  los  escritos  de  Valle, 

(10)  Véase  el  capitulo  2.°  del  "Bosquejo  Histórico"  de  Maniré. 


67 


correspondientes  k  los  comienzos  del  afío  de  lfr¿'¿,  no  hay  du- 
da de  que,  al  escribir  su  interesante  libro,  la  "Unión  latí: 
americana,"    habría  tenido   como  autores  de    tan   fecundo 
pensamiento,  de  tau  vasto  proyecto,  á  Bolívar  y  á    Valle;  á 
aquellos  dos  genios  que  sin  conocerse,  sin  relacionarse,    sin 
cambiarse   sus  ideas,   por  una  de  esas  raras   visiones,  que 
sólo  corresponden  á  los  excepcionales  talentos,  concibieron 
y  formularon,  en  apartadas  tierras,  y  casi  al  mismo  tiempo, 
una  misma  idea,  que  es  la   idea  de  hoy,  que  es  la  idea  del 
porvenir:  la  unión  de    la  América  latina  para  asegurar   sus 
derechos,   su  tranquilidad,  su  engrandecimiento  y  80    r< 
tura.     En  la  actualidad  la  liga   americana  no  paed 
todos  los  fines  que  tuviera  en  el  primer  tercio  de  este  siglo. 
La  situación  de  las  cosas  y  de  las  ideas  ha  cambiado  radi- 
calmente: la  reconquista  europea  es  imposible;  la    Kur 
no  puede  ser  ya  una  amenaza  para  la  América,      Pero  la 
liga  americana  será  siempre  un  desiderátum  para  el 
triotismo,  por  cuanto  regularía  las  relaciones  internaciona- 
les de  los  pueblos  latino-americanos,  labrando  ra  pal   | 
manente,  y  acrecentando  sus  progresos  morales,   políticos  é 
industriales.      La  lucha  desastrosa  de    las    RepábliOM    del 
Pacífico  está  probando  la  necesidad   de  una    liga  s:il\a 
para  los  más  grandes  y  caros    intereses  de  loa  am< 

Aunque  Valle  estaba  retirado  á  la  vidapm 
tan  sólo  entre  sus  libros,  con  la  vida  del   pensamiento,   la 
provincia  del  Salvador,    que  se  mantenía  firme 
pósitos  de  independencia,    quiso  sacar  á   Valle  de  10  ti 
miento,  eligiéndolo  Gefe  superior  político  ,1c  BD  disgregada 
comunidad  social.      Pero  Valle,  comprendía  la  Minan,.,,  di- 
ficilísima de  los  salvadoreños', pie  se  pivparabaí 

ruda  lucha  contra  Guatemala:  Valle  comprendía qi 


m 


bía  entrar  en  una  lucha  fratricida;  y,  determinado  por  tales 
consideraciones,  no  aceptó  el  honroso  puesto  que  le  ofre- 
cieran los  independientes  salvadoreños,  los  grandes  batalla- 
dores por  la  causa  del  derecho  y  de  la  libertad  de  los  pue- 
blos. 

Poco  tiempo  antes  de  declinar  Valle  tan  alto  honor,  en 
10  de  Marzo  de  1822,  fué  electo  por  Tegucigalpa  Diputado 
al  Congreso  de  México.  Chiqnimula  lo  eligió  para  igual 
cargo,  en  19  del  mismo  mes.  Valle  no  se  había  separado 
nunca  de  su  familia,  á  la  que  tenia  un  apego  entrañable; 
pero  era  preciso  aceptar  el  encargo  de  los  pueblos;  la  patria 
lo  demandaba:  era  preciso  dejar  familia  y  amigos  para  ha- 
cer un  viaje  penosísimo,  de  cuatrocientas  leguas,  exponién- 
dose á  toda  suerte  de  contrariedades  y  peligros.  Valle, 
pues,  aceptó  su  cometido,  y  sintiendo  una  inmensa  desola- 
ción en  el  alma,  sintiendo  un  dolor,  para  él  tan  desconoci- 
do como  acerbo,  el  dolor  de  la  ausencia,  salió  de  Guatemala 
para  México  el  dia  7  de  Mayo  de  1822.  Nuevo  y  hermoso 
teatro  iba  á  presentarse  á  Valle  para  que  desplegase  su  in- 
quebrantable actividad,  para  que  hiciese  brillar  con  mayor 
brillo  las  luces  de  su  extraordinario  talento.  El  actor  fué 
digno  del  grande  y  nuevo  teatro:  Valle  en  México  se  colocó 
en  las  más  encumbradas  eminencias  como  ilustrado  y  nobi- 
lísimo representante  de  la  dignidad  y  de  la  independencia 
de  Centro- América. 


CAPITULO  QUINTO. 


Trabajos  de  Valle  como  Diputado  en  el  Congreso  de  México.— Prisión  de  Valle 
en  el  Convento  de  Santo  Domingo.— Sus  estudios.— Valle  es  nombrado  Mi- 
nistro de  Iturbide,  y  sale  de  la  prisión  para  encargarse  del  Ministerio.— Su 
política  en  el  Ministerio.— Caida  del  Imperio.— Valle  vuelve  &  ocupar  su 
puesto  de  Diputado.— Sus  trabajos  en  favor  de  la  Independencia  de  I 
América.— Regreso  de  Valle  á  Guatemala. 


El  dia  28  de  Julio  de  1822  llegó  Valle  á  la  capital  de 
Anáhuac.    Grandes  sucesos  se  habían  operado  recién  te 
te  en  México:  el  Congreso  se  había  instalado  el   24   <1 
brero  anterior,  al  año  de  haberse  proclamado  el  plan   de 
Iguala:  el  gobierno  de    la  Regencia  había   deeap 
desde  la  noche  del  18  de  Mayo,   merced   á   un   proou 
miento  militar,   habíale  sucedido  el  Gobierno  de  [túrbido, 
El  21  de  Junio  del  mismo  año  se  había  efectuado  la 
nación  solemne  del  General  en  gefe  del  Ejército 
garantías  que,  por  la  gracia  del  militarismo,  tomó  el  titulo 
de  Agustín  I,  Emperador  de  México.  (1) 

Bajo  el  Imperio,  y  en  un  Congreso  que  tenía  moofa 
opositor  á  la  nueva  institución,  Valle  tomó  posesión    de  su 
cargo  el  3  de  Agosto.      El  5  del  mismo    mes   fué    nombrado 
individuo  de  la  Comisión  de  Constitución:   ai 
greso  por  la  mañana,  y  á  la  Biblioteca  de  li  oí 
tarde,  donde  se  reunía  la  Comisión  de  que   f< 
Por  la  noche  se  entregaos  á  su  ocupación 

(i)  Véase  la  Historia  de  México,  por  Don  Murad  P*j  »••.    pAfln»  1*. 


o 


tura.  Tal  era  la  vida  de  Valle  durante  los  primeros  dias 
de  su  residencia  en  la  Capital  mexicana. 

El  trono  de  Agustín  I  se  había  levantado  sobre  las  bayo- 
netas de  un  militarismo  exaltadísimo.  El  Gobierno  del  Em- 
perador estaba  viciado  por  su  origen;  así  es  que  en  el  Con- 
greso sólo  contaba  con  una  minoría:  la  mayoría  le  era  ad- 
versa y,  cediendo  á  la  expansión  de  sus  sentimientos,  era 
propicia  á  las  ideas  de  Valle,  quien  desde  luego  trató  de  pre- 
parar la  opinión  para  hacer  triunfar  su  causa,  la  Indepen- 
dencia de  Centro-América. 

Dificilísima  era  la  situación  del  Imperio.  Las  conspira- 
ciones y  las  sediciones  lo  cercaban  y  amenazaban  de  muerte. 
Se  había  fundado  sobre  el  deleznable  pedestal  de  la  fuerza, 
y  tan  sólo  le  ocurría  emplear  la  fuerza  para  inutilizar  las 
oposiciones.  En  4  de  Agosto  propuso  al  Congreso  que  hu- 
biese en  la  capital  de  cada  provincia  un  Tribunal  compuesto 
de  dos  oficiales  del  ejército  y  de  un  letrado,  nombrados  por 
el  Emperador,  que  conociese  exclusivamente,  ó  á  preven- 
ción, de  los  delitos  de  sedición,  conspiración,  homicidios, 
hurtos  y  heridas:  que  las  apelaciones  se  hiciesen  para  ante 
el  Capitán  General  de  la  provincia;  y  que,  no  siendo  con- 
formes los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia,  se  ocurrie- 
se en  súplica  al  Supremo  Tribunal  de  la  guerra.  Tan  deli- 
cado asunto,  que  puso  en  alarma  á  los  mexicanos,  de  orden 
del  Congreso,  pasó  á  la  Comisión  de  Constitución,  unida  á 
la  de  legislación.  Valle  comprendió  que  de  adoptarse  el 
proyecto  de  ley  del  Gobierno  sería  someter  á  Guatemala  al 
juicio  de  oficiales  mexicanos,  nombrados,  por  el  Empera- 
dor, dificultándose  más  de  esta  suerte  la  independencia  de 
Centro- América.  Valle  se  opuso  al  proyecto,  y  dio  dicta- 
men en  su  contra.     El  Congrego   apoyó  el  dictamen  de  Va- 


71 


lie,  y  lo  hizo  publicar:  el   Ministro  del    Imperio  retiró 
proyecto  de  ley.     Hermos©  triunfo  de  la  oposición  mexica- 
na!   Brillante  triunfo  parlamentario,  el  del  centro-america- 
no José  del  Valle! 

No  obstante  la  derrota  sufrida  por  la  política  aut«. 
ria  del  Imperio,  en    16  del  mismo  mes  de  Agosto,  se  j 
sentó  al  Congreso  la  cuestión  de  si    este  ó  el   Ejecutivo  de- 
bía nombrar  los  Ministros  del  Tribunal  Supiv  lus- 
ticia.    Valle,  en  un  luminoso  discurso,  calcado  sobre  la  \ 
dadera  teoría  de  la  división  y  responsabilidad  de  los  poderes 
públicos,   estuvo  por  el  nombramiento  del  Congreso.     Este 
hizo  imprimir  su  discurso,  y  siguió  su    parecer.      Valle,  en 
medio  de  los  entusiastas  aplausos  de  la  galería,  alcanzó  un 
nuevo  y  espléndido  triunfo  parlamentario,  ('-i) 

Por  aquellos  dias,  Valle  trabajaba  con  el  Beflor  Hendióla 
el  proyecto  de  Constitución,  asentando  en  él  científicos  é  in- 
contestables principios  de  los  que  debía  derivarle,  ton  rigor 
lógico,  la  independencia  de  Guatemala.      Fijaba  loe  funda- 
mentos que  debían  servir  para  una  seria  y  decisiva  dtaooei 
La  laboriosidad,  esclarecidos  talentos  y   carácter  superior 
de  Valle,  le  habían  captado  el  aprecio  y- simpatía* 
Diputados,  sus  compañeros,  quienes,  en  '-¿4  <!»•  A 
ronle  una  alta  prueba  de  confianza  y  de  consideración,  nom- 
brándolo Vice-Presidente  del  Congreso. 

Tal  era  el  puesto  eminente  de  Valle,  cuando  ám  «i. 
compañeros  fueron  á  su  habitación  á  manifestarle  <im'  mu 

(2)  Sé.  por  tradición,  que  Valle  era  <i  orador  dominante  "»aa  da 

.México;  que  cuando  iba  á  hablar  la  sociedad  me\ieana  s,-  mi| 
dicen  que  se  impacientan  en  España,   separando  la  un-1 
Emilio  Castelar;  y  que,  corno  sucede  con  tan  tainos.)  i  ni  ■ 
gos  se  decían,  llenos  de  interés  y  de  entualasnio: 

Señor  Valle."    Qué  poder  el  del  talento!    Qué  mágtoo  ascendiente  el  de  la  pa- 
labra:    Qué  envidiable  gloria  la  del  verdadero  oradorl 


72 


chos  de  los  Diputados  opositores  iban  á  ser  presos:  un  ve- 
cino de  la  capital  le  ofreció  su  casa  para  que  se  asilase,  y 
otro  se  empeñó  en  que  fuese  á  ocultarse  en  casa  del  Repre- 
sentante de  Colombia.  Pero  Valle  no  quiso  huir,  ni  estar 
oculto.  "Que  huyan,  dijo,  ó  se  escondan  los  que  son  reos 
ante  la  ley:  I03  que  han  cometido  delitos  y  son  positivamen- 
te criminales.  Yo  no  conozco  el  crimen:  yo  soy  hombre  de 
bien:  yo  respeto  la  virtud  y  procuraré  siempre  respetarla." 
Cruzado  de  brazos,  inerme,  pero  con  la  conciencia  tranqui- 
la, con  la  serenidad  del  justo,  esperó  el  rudo  golpe  del  mi- 
litarismo del  imperio. 

El  atentado  del  militarismo  no  se  hizo  esperar  mucho 
tiempo.  Valle,  á  la  vez  que  otros  Diputados,  militares 
y  paisanos,  sin  orden  escrita,  fué  preso  el  26  de  Agosto,  y 
recluso,  como  reo  de  estado,  en  el  Convento  de  Santo  Do- 
mingo, bajo  mandamiento  de  incomunicación,  y  con  cen- 
tinela de  vista.  Al  encarcelar  á  Valle  y  tenerlo  en  la  pri- 
sión, sin  observarse  requisito  alguno,  se  violaron  los  artícu- 
los 172,  128  y  190  de  la  Constitución  española  del  año  12, 
á  la  sazón  adoptada  en  México.  Pero  ¿qué  importan  los 
artículos  de  una  ley,  aunque  esta  ley  se  llame  fundamen- 
tal, al  absolutismo  que  tiene  por  criterio  la  fuerza  y  por 
fin  la  venganza?  ¡Desgraciados  de  los  que  tienen  fé  en  la 
ley  en  las  épocas  de  absolutismo  ó  de  anarquía!  La  ley  es 
la  irrisión,  el  ideal  que  se  pisotea:-  la  arbitrariedad  es  el 
hecho  que  oprime,  el  hecho  que  mata:  es  justicia  infer- 
nal, pero  es  justicial  (3) 

Inenarrables  fueron  los  profundos  dolores,  los  crueles 
sufrimientos  que* se  apoderaron  del  ánimo  de  Valle  al  verse 
en  extraña  tierra,  en  medio  de   lo  desconocido,   preso,  inde- 

(3)  Frase  del  poeta  García  Gutiérrez. 


73 


fenso,  y  á  distancia  inmensa  de  su  familia  que  había  de  i 
bir,    entre  indecibles   congojas,  tristísimas  nuevas  del 
fuera  su  sostén,  su  padre  cariñoso.     Mil  y    mil  pensamien- 
tos lúgubres,  desgarradores,  se  agolpaban   en  la   mente  de 
Valle.    Dirigía  representaciones  al  Gobierno,  y  eran  TO 
era  reo  de    Estado,  y  se  le  interrogaba  como  testigo:  qi 
saber  el    porqué   de  su    prisión,  é  ignoraba  el    oort 
proceso:    todo  era  dudas,  todo  era  incertidumbres   para  el 
pobre  preso  que  sentía  en  el  alma  inmensa  desolación.     Pa- 
ra dolores  tan  intensos,   para  infortunios  tan  amargos,  solo 
había  el  lenitivo  de  la  cariñosa  benevolencia  de  los  relisio- 
sos   de  Santo   Domingo,  y    el  dulce   lenitivo  del   estudio. 
Franqueáronse  á  Valle,  por  los  religiosos,    las  puertas  de  la 
Biblioteca  del  Convento,  y  pasaba  los  dias  enconado  en   eu 
silencioso  recinto, 'estudiando  antiguos  manuscrii< 
guos    impresos  relativos  á  los  sucesos  y  establecimientos  de 
México;  leyendo  antiguas    Gacetas  que    le  hacían  observar 
los  progresos  de  la  nación;  y  revisando  los  mapas  de  N 
España,  los  de  Álzate,  Hurnboldt,  Arowsmith  y  Brne,  que 
rectificó  en  vista  de  nuevos  informes  y  de   propias 
ciones.     Con  qué  noble  y  bella  figura  se  presenta  Valle  á  la 
imaginación  como  prisionero  infelicísimo  en  el  Convente  de 
Santo  Domingo!     Se  me  figura  ver,  bajo  la  bó 
Dría  y  solitaria  estancia,  á  aquel  hombre  de  tes  pal 
cada  por  los  surcos   que  deja  impresos   el  pen.-ami- 
parece-  ver,  al  caer  de  melancólica  tarde,  á  los  áltioi 
del  sol    poniente,    que    penetraban  por    lasa',; 
ventanas  de  las  tristísimas  celdas  del  Convento 
mingo,  á  aquel  hombre  febricitante,  poseído  del  antis  d o  sa- 
ber, inclinado  sobre  viejos  manuserii. 
Hilados  por  los  siglos:  me  parece  verlo   Leyendo   j  i 


74 


á  leer  seculares  documentos,  lleno  de  mortal  tristeza, 
pero  lleno  también  de  noble  afán  por  encontrar,  en  aquellas 
memorias  del  pasado,  las  huellas  de  una  civilización,  y  al- 
gún germen  precioso  para  lo  porvenir!  ¡Qué  cuadro  tan 
solemne!  ¡Qué  admirable  combinación  de  luz  y  de  sombras! 
Si  yo  fuera  pintor,  y  tuviese  artístico  genio,  y  una  paleta 
rica  en  colores,  retrataría  á  Valle  escogiendo  aquellas  lentas 
horas  en  que  estudiaba,  como  sabio,  en  el  Convento  de 
Santo  Domingo;  aquellas  horas  tristísimas  que  evocan  el  re- 
cuerdo de  la  Edad  Media,  de  aquella  época  en  que,  fuera 
del  perímetro  de  las  agitaciones  de  las  luchas  del  siglo,  la 
ciencia,  deidad  adorable,  tenía  seguro  asilo  en  las  silenciosas 
celdas  de  los  Conventos,  poblados  de  sombras  y  misterios  . . . 
Pero  hé  aquí  que  cuando  Valle  estaba  más  concentrado 
en  sus  estudios,  que  cuando  escribía  algunos  capítulos,  los 
más  interesantes  de  su  Ensayo  sobre  las  ciencias,  (4)  de 
improviso,  á  las  seis  de  la  tarde  del  dia  2*2  de  Febrero  de 
1823,  presentósele  un  oficial  de  Iturbide  para  entregarle  un 
pliego  de  su  soberano.  Imposible  expresar  la  sorpresa  de 
Valle!  En  el  pliego  se  le  comunicaba  su  nombramiento  de 
Secretario  de  Estado  y  del  Despacho  de  Relaciones  Exterio- 
res, y  se  le  prevenía  se  dirigiese  á  Zapaluta,  residencia  del 
Emperador,  á  recibir  instrucciones.  Se  ordenaba,  además, 
al  Capitán  General  le  diese  una  escolta  y  los  auxilios  nece- 
sarios para  que  se  encaminase,  sin  demora,  al  lugar  de  la 
residencia  imperial.  ¡Qué  cambio  tan  inesperado,  tan  brus- 
co en  la  posición  de  Valle!  Aquello  era  como  el  súbito  des- 
pertar de  un  sueño  de  horrores.  Qué  transición!  Pasar 
de  una  estrecha   cárcel  á  una  absoluta  libertad;  pasar  de  la 

(4)  Obra  inéditada  comenzada  en  Guatemala  algunos  años  antes  de  la  pri- 
sión de  su  autor. 


75 


condición  de  mísero  reo,  oprimido  y  olvidado,  á  ejercer  la 
primera  Secretaría  del  Imperio;  pasar  del  abatimimiento 
de  la  impotencia,  á  la  plena  animación  y  al  ejercicio  de 
un  gran  poder;  pasar  de  la  penumbra  de  una  celda  silen- 
*  ciosa,  á  la  esplendente  luz  del  medio  dia,  y  al  bullicio  del 
mundo  y  de  la  política.  ¡Qué  raras,  qué  dramáticas  son 
las  situaciones  de  ciertos  hombres!  ¡Qué  grandes,  qué  ma- 
ravillosas las  antítesis  de  su  vida!  Imposible  explicar  su 
misterioso  contraste,  como  imposible  es  explicar  cuándo  la 
mansa  onda  del  cristalino  arroyuelo  formará  parte  de  la  ola 
embravecida  del  inmenso  océano! 

Í  Valle  se  presentó  ante  el  Emperador,  quién  manifestóle, 

con    hidalga  franqueza,  que  lo  había  nombrado  su  MÍO 
para  darle   alguna   satisfacción  por  los   agravios  que   había 
sufrido.     Valle  olvidó  las   ofensas   recibidas,    le  ofreció  sus 
respetos,  y   le  protestó  su  gratitud;  pero  le  expresó,  al 
mo  tiempo,  que  no  podía  aceptar  el  honor  que  se  le  dit] 
saba.      "Un  Ministro,    le  dijo  ante   algunas  personas   que 
estaban   presentes,- debe  ser  el  primer  hombre  en  la  ciencia 
de  los  gobiernos;  el  primero  en  el   conocimiento  de  la  na- 
ción que    ha  de  dirigir.     No  debo  tener  el  orgullo   de  dar- 
me el  primer  título.     No  ha  siete   meses  que  llegué  á 
xico,  y  no  tengo,  por  consiguiente,   todos  los  OOWOeiflH 
necesarios  de  esta  nación. "  (5)  Añadió  algunas  otMH 
sideraciones  para  justificar  la  lio  aceptación  de  la  8 
de  Estado;  pero  Iturbide  insistió  y  volvió  &  ¡asistir,  >   \ 
se  vio  en  el    caso   de  ejercer  las  funciones  de  su  all 

Los  enemigos  políticos   de  Valle,    más  tarde  y  en  ■! 
sas  ocasiones,  pretendieron  desprestigiarlo  pot  u'ióu 

del  ministerio,    tachándolo  de  monárquico,  de  impera 

(5)  Manifiesto  de  Valle  ala  Nación  gimt.m.ilniiu,  18*8. 


76 


Semejante  cargo  no  lo  mereció  Valle,  si  es  que  se  juzgan 
sus  actos  á  la  luz  de  una  crítica  imparcial.  Cierto  es  que 
respetó  la  legalidad  existente  durante  la  colonia:  cierto  es 
que  fué  hasta  complaciente  con  los  peninsulares,  y  por  tales 
complacencias  lo  he  juzgado  con  severidad;  pero  consuma-» 
da  ia  independencia,  Valle  fué  el  devoto  más  sincero  del 
nuevo  régimen,  y  de  las  nuevas  instituciones,  y  el  defensor 
más  tenaz  de  sus  fueros  y  excelencias.  Si  Valle  hubiera  si- 
do imperialista  no  habría  sido  el  opositor  más  ardiente  á  la 
política  del  Imperio  en  el  Congreso  mexicano:  no  habría  re- 
nunciado su  cargo  con  insistencia  ante  Iturbide:  no  le  ha- 
bría enviado  algunos  dias  después  su  dimisión,  en  términos 
decisivos,  á  su  residencia  de  Tacubaya,  dimisión  que  no  fué 
aceptada  en  términos  absolutos:  no  habría,  en  fin,  susten- 
tado en  el  Ministerio  una  política  de  moderación  y  de  jus- 
ticia, cuando  el  Imperio,  creado  por  la  fuerza  del  militaris- 
mo, no  podía  hallar  más  salvación  probable  que  en  el  em- 
pleo de  medios  coercitivos,  de  fuerza  y  de  intimidación.  Si 
Valle  fué  Ministro  del  Imperio  de  Agustín  I,  fué  porque 
una  necesidad  indeclinable  lo  exigía,  y  porque  además  su 
puesto  era  propicio  para  trabajar  en  provecho  de  los  intere- 
ses de  su  patria,  nunca  olvidada,  de  Centro- América.  La 
Historia,  que  debe  ser  justa,  absolverá  á  Valle  del  cargo 
que  le  hicieran  sus  enemigos  políticos,  mal  aconsejados  por 
el  espíritu  de  ri validad,  por  el  espíritu  de  las  pasiones  que 
no  sabe  perdonar  ni  á  los  hombres  de  acrisolada  honra.  Pe- 
ro las  pasiones  condenan,  y  la  Historia  absuelve.  Hé  aquí 
la  más  preciosa  garantía  de  los  hombres  públicos  que  saben 
cumplir  con  su  deber. 

Valle,  en  el  ministerio,  no  estuvo   en  un  lecho  de  rosas. 
El   Imperio   estaba  vacilante,    bamboleaba:  las   oposiciones 


77 


eran  grandes  y   amenazadoras:   la  angustiosa   situación  del 
Gobierno  exigía  muchos  trabajos,  muchos  esfuerzos,  muchas 
vigilias,    y  Valle  trabajaba,    de  día  y  de   noche,  sin   darse 
punto  de  reposo.     No  le  tocaban  dias  de  calma  y  de  solaz, 
#  esos  dias  benditos  que   buscan,  desalados,   los   politicastros 
del  éxito  y  de  los  medros  personales.     Valle  veía  que  la 
be  tempestuosa  se  agrandaba  y  se  ennegrecía,  de  momento 
en  momento,  y  era  preciso  conjurar  la  tempestad.     r;Cómo 
conjurarla?     ¿Cómo  hacer   que  la  crisis  social  se  resolviese 
de  un  modo  benéfico  y  honroso?     ¿Se  emplearía  la  política 
de  un  militarismo  atentatorio  á  todo  derecho,  la  política  del 
terror?     ¿O  se  emplearía  la  política  de  moderación  y  j 
cía    que  abre  campo  al    sentimiento  nacional  y    al  espirita 
dominante    de  la  opinión  pública?     Iturbide   y  Valle  •■■ 
vieron   por  esta  generosa   y  salvadora  política.      Valle,  que 
como    Diputado,    no  había  querido  la   violencia,   tam] 
quiso  la  opresión  como  Ministro  de  Iturbide:  trabajaba 
que  el  Imperio  no  concluyese  con  una  catástrofe:  DO  quería 
ni  el  desenlace  de  una  revolución  sangrienta,  ni  el  d 
de  una  reacción  liberticida  que  malograse  las  oonqoistas  de 
la  independencia.   Esta  política  triunfó  para  honra  de  Itur- 
bide y  de  Valle.   Las  ideas  republicanas   se  hicieron    pn 
minantes  en  México.      Kn  6  de  Diciembre  del   uno  de 
Santa  Ana  proclamó  en  Veracruz  la  Repúblioa,  y  fon,, 
plan  llamado  de  Casa  Mata,  secundado  por    D 
ro  y  otros  get'es.      El  Emperador,  aunque  con    mi¡. 
tidarios  y  con  un  valor  personal  á  toda  prueba,  BVlt 
mente  la  guerra  civil:   abdicó  la  ooron 
dejó  el  país,  embarcándose  con  su  familia  cu   \ 
el    bergantín  inglés  Iíawlins,    el  11  de  Mayo    de  I-' 
Véase  la  Historia  .i-  México  por  Manuel  I 


De  manera  tan  pacífica  y  honrosa  terminó  el  Imperio  de 
Agustín  I,  y  con  el  Imperio,  el  cargo  desempeñado  por  el 
estadista  Valle.  Cuánto  enseña  la  Historia!  Qué  apren- 
dan nuestros  caudillos!  Iturbide  y  Valle  dejaron  nada  me- 
nos que  uno  de  los  más  vastos  y  ricos  imperios  del  mundo; 
(?)  y  lo  dejaron,  teniendo  prestigios  y  elementos,  sin  lu- 
char, por  evitar  una  guerra  civil;  por  evitar  que  se  derra- 
masen lágrimas  y  sangre.  Cuando  la  opinión  se  subleva,  y 
la  guerra  amenaza  con  sus  horrores,  ¿dejan  así  el  mando  de 
un  pobre  Cacicazgo  nuestros  caudillos  centro-americanos? 
Qué  nuestra  Historia  responda,  y  que  nuestra  juventud  se 
inspire  en  el  noble  ejemplo  de  su  compatriota  ilustre,  del 
Ministro  de  Iturbide! 

Merece  mencionarse  especialmente  un  noble  rasgo  de  la 
conducta  de  Valle,  durante  el  tiempo  que  estuvo  en  las  al- 
turas del  poder.  Supo  quienes  habían  sido  los  intrigan- 
tes, los  delatores  que  movieran  al  Gobierno  para  efectuar 
su  prisión;  tuvo  al  alcance  de  la  mano  á  los  causantes  de 
su  pasada  desgracia;  pudo  haberse  vengado;  mas  hacién- 
dose supenor  á  todo  resentimiento,  á  todo  encono,  renun- 
ció á  la  venganza.  Sus  ocultos  enemigos,  los  que  le  hirieran 
por  detrás,  sólo  pudieron  arrancarle  estas  amargas  pala- 
bras, verdaderas  en  todos  los  tiempos  y  lugares:  "Los  rep- 
tiles que  entran  arrastrándose  en  los  palacios,  para  abusar 
después  déla  autoridad  cou  orgullo:  los  delatores  oscuros, 
los  informantes  ocultos,  han  sido  siempre  los  que  he  visto 
con  más  horror '  Grande  fué  Valle  por  el  olvido  ge- 
neroso de  las  ofensas  que  recibiera,  y  justo   por  el   terrible 


(7)  Con  excepción  de  los  Imperios  de  la  Rusia  y  la  China,  el  Imperio  mexi- 
cano era  el  más  grande  del  mundo:  comprendía  desde  Centro- América  hasta 
Texas,  las  Californias  y  Nuevo  México. 


79- 


anatema   que  lanzó   sobre   los   hombres-reptiles   qne   sor- 
prenden al  que  manda  para  herir,  alevosa  y  cobardem 
te,  á  las  víctimas  de  su  odio  ó   de  su    envidia.     La  con- 
ducta y  las  palabras  de  Valle  siempre  serán  una  saludable 
lección. 

Caido  el  Imperio   se  restableció  el   Congreso  que  había 
sido  disuelto  en  30  de   Octubre  de  1822;  y  en  31  di-  M 
de  23  constituyó  un  Poder  Ejecutivo,   compuesto  de  Br^ 
Victoria,   Negrete   y  Guerrero.     Valle  volvió  á   ocupar  su 
puesto  de  Diputado,  y  el  Congreso  continuó  dispensan*: 
su  confianza,  y  haciéndole  honores  dignos  de  sus   altos  mé- 
ritos.    En  14  de  Mayo   de   1823   fué  nombrado  individuo 
de  la  Comisión  especial  para  fijar  las  bases  de  la  QetMtftn- 
ción,    bases  que  explicó  en  un  notable  escrito,  que  fué  im- 
preso de  orden  del  Congreso.     Fué  también  nombrado 
cal   de   otras   comisiones   importantes   en  las  que    trti 
empeñadamente,    mereciendo   siempre  la   aprobación  y    al 
aplauso  de  sus  colegas. 

El  12  de  Abril  hizo  una  extensa   representación  al  Con- 
greso, evidenciando  la  nulidad  del  Acta  da  anexión  da  ( I 
témala  á  México,  y  pidiendo  la  salida  de  las  tropas  da  Fili- 
sola  que  operaban  en  territorio   centro-americano.     Ro  pn 
mero  de  Julio  se  trató  en   definitiva  la  gran    em  stión  N 
la  independencia  de  Guatemala.      Valle  pronuncio  en  aqiw- 
lia  sesión  memorable  un  extenso   y  luminoso  di* 
los  incontestables   derechos  de  Centro-América  a  >u    inde- 
pendencia y    á  su    libertad,  derechos  tanto    nal  htttagal 
cuanto    que   estaban  declarados   ¡natfcbf  <'l    P«M 

Iguala  y  los  Tratados  de  Córdova,  robra   ouyaa  batea ae  ha- 
bía hecho,  por  un    conciliábulo  de   imperta 
da  v  traidommente,   la   anexión    de    Cuaterna 


80 


La  poderosa  voz  de  la  razón  se  hizo  oir:  Valle  llevó  á  todos 
los  ánimos  el  convencimiento.  El  Ministro  del  nuevo  Go- 
bierno manifestó  al  Congreso  que  Guatemala  debía  estar 
en  libertad  para  constituirse  corno  le  pareciese,  y  que  de- 
bían retirarse  las  tropas  de  Filísola.  El  Congreso,  cediendo 
á  la  justicia,  hidalga  y  brillantemente  representada  por  Va- 
lle, dio  un  acuerdo  confirmando  los  puntos  indicados  por  el 
Ministerio.  El  acuerdo  del  Congreso  resolvió  por  com- 
pleto la  cuestión,  y  dejó  garantizada  la  independencia  de 
Centro-América.  (8) 

Tras  largos  meses  de  propaganda,  por  medio  de  la  pren- 
sa, y  de  trabajos  parlamentarios  en  favor  de  la  emancipa- 
ción de  Guatemala,  Valle  vio  colmados  sus  deseos,  satisfe- 
chas sus  aspiraciones,  que  eran  los  deseos  y  aspiraciones  del 
patriotismo  centro-americano.  Alcanzado  su  honrosísimo 
triunfo,  en  3  de  Setiembre  dirigió  un  oficio  al  Congreso, 
manifestando  que  había  sido  electo  Diputado  á  la  Asamblea 


(8)  Sobre  este  interesante  punto  aun  no  se  ha  fijado  la  atención  de  los  cen- 
tro-americanos. La  segunda  Independencia  de  Centro-América  se  debe  á  .Jos»'' 
del  Valle.  Es  necesario  hacerle  esta  justicia,  pese  á  quien  pese.  Supóngase 
que  Valle,  merced  á  sus  perseverantes  y  prestigiosos  trabajos,  no  hubiese  obte- 
nido del  Gobierno  y  del  Congreso  mexicanos  la  declaración  y  garantía  sobre 
la  independencia  de  Centro-América:  supóngase  que  el  Gobierno  y  Congreso 
hubiesen  querido,  con  firmeza,  que  Centro-América,  unida  al  Imperio,  hubiese 
continuado  unida  á  la  República :  dado  este  supuesto,  no  obstante  la  dejación 
que  del  mando  hizo  Filísola,  no  obstante  la  decisión  de  los  Independientes  cen- 
tro-americanos, la  anexión  á  México  habría  continuado.  Pudo  efectuarse,  aun- 
que de  hecho,  la  anexión  al  Imperio;  pues  con  mayor  razón  pudo  efectuarse  la 
anexión  á  la  República.  Y  si  no,  hé  aquí  una  prueba.  La  República  mexicana  qui- 
so tomar  nuestra  provincia  de  Chiapas,  y  Chiapas  le  pertenece:  quiso  tomar  nues- 
tro territorio  del  Soconusco,  y  el  Soconusco  también  le  pertenece.  Multipliqúese 
por  cinco  esta  cantidad  de  fuerza,  y  tendremos  el  resultado  de  la  multiplica- 
ción en  favor  de  México.  Sin  los  trabajos  de  Valle,  y  sin  el  respeto  de  México 
al  derecho,  hoy  constituiríamos  un  gran  Estado  de  la  Federación  mexicana.— 
Unidos  á  aquella  gran  nación  que  hoy  tiene  verdaderas  instituciones,  ¿seríamos 
más  felices?/  Mi  razón  me  dice  que  sí:  mis  sentimientos  de  centroamericano 
me  dicen  que  no.  Gracias,  pues,  sean  dadas  á  Valle  que  sustentó  la  causa  fyue 
ama  nuestro  corazón.  En  cuanto  á  lo  dem&s,  principios,  ideas,  libertad,  justi- 
cia, civilización,  el  porvenir  decidirá Yo  creo  en  lo  porvenir! 


«1 


Nacional  de  Guatemala,  y  que  él,  lo  mismo  que  sus  com- 
paneros guatemaltecos,  habían  recibido  orden  de  su  Gobier- 
no para  regresar  á  su  país.  El  Congreso  mexicano  dio  por 
retirados  á  los  Diputados  centro-americanos,  y  Valle  dejó 
de  asistir  á  las  sesiones. 

Resuelta  para  Valle  toda  cuestión   política  en  orden   á 
su  patria,  tan  sólo  se  ocupó  en  preparar  su  regreso,  y  en 
enriquecer  su  inteligencia  con  nuevos  conocimientos  sobre 
los  elementos  materiales  y  morales  de  México.     "Una  na- 
ción, decía,  es  un  libro  muy  grande,   de  instrucción   tniiv 
vasta  y  profunda.''     Volvió  á  leer  el  Ensayo  político  de 
Humboldt,   estudió  en  los  archivos  los  mismos  impresos  y 
manuscritos   que  tuvo   en  sus  manos  y  que  estudió  aquel 
sabio  viajero:  visitó  y  observó  los  establecimientos  públi- 
cos: dedicó  atento   examen  á  los  minerales  y  á  la   llora  y 
la  fauna  de  México,   y  consiguió  algunos  instrumen tos  de 
observación   para  emplearlos  en  nuevos  estudios,  doral 
su  regreso  á  Guatemala.     El  viaje  de  regreso  de  Valle 
el  viaje  de  un  sabio.    Observaba  las  temperaturas  y   | 
ducciones  de  cada  lugar,  fijaba  las  distancias  de   loó   p 
blos,  estudiaba  sus  usos  y  costumbres,  tomaba  alturas  ba- 
rométricas y  termométricas,  coleccionaba  y  clasificaba  mi- 
nerales y  vegetales,  y  hacía  toda  clase  de  observaci' ■:. 
consignaba  en  un  diario  de  su  viaje.     Quería  regresar  á 
Guatemala  riquísimo  en  conocimientos  para  poner  W 
cía  al  servicio   de  sus  conciudadanos.      Bajo    un; 
tan  halagüeñas,  y  con  la  más  pura  é  indecible  alegría  de 
su   alma,  después  de  dos  aflos  de  am  D   principios 

de  1824,  Valle  entró  en  la  capital  de  (iua1 
fiado  de  numerosos  amigos  que  hablan  salido  I  IH  1 
tro  para  darle  plácemes  de  bienvenida,     [nolfidftbb   fué 


82 


para  Valle  aquel  dia  venturoso  de  su  retorno.  Más  tarde 
decía  con  tierna  emoción:  "Si  me  hubiera  sido  posible 
estrechar  en  mis  brazos  á  Guatemala,  yo  la  hubiera  apre- 
tado entre  ellos,  con  más  gozo  que  un  amante  al  objeto 
de  sus  amores."  En  aquel  dia  feliz  el  sabio  callaba;  ha- 
blaba tan  sólo  el  hombre  de  corazón. 


CAPITULO  SEXTO. 


Lo  que  había  sucedido  en  Centro-América  durante  la  ausencia  de  Valle.— Valle 
ejerce  el  Poder  Ejecutivo  Nacional  de  Centro-América.—  Constitución  de 
1824.— Valle  dá  cuenta  al  primer  Congreso  federal  de  los  trabajos  del  Co- 
bierno.— Elección  de  Valle  para  Presidente  de  la  República  de  Centro- 
América.— El  Congreso  anula  su  elección.— Retraimiento  de  Valle,  y  su 
Manifiesto  de  1825.— Valle  funda  el  ''Redactor  General:"  sus  escritos  como 
publicista.— Conducta  de  Valle  durante  la  reacción  de  Arce  y  los  conserva- 
dores de  Guatemala.— Discursos  de  Valle  en  1829.—  Valle  juzgado  como 
orador. 


Entre  tanto  que  Valle  permanecía  en  México  trabaj 
en  favor  de  la  independencia  de  sn    patria,   grandes  y   rui- 
dosos acontecimientos   ocurrían   en  Centro-América.     La 
provincia   del   Salvador   había   entrado   en   heroica   lucha 
con  Guatemala  para  defender  los  fueros  de  la  indi  penden- 
cia:  los  imperialistas   guatemaltecos,    sobradann 
nales,  como  sobradamente   ineptos,    habían  sido 
para  someter  á  los  independientes  salvadoreños:  i 
beleidoso  Gainza,  había  sido  llamado  á  México  por  ser  con- 
ceptuado como  sospechoso,  ó  por  lo  meo  •  inútil:  al 
Brigadier  Don  Vicente  Filísola  había  llegado 
con  seiscientos  mexicanos,  se  había  hecho  cargo  de] 
como  Capitán  General  de  la  provincia,  y  había  mi 
teatro  de  la  guerra:  el  sometimiento  de  lofl 
estaba  para  consumarse,  y  sufrían   aten! 
déla  soldadesca  mexicana,  cuando  KilNfla   i 
pronunciamiento  de  Casa-Mata:  Filísola.  qne  gobernó  00» 


84 


un  buen  sentido  y  con  una  moderación  que  honran  su  me- 
moria, había  convocado,  en  29  de  Marzo  de  1823,  un  Con- 
greso que  debería  reunirse  en  Guatemala,  conforme  al  Ac- 
ta de  15  de  Setiembre  de  1821:  á  la  sazón  Honduras  estaba 
en  conmoción,  y  grandes  disturbios  ocurrían  en  Nicaragua  y 
Costa-Rica:  el  24  de  Jumo  se  había  instalado  solemnemente 
la  Asamblea  Nacional  Constituyente,  compuesta  de  los  hom- 
bres más  notables  de  CentroAmérioa:  la  Asamblea  que  ha- 
bía abierto  sus  sesiones,  en  29  del  mismo  mes,  había  toma- 
do en  consideración  el  Acta  de  5  de  Enero  de  1822,  y  de- 
clarado en  el  memorable  Decreto  de  1.°  de  Julio  de  1823, 
que  las  provincias  de  que  se  componía  el  Reino  de  Guatema- 
la eran  libres  é  independientes  de  la  antigua  España,  de 
México  y  de  cualquiera  otra  potencia,  así  del  antiguo  como 
del  nuevo  mundo,  y  que  no  eran  ni  debían  ser  el  patrimo- 
nio de  persona  ni  familia  alguna:  que  dichas  provincias 
tuviesen  la  denominación  de  Provincias  unidas  del  Cen- 
tro de  América:  el  Congreso  se  había  ocupado  en  dictar 
otras  medidas  de  alta  importancia  y  de  constituir  un  Poder 
Ejecutivo  provisional,  compuesto  de  tres  individuos  de  cu- 
yo número  fué  José  del  Valie,  por  segunda  elección  de  la 
Asamblea.  Tales  fueron  los  sucesos  principales  que  se  ha- 
bían verificado,  tal  era  la  situación  de  Centro- América 
cuando  Valle,  electo  Diputado  é  Individuo  del  Poder  Eje- 
cutivo, llegó  de  regreso  de  México  á  Guatemala,  en  princi- 
pios del  año  de  1824. 

A  instancias  de  ia  Asamblea  Nacional,  Valle,  el  5  de 
Febrero  de  1824,  tomó  posesión  de  su  cargo  como  individuo 
del  Supremo  Poder  Ejecutivo.  Valle  era  el  pensamiento, 
era  el  nervio  de  aquel  Gobierno  provisional.  No  vivía  para 
su  familia  ni   atendía  á  sus  intereses;  tan  sólo  vivía  para  la 


86 


patria,  y  tan  solo  atendía  á  los  públicos  interese?.  No  se 
limitaba  á  hacer  lo  que  era  de  su  estricta  abligación.  Tra- 
bajaba como  individuo  del  Poder  Ejecutivo,  trabajaba  co- 
mo Secretario,  dictando  algunas  notas  para  auxiliar  al  Mi- 
nisterio, trabajaba  como  Presidente  de  la  Comisión  de  Ha- 
cienda, y  trabajaba,  en  fin.  como  redactor  de  "La  G 
del  Gobierno  Supremo  de  Guatemala,"  periódico  que  siem- 
pre deberá  consultarse,  pues  es  fuente  de  grandes  y  prove- 
chosas  enseñanzas  políticas  y  administrativas.  (1) 

El  asunto  más  serio,  de  más  vital   interés  que  embarga- 
ba la  atención  del  Poder  Ejecutivo,  fué  la  pacificación  de 
Nicaragua.     Esta  provincia,  por  el  afío  de  24,  estaba  des- 
trozada por  el   monstruo  de  la  anarquía:   su  vida  era  una 
vida  de  horrores:  formaba  lo  que  después  formó  Honduras 
bajo  el  desgobierno  del  General  José  María  Medina  y  de- 
más caudillos  que  precedieron  al  Gobierno  del  Señor  Don 
Marco  A.  Soto:  el  escándalo  de   la  América  Central.      Kn 
orden  á  la  pacificación  de  Nicaragua,  divergentes   eran   loe 
pareceres  de  los  gefes  del  Ejecutivo,  Valle  y  Aro 
retardaba  la  pacificación  porque  quería  el  empleo  de  medios 
prudentes  que  evitasen  la  intervención  armada  d( 
dor,  en  la  que  estaba  interesado  Arce  como  salvador,  lo, 
vando,  entre  otras  miras,   la  de  ensancb  u-  sufl  m  en 

Nicaragua.   Valle  obró  mal   comprometiendo,   por  espíritu 
de  rivalidad,  los  más  caros  intereses  de  toda  DI 
necesitada,  ante  todo,  de  paz  y  de  regularidad*  IVro  su  res- 
ponsabilidad se  atenúa  si   se  considera  que  l:i 
Salvador,  de  acuerdo  con    Arce,  qufeo  obrar   por  su   pi 
cuenta,  sin  contar  con  el  Gobierno  g 

[1]  Véanse  los  tomos  de  "La  Gaceta  de  Guatemala,' *  corretpoodtaotM  4  loa 
años  de  1824  y  1825. 


86 


eión  de  Nicaragua.  Valle  debió  poner  obstáculos  á  tales 
procedimientos,  pues  como  hombre  de  principios  y  de  vis- 
ta perspicaz,  comprendía  la  dañosa  trascendencia  que  ten- 
dría la  indisciplina,  la  insubordinación  del  Gobierno  de 
una  provincia.  Sin  embargo,  Valle,  para  hacerse  supe- 
rior á  odiosas  rivalidades,  y  cumplir  en  todo  con  su  deber, 
debió  poner  á  raya  las  extralimitaciones  de  la  autoridad 
salvadoreña,  y  á  la  vez,  emplear  prontamente  medios  efica- 
ces para  el  logro  de  la  completa  pacificación  de  Nicaragua. 
Esto  habría  hecho  honor  á  sus  prendas  de  particular  y  de 
gobernante,  y  habría  evitado  que  su  competidor  Arce  obtu- 
viese más  tarde,  en  1825,  el  triunfo  de  pacificar  á  Nicara- 
gua, y  de  dar  alguna  regularidad  á  su  modo  de  ser  político. 

Los  desacuerdos  de  que  he  hablado,  y  el  carácter  altivo 
y,  por  lo  común,  intransigente  de  Valle,  hicieron  que  Arce 
se  separase  del  Gobierno.  Arce  era  á  su  vez  orgulloso,  ha- 
bía prestado  grandes  servicios  á  la  causa  de  la  independen- 
cia, tenía  muchos  prestigios  entre  los  liberales,  poseía  la 
conciencia  de  su  alto  valer,  y  no  toleraba  el  predominio 
que  ejerciera  Valle  por  su  carácter  imponente  y  su  talento 
incontestable.  Sucedió  á  Arce  en  el  Poder  Ejecutivo  Don 
José  Manuel  de  la  Cerda,  sujeto  que  siempre  supo  distin- 
guirse por  su  moderación,  por  sus  desinteresados  servicios, 
y  por  su  amor  acendrado  á  la  independencia  y  á  las  institu- 
ciones republicanas.  Más  tarde  el  triunfo  definitivo  de  Ar- 
ce sobro  su  competidor  Valle  debia  ser  fecundo  en  males 
para  Centro-América. 

A  la  sazón  que  Valle  y  sus  colegas  ejercían  el  Poder  Eje- 
cutivo de  las  Provincias  de  Centro-América,  la  Asamblea 
Nacional  Constituyente  se  ocupaba  en  la  formación  de  la 
Ley  fundamental  que  había  de   darse  á  la  República.     La 


87 


Asamblea  estaba  dividida  en  dos  grandes  partido?,  el  fe- 
deralista y  el  centralista:  el  primero   estaba  formado  de- 
libérales que  querían  dar  á   Centro-América  una  Constitu- 
ción federal,   análoga   á  la  de  los  Estados  Unidos  del  Nor- 
te: el   segundo   estaba  formado  de   los   conservadores  que 
querían    hacer  de   Centro-A  mélica   una  República  unita- 
ria, y  constituirla  bajo  el  régimen  de   un  Gobierno  central. 
La  situación    de  las  provincias,  que  supieron  preparar  para 
su  objeto  los  liberales,  el  desprestigio  en  que   estal  an   las 
ideas  de  los  conservadores   que  acababan  de  ser   imperialis- 
tas, y  el  seductor  ejemplo  de  las  instituciones  norte-ameri- 
canas, todas  estas  causas,  unidas  á  una  gremio  inexperien- 
cia, dieron  en  la   Asamblea  el  triunfo  á  la  idea  de  los  f< 
ralistas.  Adoptado  el   principio   del  federalismo,  la  Asam- 
blea, después  de  ímprobos  y  honrosos  trabajos,  y  de  ru ¡do- 
mos debates  parlamentarios,  en  22  de  Noviembre  de  Lí 
emitió  la  Constitución  de  la  República  Federal  de  C«  ntfO- 
América.     Valle,  aunque  electo  Diputado,  no  figuró  en  la 
Asamblea  Constituyente,  por  estar  encargado  del   Ejecuti- 
vo.   Su  nombre  y  los  de  sus  colegas,  Don  José  Manuel 
la  Cerda,  y  Don   Tomás  0.    Ploran,    aparecen  ante 
el  ejecútese  de  la  primera  Constitución  de  la  RepAbl 

Valle,  en   algunos  de  sus  escritos,  ya  fu- 
motivos  de  patriotismo,  ya  fuese  por  íntimo  0OQT61 
to,    se  mostró  muy   satisfecho  de  la  nueva  Oooatll 
deral  de  Centro-América.     Sin  embargo,  infundada  era  su 
satisfacción.     Error  f  tu  ■Ivnjntil  toé,  i   ni  ji'Hi»'.  la  acep- 
tación de   un    régimen  federal  para  las  Provincias  del  an- 
tiguo reino  de  Guatemala,      El    federalismo    r 
tra  unidad  histórica: creó  para  un  pueblo. 
cación  política,  el  sistema  de  Gobierno  ma 


*« 


ticarse:  estableció  un  complicado  y  anti-económico  organis- 
mo gubernativo  para  un  pueblo  falto  de  comunicaciones  y 
de  recursos:  constituyó  un  poder  nacional,  destituido  de  su- 
ficientes y  vigorosas  atribuciones:  sembró,  en  fin,  en  el  sue- 
lo de  un  pueblo  inquieto,  apasionado,  de  raza  meridional, 
irreflexiva,  la  simiente  de  una  constante  guerra  civil.   (2) 

La  derrota  de  los  conservadores  que  tenían  razón,  y  el 
triunfo  de  los  liberales,  que  sólo  tenían  buenos  deseos,  nos 
han  costado  muy  caro,  y  muy  caro  costarán  también  á  las 
venideras  generaciones.  El  error  de  los  federalistas  del  año 
de  24  trajo,  antes  del  29,  la  anarquía  que  produjeron  los 
golpes  de  Estado  del  Presidente  Arce:  hizo  que  escollasen 
los  esfuerzos  del  genio  fecundo  de  Francisco  Morazán :  hizo 
que  en  el  año  de  39  quedase  despedazada,  hecha  girones  la 
Patria  centro-americana.  Hoy  mismo  aquel  funesto  error 
produce  la  ruinosa  y  excepcional  situación  de  las  pequeñas 
Repúblicas  de  Centro-América:  hoy  mismo  aquel  error, 
por  siempre  lamentable,  hace  que  en  toda  la  América  espa- 
ñola sólo  los  centro-americanos  tengamos  la  más  pavorosa 
de  las  cuestiones,  la  cuestión  de  buscar  los  medios  de  exis- 
tir políticamente.  México,  la  Confederación  Argentina, 
Colombia,  Chile,  Venezuela,  el  Perú  y  demás  Repúblicas 
del  Sur,  han  tenido  el  bueu  sentido  de  conservar,  bajo  una 
ú  otra  forma,  la  entidad  nacional,  fuerte  y  respetable,  que 
constituyeran  históricamente.  Algunas  de  dichas  Repúbli- 
cas han  hecho  grandes  conquistas  en  el  terreno  de  la  verda- 
dera democracia  y  de  la  verdadera  civilización,  y  no  podrán 
ya  retroceder:  las  menos  felices  tienen  cuestiones  dificilísi- 
mas que  resolver  en  lo  social  y  en  lo  político;  pero  no  tie- 

[2]  El  autor  de  esta  obra  hace  un  juicio  crítico,  amplio  y  fundado  en  antece- 
dentes y  hechos  concretos,  de  la  Constitución  federal  de  1824,  en  la  Biografía 
inédita  del  Benemérito  General  Don  Francisco  Morazán. 


89 


nen  que  resolver  la  cuestión  de  existencia,  la  cuestión  de 
ser  verdaderas  naciones.     Aunque  el  Perú  fuese  desmem- 
brado por  su  enemiga  Chile,  el  Perú  siempre  tendrá  e'e- 
mentos  para  ser  una  nación:  toda  su  cuestión  se  rediu 
modo  de  gobernarse  con  honradez  y  cordura.     Pero  entre 
nosotros,  á  causa  de  que  el  buen  sentido  práctico  sólo  ha 
brillado  por  su  ausencia,  existe,  lo  repito,   como  tristífima 
excepción  en  la  América  española,  el  más  pavoroso  y  terri- 
ble de  los  problemas,  el  problema  de  existir.     La  cm 
para  nosotros  no  es  de  atender  al  modo  de  gobernarse  cada 
una  de  nuestras  infinitesimales  Repúblicas:  la  cuesti. 
pital  es  unirnos  para  formar  una  verdadera  nación. 
didos  los  pueblos  centro-americanos,   pueden  hacerse 
los  benéficos  arreglos  imaginables,  pueden  emit 
las  Constituciones  más  perfectas  en  teoría,   pueden   b 
zarse  algunos  relativos  progresos,  y  armarse  grandes  al  gaza- 
Tas  en  pro  de  la  civilización  y  de  la  libertad.     Pero  todo 
esto  es  precario,  es  vano:  el   vicio  esencial  de  la  de- 
corroe  nuestro  raquítico  organismo,  nos  mata. 
mantiene  la  debilidad  de  nuestros  pueblos,  ¡ta  su 

inmoralidad,    elementos  que  serán  siempre  | 
que  imperen  en  Centro-América  la  anarquía 
mo  que  hacen  imposible  un  régimen  de  garantía 
daderas  instituciones  republicanas,   único  que  pi 
sentarnos  ante  el  extranjero  como  miembros  de  una  i 
digna  y  respetable.     A  qué  precio   se   paga   un  error  fun- 
damental en  política!    Después  de  más  dé  medio  ?iglo  de 
luchas  fratricidas,   el  error  de  los  federalista!  del  S  i  nos  ha 
legado  esta  cuestión  aterradora:   BÜSQ1 
DIOS  DE  EXISTIR;  SALVEMOl 
solveremos?    ¿Cuándo  habremos  de  salvara 


yo 


que  nos  ofrecen,  aunque  de  lejos,  el  buen  sentido,  la  liber- 
tad y  la  civilización?  Quién  sabe!  Ojalá  que  las  genera- 
ciones venideras  sean  más  felices  que  la  nuestra!  Entre 
tanto,  trabajemos  en  pro  de  las  ideas. 

Después  de  emitida,  en  22  de  Noviembre  de  1824,  la 
Constitución  de  Centro- América,  conforme  á  sus  prescrip- 
ciones, se  instaló  el  25  de  Febrero  del  año  siguiente,  de 
1825,  el  primer  Congreso  Federal.  Al  abrirse  sus  sesiones, 
Valle,  en  un  discurso  digno  de  un  verdadero  estadista,  in- 
formó á  los  Representantes  del  pueblo  centro-americano  de 
los  trabajos  llevados  k  cabo  por  el  Gobierno  provisional. 
Valle  dijo:  "Dirección  prudente  de  la  opinión:  orden  inte- 
rior: instrucción  pública:  hacienda:  fuerza:  riqueza:  rela- 
ciones exteriores:  constitución;  son  los  objetos  que  lian 
ocupado  al  Gobierno  y  á  los  cuales  ha  llamado  la  aten- 
ción de  todos  los  funcionarios."  Enumeró  las  labores  ad- 
ministrativas realizadas  con  relación  á  cada  uno  de  tan  im- 
portantes ramos  de  gobierno,  y  terminó  su  discurso  con  es- 
tas bellas  y  consoladoras  palabras:  "El  gobierno  presenta 
á  la  nación  sin  revolución  ni  movimientos  destructores:  la 
presenta  avanzando  en  su  carrera.  Un  labrador  laborioso 
recuerda  con  gozo  sus  trabajos,  y  vé  con  placer  sus  cosechas. 
Un  gobierno  celoso,  volviendo  los  ojos  á  los  suyos,  se  pene- 
tra de  ¡guales  sentimientos.  Trabajé,  dice,  en  el  año  que 
ha  pasado',  trabajaré  más  en  el  año  que  comienza.  Los 
pueblos  me  han  confiado  sus  destinos:  yo  seré  todo  para 
los  pueblos.  Una  lágrima  menos;  una  espiga  más;  un  re- 
toño de  la  planta  que  no  se  había  cultivado,  será  el  máxi- 
mum de  mi  felicidad." 

Conforme  á  la  convocatoria  de  5  de  Mayo  del  año  de 
24,  los  pueblos  eligieron  las  Autoridades   fedetales.     Los 


91 


partidos  liberal  y  conservador  entraron  en  una  verdadera 
campaña  electoral.  Los  liberales  trabajaron  por  la  candi- 
datura del  General  Don  Manuel  José  Arce,  sujeto  que  ha- 
bía contraído  grandes  méritos  para  con  la  Vv  .  á 
quien  creían  muy  afiliado  al  partido  liberal,  y  muy  accesi- 
ble para  seguir  el  rumbo  de  las  ideas  y  pn  m  de  los 
liberales.  Los  conservadores,  con  notable  mala  fé,  y  sólo 
por  no  encontrar  otro  candidato  prestigioso  para  enfrentar- 
lo al  caudillo  de  los  liberales,  trabajaron  por  la  candidatu- 
ra de  Valle.  Uno  y  otro  partido,  contrariando  sus  deberes, 
empezaron  por  inocular  el  virus  de  la  corrupción  electoral: 
trataron  de  dividir  los  sufragios  de  los  pueblos  para  que 
no  resultase  elección  popular,  y  correspondiese  al  Congreso 
el  nombramiento  de  las  Supremas  Autoridades. 

No  obstante  tan  reprobados  manejos,  tan  viciosos  ensa- 
yos de  la  República,  triunfó,  para  honra  de  Centro-Améri- 
ca y  de  sus  instituciones,  el   buen   sentido  de   los  pm  b 
Hubo  elección  popular,  y  resultó  electo  Presidente  de  la 
Federación,  José   del  Valle.     Ochenta  y  dos  era  el   núme- 
ro total  de   sufragios:  se  reunieron  en  la  Asamblea 
y  nueve:  de  estos  obtuvo  Valle  cuarenta  y  un  votos,  y  Arce 
treinta  y  cuatro.     Valle,    pues,  fué  electo  popúlame 
Presidente  de  Centro-América. 

Mas  tal  resultado  desconcertaba  los  planes 
de  los  liberales:  defraudaba  sus  más  acariciadas 
aspiraban  á  dominar  en  el  ánimo  del  Gobernante,  v   \ 
no  era  para  ser  dominado.     Entonces  apelaron  al  axped 
te  de  falsear  el  cómputo  de  la  elección,    tomando  en   OH 
ta,  para  fijarla  mayoría,  la  base  de  och  iota  y  dos  sufragio*, 
y  no  la  base  de  setenta  y  nueve,  Cómo  era  \  .      < 

se  agrega  que  dos  de  los  sufragios  que  no  entraron  en  el 


92 


escrutinio,  por  fútiles  pretextos,  no  se  quisieron  tomar  en 
consideración,  por  temor  de  que  fuesen  favorables  á  Valle, 
y  quedar,  en  tal  supuesto,  sin  ningún  expediente  para  anu- 
lar la  elección  de  los  pueblos.  Para  lograr  su  intento,  los 
liberales  necesitaban  del  concurso  de  los  conservadores  que 
no  eran  leales  á  su  candidato.  Ambos  partidos  entraron 
en  arreglos,  formaron  una  coalición  que  dio  en  tierra  con 
la  votación  popular,  y  eligieron  en  el  Congreso,  por  mayoría 
de  votos,  al  General  Arce,  Presidente  de  Centro  América, 
nombrando  á  Valle,  V7ice-Presidente.  Así  se  consumó, 
cuando  la  República  empezaba  á  ensayarse,  cuando  debió 
haber  más  moralidad  política,  la  primera  y  criminal  su- 
plantación del  voto  de  los  pueblos:  así  se  cometió,  por  libe- 
rales y  conservadores,  uno  de  los  errores  más  trascenden- 
tales y  dignos  de  lamentarse. 

La  elección  de  Valle,  ante  la  Historia,  honra  tanto  á 
los  pueblos  de  Centro-América,  como  deshonra  á  los  par- 
tidos que  la  anularon.  Felices  tiempos  aquellos  en  que 
los  pueblos  no  estaban  corrompidos  por  el  caudillaje!  Fe- 
lices tiempos  aquellos  en  que  el  falso  brillo  del  funesto  mili- 
tarismo no  había  hecho  perder  á  los  pueblos  su  buen  sen- 
tido práctico!  Los  pueblos  sabían  que  Valle  era  un  hom- 
bre honrado,  que  Valle  era  un  hombre  amigo  de  la  legali- 
dad, que  Valle  era  un  hombre  incorruptible,  que  Valle  era 
un  sabio  estadista  apreciado,  por  su  ciencia,  dentro  y  fue- 
ra de  Centro-América.  Los  pueblos  atendieron  á  su  ver- 
dadera conveniencia,  hicieron  justicia  al  mérito,  y  eligie- 
ron Presidente  á  Valle,  á  despecho  de  los  trabajos  inmo- 
rales de  liberales  y  conservadores.  Nuestra  Historia,  á 
vuelta  de  muchas  y  muchas  páginas,  en  que  sólo  puede  ver- 
se la  ignominia,  tiene  también    algunas  páginas   honrosas. 


93 


La  elección  de  Valle,  para  consuelo  del  patriotismo,  for- 
mará siempre  una  página  honrosísima  en  la  Historia  del 
pueblo  centro-americano. 

Qué  vanos  fueron  los  temores  que  movieron   á  los   libe- 
rales á  arrebatar  la  presidencia  á  Valle.     Temían   el  o 
ter  severo  y  altivo  de  Valle,  temían  que  fuese  intransigen- 
te con  sus  pretensiones,  temían  que   degenerase  en  absolu- 
tismo el  predominio  de  su  alta  inteligencia.  ¡Av!  Bu  aquella 
época  en   que  empezaban  á  fermentar  las    pa>i 
odios  de  los  partidos,  debió  comprenderse  que  los  incon- 
venientes que  se  encontraban  en  Valle,  eran  ventajas;  que 
los  defectos  que  se  le  atribuían,  eran  eminentes  cualidades 
para  el  mando.     Valle,  tan  severo,    tan  capaz,  tan  ¡ni 
do,  no  se  habría  dejado  manejar  ni  por  los  unos  ni    por  los 
otros,  y  esto,  justamente,  debía  haber  constituido  l.i 
da  segura  del  orden,    de  la  legalidad  y  del   progreso  de  las 
instituciones:  la  falta  de  parcialidad    habría  puesto   f 
á  las  pasiones:  la  capacidad   administrativa  habría  anulado 
bastardas  ambiciones.     Valle  se  habría  ocupado   mu\ 
en  la  política  de  partido,  y  se  habría  ocupado  mucho  en  la 
administración.      Valle  habría  dado  un   gran  leí 
nómico,  de  inmensa   trascendencia,  á  los  trabajos  del  Go- 
bierno: Valle   habría  promovido  eficazmente  la  educación 
política  é  intelectual  de  los  pueblos:  Valle,  como  gran  esta- 
dista, no  habría  tenido  los  desbarajustes  \    nidal  de  Arce; 
y  enérgico,  prudente  y  sabio,  habría  asen bado  leí  f  un. lamen- 
tos indestructibles  del  engrandecimiento  material  y  moral 
de  Centro-América.     Valle,  justamente,    por  li 
los  defectos  que  se  le  atribuían,  habría  >al\a  I  ,  úbli- 

ca,      Pero  los  liberales  no  quisieron  f«»rmar  un  p  n 
to  y  respetuoso  á  la  ley:  quisieron  formar  una  pendil] 


94 


sionada  y  vengativa,  á  guisa  de  nuestras  pandillas  de  Hon- 
duras. No  quisieron  tener  un  magistrado  íntegro  y  supe- 
rior á  los  intereses  y  resentimientos  de  partido:  quisieron 
tener  en  Arce  un  dócil  instrumento  de  sus  ideas  y  ambicio- 
nes. ¡Ay!  Nada  queda  impune.  Tan  criminal  extravío  tu- 
vo bien  pronto  una  horrible  expiación.  El  instrumento  se 
escapó  de  las  manos  de  los  liberales,  y  cayó  en  manos  de  los 
conservadores.  Arce  dio  golpes  de  estado,  despedazó  las 
instituciones,  creó  el  caudillaje,  provocó  sangrientas  y  fra- 
tricidas luchas,  desacreditó  á  la  República,  entregó  el  po- 
der á  los  enemigos  de  los  que  fueran  sus  amigos,  y  él  mis- 
mo acabó  por  ser  innoble  víctima  de  los  implacables  con- 
servadores. (3)  No;  el  gobernante  no  debe  ser  el  instru- 
mento de  un  partido  ambicioso  y  vengativo;  debe  ser  el  re- 
presentante de  la  ciencia  política  y  de  la.  estricta  justicia. 
Desgraciados  liberales!  Quisieron  un  instrumento,  y  el  ins- 
trumento los  hirió  de  muerte.  Quisieron  el  triunfo  de  las 
pasicnes,  y  las  pasiones  de  sus  contrarios  los  ahogaron  en 
mares  de  sangre  y  de  lágrimas.  Si  Valle  hubiera  sido  Pre- 
sidente, años  después,  el  gran  Barrundia,  huyendo  de  los 
furores  del  salvajismo  de  Cañera,  no  habría  muerto  en 
extranjera  playa,  martirizada  su  alma  por  inmenso  duelo 
por  la  patria  muerta!  Qué  terribles,  pero  que  saludables, 
son  á  -veces,  las  enseñanzas  de  la  inflexible  Historia! 

(3)  En  vano  el  General  Don  José  Manuel  Arce,  cediendo  á  sentimientos  de 
pundonor  y  de  patriotismo  que  le  honran,  quiso  justificar  su  conducta  en  sus 
Memorias  que  publicó  en  México  en  18  de  Julio  de  1830.  Las  Memorias  de  Arce 
revelan  al  hombre  de  alguna  instrucción,  y  de  propósitos,  muchas  veces,  bien 
intencionados;  pero  de  ninguna  manera  al  Gobernante  irresponsable  ante  la 
Historia.  Por  más  que  los  errores  y  los  crímenes  traten  de  velarse  con  hábil 
hipocresía  y  seductores  sofismas,  llega  un  dia  en  que  la  Historia  les  rasga  el  ve- 
lo, y  en  que  aparecen  en  toda  su  horrible  desnudez.  Si  hay  algo  que  los  tiranos, 
por  absolutos  que  sean,  no  pueden  adulterar  ó  pervertir,  es  el  certero  instinto 
de  la  posteridad,  instinto  que.  para  bien  de  la  especie  humana,  inspira  los  jui- 
cios imparciales  de  )a  Historia  de  pueblos  y  gobiernos. 


95 


.Al  expresar  las  reflexiones  anteriores  no  be  tratado  de 
fantasear  sobre  beebos  que  no  existieron  ni  pudieron  existir. 
He  tratado  de   exponer  lógicas   conclusiones  fundadas  en 
análisis  exactos  sobre  el  organismo  moral  de  las  sociedades 
y  de  los  partidos.     Un  hecho  de  observación  de  nuestros 
tiempos  dá  fuerza  irrecusable  á  mis  reflexiones.     El  &  0 
Soto,  como  Gobernante,  en  un  pequeño  teatro,  ha  hecho  y 
está  haciendo  lo  que  Valle   hubiera  hecho  en  el  gran  teatro 
de  Centre-América.    Los  mal  llamados  partidos  de  Hondu- 
ras jamás  se  han  elevado  á  la  idea  de  lo  impersonal.   Nues- 
tros partidos  no  han   comprendido  que   fuese  posible  otra 
política  que  la  de  la  parcialidad,  política   servida   por   un 
caudillo,   y  caudillo  sujeto   á  ser  el  órgano,  ó  mejor  dicho, 
el  brazo  armado  de  los   resentimientos   y  ambiciones  de  sus 
partidarios.     Hé  aquí  porqué  no  ha  habido  idea  de  verda- 
dero Gobierno  en  Honduras.     Hé  aquí  porqué  el  1 1 
en  este  país,  más  bien  que  un  org mismo  político  enemigado 
de  realizar  el  derecho,    ha  sido  una   facción   armada,  d 
cuidada  de  la   administración,  y   provocadora   siempre 
disensiones  y  guerras  civiles.  Hé  aquí  porqué  el  pueblo  fa 
du  retío  ha  sido  el  pueblo  más  desgraciado  de  Ceuta 
rica.     Bajo  auspicios  tan  tristes,  y  cuando  el  \<  ■  ya 

disuelto  por  la  anarquía,  el   Sellar  Soto,  hombre  OÍ! 
su  firmeza   de   carácter,  con    sus  elevadas   miras  y  con  su 
gran  saber  en  lo  administrativo,  vino  á  enfrenar  d( 
das  pasiones,  vino   á  impedir  el    choque  de   en»  u. 
tensiones.   No  se  ha  dejado  manejar  ni  por  lil> 
servadores:  no  ha  cedido  á  injustas  :,)  rl 

vengador  de  pasados  agravios:  no  ha  sido  ei  ioatfQtft 
de  rojos  ni  de  cachurecos.  El  Señor  Soto  rito  Ql  mi 
el  bien. del  país,  y  ha  goj>ernadq  conanljtaado  a- 


9(5 


cabeza  y  á  su  propio  corazón.  El  resultado  de  esta  salva- 
dora política  ha  sido  la  paz  de  Honduras,  el  progreso  de 
sus  instituciones,  el  acrecentamiento  de  su  riqueza,  y  la 
recuperación  de  su  crédito.  ¿Gusta  esta  política  á  libera- 
les y  conservadores  exaltados  de  Honduras?  De  ninguna 
manera.  El  Señor  Soto  es  incómodo,  muy  incómodo  para 
sus  exclusivismos  disociadores.  En  lo  íntimo  de  su  alma 
deben  dolerse,  eomo  se  dolían  los  partidos  de  Guatemala, 
respecto  á  Valle,  de  ver  á  un  hombre  que,  con  su  superio- 
ridad de  carácter  y  de  inteligencia,  anula  los  esfuerzos  de  las 
medianías  anarquistas;  de  ver  á  un  hombre  que,  con  sus 
hábiles  trabajos  administrativos,  en  lo  militar,  en  lo  civil, 
en  lo  económico,  ha  puesto  redes  en  que  se  enredan  los 
políticos  de  tendencias  vengativas  y  de  hechos  de  insul- 
tante exclusivismo;  redes  en  que  han  caído  los  sectarios  de 
la  vieja  política,  quedando  impotentes  para  levantarse  er- 
guidos, para  ejercer  el  triste  ministerio  del  odio  y  la  ven- 
ganza, el  ministerio  de  un  partido  triunfante  sobre  las  rui- 
nas de  la  Patria,  sobre  la  tumba  de  la  República.  La  po- 
lítica de  Valle  no  habría  gustado  á  exaltados  liberales  y  á 
exaltados  conservadores,  como  no  gasta  la  política  del  Se- 
ñor Soto  á  los  extremistas  de  Honduras.  Pero  esto,  ¿qué 
importa?  Satisfágase  á  la  razón  y  á  la  justicia,  hágase  el 
bien  positivo  de  los  pueblos,  que  por'  lo  demás  no  hay  que 
cuidarse  de  los  sordos  murmullos  de  las  pasiones  domeña- 
das: esos  murmullos  serán  ahogados  por  la  potente  voz  de 
la  verdad,  de  la  verdad  que  es  inmortal! 

Como  queda  expuesto,  Valle  fué  nombrado  Vice-Presi- 
dente  de  la  República.  Renunció  este  cargo,  y  no  le  fué 
admitida  la  renuncia:  volvió  á  renunciar,  y  conocida  por  el 
Congreso  su  absoluta   negación,  tuvo   que   admitirle  la  re- 


tf¡ 


nuncia,  sustituyéndolo,  primero,   con  Don  José  Francisco 
Barrundia,  y  después,  por  dimisión  de  este  célebre  centro-, 
americano,    con   Don   Mariano  Beltranena.     Se  atribuyó, 
por  muchos,  tan  sólo  al  resentimiento,  al  despecho,  la  renun- 
cia de  Valle.     Es  indudable  que  Valle  quedó  profundamen- 
te resentido  por  habérsele   arrebatado  la  Presidencia  qne 
tenía  derecho  á   ejercer  en   virtud  de   la  elección   de  loa 
pueblos;   y   su   resentimiento  fué   natural    y   justi6cal 
Mas  no  sólo  el  resentimiento  determinó  á    Valle  á  renun- 
ciar la  Vice-Presidencia;  lo  determinó  también  su   de- 
Valle,  como  todas  las  personas  imparciales,  juzgó  nula  la 
elección  de  Presidente  hecha  por  el  Congreso,  y  del  mismo 
vicio  de  nulidad  adoleció  la  elección  de  Viee-Piv 
Si  Valle  hubiera  aceptado  la   Vice-Presidencia,  habría  re- 
conocido implícitamente,  como  válidos,  procedimientos  que 
juzgaba   nulos.     Valle    no   debió    incurrir  en    semejante 
inconsecuencia   que   habría   echado   un   feo   borrón   sobre 
su  nombre,  y  que  habría  legitimado  el  éxito  <le  un  fttettl 
contra  las  instituciones.     Valle  fué  digno,  y  supo  cumplir 
con  su  deber.     No  hay  que  transigir  con  el  ftbsvi 

El  29  de  Abril  de  1825  Arce  tomó  posesión   de   la   i' 
dencia  de  Centro- América.  Valle,  aunque  resentñi 
triunfo  de  su  rival,  y  aunque  poseedor  de  gi 
acción,  no  quiso  convertirse  en  opositor  s 
gativo,   y   mucho  menos,   en  opositor  fta 
una  política  de  retraimiento,  y  se  entregó  á  iftl  >oee 

domésticas  y  á  sus  estudios,  tanto  tiempo  ifatai mfcipMli 
Valiéndome  de  sus  propias  palabras  diré  qiM  !•  'alma  bui- 
caba  ciencias  que  la  distrajesen,  lecturas  que  la  alegra»». 
Vagaba  por  las  plantas,  estudiaba  esc  ¡áo- 

gulos,  ó  se  entretenía  en  fósiles." 


98 


Como  sus  enemigos  tratasen  en  aquella  época  de  pre- 
sentar su  conducta  como  dudosa,  para  desprestigiarlo 
ante  los  pueblos,  escribió,  en  20  de  Mayó  del  mismo  año 
de  25,  un  extenso  y  sentido  "Manifiesto"  dirigido  á  la 
Nación.  En  ese  notable  documento,  en  que  brillan  una 
amable  sencillez  y  un  alto  espíritu  de  patriotismo,  Va- 
lle hizo  una  enumeración  de  los  servicios  que  había 
prestado  á  la  Patria,  y  en  medio  de  calmosas  reflexio- 
nes, recordó,  no  por  vanidad,  sino  por  deber,  todos  los 
títulos  que  tenía  para  que  no  se  le  juzgase  mal,  y  para 
que  los  pueblos  continuasen  dispensándole  su  aprecio  y 
su  confianza.  Nobilísimo  proceder  el  de  Valle.  No  ape- 
ló á  las  vías  de  hecho  para  vengarse  de  su  rival  afortu- 
nado y  de  sus  injustos  enemigos;  y  para  justificarse,  no 
empleó  el  insulto,  la  diatriba:  se  limitó  á  usar  del  len 
guaje  de  la  verdad  y  de  la  razón.  Ojalá  que  todos  los 
políticos  caídos  fuesen  tan  moderados,  tan  respetuosos 
y  tan  inofensivos  como  lo  fué  José  del  Valle,  el  estMdis- 
ta  vencido  por  la  híbrida  coalición  de  liberales  y  conser- 
vadores ! 

Por  aqiel  tiempo  empezaron  á  aparecer  publicaciones 
periódicas,  y  con  ellas  calorosas  contiendas  en  el  terreno  de 
la  prensa.  Se  fundó  "El  Indicador,"  órgano  de  las  ideas  de 
los  conservadores;  "El  Liberal,"  órgano  de  las  ideas  délos 
liberales;  y  el  "Don  Melitón,"  periódico  crítico-jocoso, 
atribuido  con  justicia  á  Don  Antonio  Rivera  Cabezas,  el  es- 
critor humorístico  que  mejor  ha  sabido  manejar  la  sátira 
burlesca:  los  conservadores  eran  las  víctimas  de  su  chispean, 
te  ingenio:  Rivera  Cabezas  creía,  como  los  franceses,  que  el 
ridículo  da  la  muerte.  Valle,  para  cultivar  el  género  de  los 
escritos  serios  y  provechosos,  fundó  el  "Redactor  General," 


9» 


que  Don  Alejandro  Marure,  el  Historiador  de  más  grandes 
dotes  que  ha  tenido  Centro-América,  calificó  en  estos  :• 
minos:     '* 'Sobrepujó  á  todos  los  escritos  de  su  tiempo.    Era 
obra  de  Valle,  y  esto  es  bastante  para  recomendar  su  mérito 
literario."  (4) 

De  grande  importancia  fueron  los  escritos  que  Valle  pu- 
blicó en   el    "Redactor  General:"  aun  hoy  su  interés  puede 
considerarse  como  de  actualidad.     Citaré,  entre  los  muchos 
escritos  que  brotaron  de  su  pluma  en  la  época  á  que  me 
fiero,  los  siguientes: 

"l.9  La  descripción  geográfica  de  la  República,  y  Es- 
tados  de  que  se  compone: 

2.°  Los  derechos  que  tiene  para  ser  independiente  de  to- 
das las  Naciones  del  mundo: 

3.°  Elestracto  déla  Constitución  política  que  ha  jurado: 

4.°  La  necesidad  de  la  libertad  justa  de  irnprenca  co- 
mo una  de  las  primeras  garantías  del  sistema  constitu- 
cional: 

o.8  Los  puntos  de  vista  á  que  debe  volverse  la  de 
los  Gefes  de  los  Estados  que  quieran  reunir  y  comunicar 
los  datos  necesarios  para  ir  formando  nuestra  Estadís- 
tica: 

6.°  Los  progresos  que  puede  hacer  nuestra  agricultura, 
y  utilidad  de  que  los  labradores  escriban  los  pensamiento* 
ú  observaciones  que  les  liMya  dado  la  experiene 

7.°  La  instrucción   sobre  el  cultivo  y   K  le  la 

grana  que  empieza  á  ser  uno  de   los  ramos   impoitantes  de 
nuestra  industria: 

8.°  El  proyecto  interesante  de  hacer  navegable  el  Uluí, 

(4)     Maniré,  Bosquejo  histórico,  capitulo  ID. 


i'Ob 


poblar  los  campos  que  fecunda,  y  atraer  al  Estado  de  Hon- 
duras la  riqueza  que  el  comercio  lleva  á  la  Habana:  (5) 

9.°  El  decreto  de  ia  Asamblea  Nacional  y  artículos  de 
la  Constitución  en  que  se  ofrecen  á  los  extranjeros  los  dere- 
chos de  ciudadanos,  asilo  y  protección: 

10.  El  arancel  equitativo  de  nuestras  aduanas,  y  dis- 
curso en  que  se  demuestran  los  principios  liberales  que  le 
sirven  de  base: 

11.  El  Cuadro  de  Suchitepequez,  uno  de  Í03  partidos 
más  fecundos  del  Estado  de  Guatemala: 


(5)  Qué  exactas  previsiones  y  qué  acertados  consejes  los  del  verdadero  Es- 
tadista !  Entiéndase  bien :  gobernar  es  saber  y  es  prever.  Hoy  estamos  ha- 
ciendo, como  una  gran  cosa,  corrió  una  radical  revolución  económica,  lo  que  el 
sabio  Valle  indicaba  en  1825:  atraer  el  comercio  á  nuestras  costas  del  Norte,  ha- 
cer navegables  nuestros  ríos  que  desaguan  en  el  Atlántico,  y  formar  centros  de 
agricultura  y  de  comerció  en  aquellas  feraces,  privilegiadas  tierras,  que  son  las 
tierras  de  promisión  para  la  América  Central.  En  nuestras  costas  del  Norte, 
allí,  allí  está  el  porvenir  económico  de  Honduras,  de  Centro- América;  y  arrai- 
gados, entre  nosotros,  grandes  intereses  económicos,  será  fácil  y  natural  arrai- 
gar grandes  y  legítimos  intereses  políticos.  Más  de  $300,000  recoge  Honduras 
cada  año  de  su  exportación  de  frutas  de  la  costa  norte,  y  esto  con  imperfectí- 
simo  cultivo,  y  malas  vías  de  comunicación.  Está  para  echarse  al  agua  el  pri- 
mer vapor  que  ha  de  surcar  las  aguas  de  nuestros  caudalosos  rios  que  desembo- 
can en  el  Atlántico.  Cuánto  ganará  la  agricultura,  cuánto  ganará  el  comercio, 
cuánto  ganará  el  orden  público  en  aquellas  regiones  en  que  sólo  imperaban  los 
bandidajes  de  los  Medina  y  los  Coellar!  Cuando  en  las  aguas  del  Ulüa  se  oiga 
el  primer' silbido  del  primer  buque  dé  vapor,  al  bendecir  al  Gobierno  Soto  que 
ha  hecho  revolución  económica  tan  grandiosa,  recordaremos  al  Colón  de  nues- 
tros Estadistas,  á  Valle;  y  al  recordarlo,  con  entrañable  amor,  gritaremos  los 
.hondurenos:  tierrxl  tierra!  Habremos  encóstralo  un  nuevo  mundo  para  nues- 
tra agricultura,  para  nuestra  industria,  para  nuestro  comercio.  Qué  se  desen- 
gañen los  ignorantes,  estúpidos  y  dictatoriales  mandones  militares:  k  puntapié* 
y  ú  bofetadas  sólo  pueden  hacer  males  como  gobernantes.  Sólo  la  inteligen- 
cia ilustrada  puede  labrar  el  bien  de  estos  nacientes  y  desventurados  países.  El 
militarismo  brutal  sólo  podrá  hacer  la  cesión  de  Belize,  con  Carrera,  y  los  em- 
préstitos de  Honduras  y  Costa-Rica,  los  escandalosos  latrocinios,  con  Medina  y 
Guardia.  José  del  Valle:  tú  eras  pensador,  tú  eras  honrado  y  sabio  estadista; 
y  por  esto  tus  ideas  son  las  de  lo  porvenir.  Cuanto  bueno  y  honroso  se  haga  en 
el  sentido  de  tus  previsiones  políticas  y  económicas,  llevavá  siempre  el  sello  de 
tu  nombre:  la  honra  de  nuestros  trabajos  es  la  honra  de  tu  nombre.  El  premio 
es  tardío,  pero  es  magnífico.  Quemas  galardón?  Vives  y  vivirás  glorificado 
en  la  Historia  de  nuestros  progresos  nacionales.  No  todo  acaba  cuando  mue- 
re el  hombre:  le  sobreviven  sus  inmortales  ideas.  Hombres  de  fé  en  las  ideas: 
consolaos ! . 


10.1 


12.  El  Tratado  memorable  de  Unión,  Liga  y  Amistad, 
celebrado  á  12  de  Abril  del  presente  año  entre  esta  Repú- 
blica y  la  de  Colombia;  y  el  Provecto  de  Confederación 
Americana  publicado  en  Guatemala  desde  18*2: 

13.  El  estado  y  progresos  hechos  por  nuestra  Nación  has- 
ta el  25  de  Febrero  último,  y  los  de  las  otras  de  América 
hasta  fines  del  año  anterior  ó  principios  del  prese 

14.  El  aviso  de  diversas  obras  publicadas  en   E 
suscrición  abierta  en  esta  oficina  de  otras  que  conviene  pu- 
blicar: 

15.  Los  principios  del  Derecho  de  Gentes  que  deben  res- 
petar las  Repúblicas  de  América  para  ser  felices  y  D< 
pecer  su  marcha  política: 

16.  Los  elementos  que  tienen  las   naciones  del    Ni: 
Mundo  para  estrechar  más  que  las  del  antiguo  los  vínculos 
de  alianza  y  amistad: 

17.  El  estado  político  de  Europa,  y  plan  de  alianza  «pu- 
se llama  Santa;  y 

18.  Los  recursos  de  América  para  sostener  su  ind< 
dencia  en  el  caso  de  agresión."  (6) 

Valle,  en  los  escritos  citados,  como  en  los  demás  que 
publicó  en  su  periódico,  estuvo  ala  altura  de  un  i 
ro  publicista.     Valle  lo  era  en  el  genuino  sentido  de  la 
labra,  y  no  en  el  impropio  y  lisonjero  sentido  con  qm 
Centro- América  se  ha  dado  en  llamar  publicista  á  cual, 
ra  que,  sin  poseer  la  ciencia  social,  escribe,  en  ; 
ñol,  numerosos  artículos  para  los  periódicos.    Valle  OOtMMÜI 
y  analizaba  científicamente  las  cuestión.-  - 
le  servían  su  excepcional  talento  y  sus  ti  |   sólidos 

conocimientos.   Filosofía,  Historia,  <;. 

(6)  Véanse  los  números  del  "Retlu.-t.w  o. mera!,"  JMJitl  i  '  hfMÜ 


102 


Economía  política,  Estadística,  Derecho  constitucional, 
Derecho  de  gentes,  Ciencias  exactas,  Historia  natural,  en 
sus  diversos  ramos,  Literatura  antigua  y  moderna,  y  las 
más  importantes  lenguas  vivas;  todo,  todo  lo  sabía,  todo 
esto  lo  había  estudiado,  y  lo  había  estudiado  con  perfección. 
Tan  múltiples  y  sólidos  conocimientos  le  hacían  tener  el 
criterio  de  un  publicista  experimentado,  de  un  estadis- 
ta práctico.  Los  más  importantes  ramos  del  saber  huma- 
no concurren  á  la  formación  del  publicista,  merecedor  de 
este  nombre.  Valle  no  era  del  número  que  forman  la  mayor 
parte  de  nuestros  pretensos  publicistas,  sabedores,  cuando 
más,  de  la  Escolástica,  de  las  Leyes  de  partida  y  de  las  reco- 
piladas, aunque  muy  sabedores  de  las  intriguillas  de  pala- 
cio, y  muy  conocedores  de  las  emboscadas  de  inmorales 
partidos  que  asaltan  el  poder.  ¡Cuánto  hemos  retrograda- 
do! No  sólo  hemos  retrogradado  en  moralidad  política, 
sí  que  también  en  las  ciencias  y  en  las  letras.  Pese  á  quien 
pese,  he  dicho  la  verdad  y  continuaré  diciéndola.  Lo  que 
hemos  ganado  en  extensión  lo  hemos  perdido  en  solidez. 
Centro-América  tiene  muchos  publicistas,  muchísimos,  pe- 
ro son  muy  contados  los  que  siquiera  conocen,  científica- 
mente, el  organismo  del  estado:  tiene  muchos  escritores, 
pero  son  rarísimos  los  que  escriben  siquiera  gramaticalmen- 
te: tiene  muchos  poetas,  pero  en  su  mayor  parte,  insufribles, 
detestables,  y  los  mejores,  salvo  honrosas  excepciones,  ape- 
nas si  merecen  ser  lacayos  de  las  musas.  Aunque  pese  á 
nuestro  orgullo,  diré  que  la  decadencia  intelectual  de  Cen- 
tro-América es  horrible,  que  corre  parejas  con  su  decaden- 
cia moral  y  política.  No  tenemos  un  sabio  como  José  del 
Valle,  un  publicista  como  Mariano  Calvez,  un  historiador 
como  Alejandro  Marure,  un  filólogo  como  Antonio  José  de 


103 


Irizarri,  un  crítico  como  Antonio  Rivera  Cabezas,  un  fo- 
lletista como  José  Francisco  Barrundia,  un  poeta  como 
José  Batres  Móntúfar.  Parece  que  los  salvajismos  de  nues- 
tras demagogias  y  las  brutalidades  de  nuestras  dictadura! 
han  secado  las  fuentes  de  las  ciencias  y  de  las  letras;  parece 
que  muertos  de  sed  de  verdad,  de  justicia  y  de  inspira- 
ción, han  desaparecido  los  genios  de  la  ciencia  creadora  y 
de  la  divina  poesía.  ¡Qué  sólo  la  libertad  fecunda  dá  vida 
y  aliento  á  la  inteligencia  que  enseña,  y  si  corazón  que 
conmueve  con  el  puro  sentimiento  y  las  más  sublimeá 
monías! 

A  pesar  del  retraimiento  de   Valle,  los  pueblos  no  lo  ol- 
vidaron.  Los  de  la  Capital  de  Guatemala,  de  Chiquiniula  y 
de  Santa  Bárbara  lo  eligieron,  al  mUmo  tiempo,   Pipir 
al  Congreso  federal,  correspondiente  al  ano  de 
tiendo  su  salud  ya  quebrantada,  y  á  la  vez  deseoso  de  conti- 
nuar alejado  de  la  vida  política,  rehusó   concurrir   al  ( 
greso;  mas  fué  apremiado,   con  mucha  instancia,  para  que 
ocupase  su   puesto,  y  el  28  de  Marzo  tomó  posesión  de  tu 
cargo.     El  mismo  dia  pronunció  su  notable  discurso  sobre 
la  necesidad  de  que  se  publicasen   las   dúeattont*  y  Mi 
dos  del  Congreso,  presentando,  al   efecto,    un    proyecto  de 
ley  que  tuvo  mayoría  en  la  Cámara,  pero  que.    poi    fútiles 
motivos,  no  tuvo  la  sanción  del  Senado.     En  las  posteriores 
sesiones  del  Congreso  de  26  Valle  pronunció  otros  dio- 
sos sobre  asuntos  de  grande   interés  político  y  administrati- 
vo, discursos  que,  por  la  elevación  de  las  ideas,  por  MM 
dencias  prácticas,  y  por  las  correctas  formal  de  su  expíe* 
honrarán  siempre  nuestros  anales  parlamentarios.  Por  aquel 
tiempo  Valle  empuñaba  el  cetro  de  la  elocuencia  en  el    1 
lamento  de  Centro-América. 


104 


El  30  do  Junio  del  aflo  de  26  cerró  sus  sesiones  el  Con- 
greso federal,  y  á  fines  del  mismo  año,  Arce,  inquietado  por 
los  liberales,  y  engañado  por  los  conservadores,  tuvo  el  cri- 
minal desacierto  de  provocar  una  de  las  revoluciones  más 
dilatadas  y  sangrientas  que  ha  tenido  Centro-América.  Ar- 
ce destituyó  ilegalmente  y  redujo  á  prisión  á  Don  Juan 
Barrundia,  Gefe  del  Estado  de  Guatemala:  anuló  los  Pode- 
res legislativos  constitucionales:  entró  en  guerra  con  el  Es- 
tado del  Salvador  que  patrocinaba  la  causa  de  las  institu- 
ciones: ordenó  la  invasión  inicua  de  Honduras,  que  produ- 
jo la  caida  del  Gefe  de  Estado,  Don  Dionisio  de  Herrera,  y 
el  incendio  de  Comayagua,  la  capital.  Arce,  aconsejado 
por  los  conservadores,  trató  de  anonadar  los  derechos  de  los 
Estados  para  que  no  hubiese  más  ley  que  su  voluntad,  mal 
dirigida  por  los  tradicionales  enemigos  de  la  independencia 
y  déla  patria.  Los  Estados,  por  su  parte,  lacharon  heroi- 
camente en  defensa  de  las  instituciones,  holladas  por  la  bo- 
ta de  un  militar  desatentado.  Por  todas  partes  la  discor- 
dia, por  todas  partes  la  guerra.  Arce  convirtió  á  Centro- 
América  en  un  horrible  caos  en  que  sólo  se  dejaba  ver,  á 
veces,  el  siniestro  resplandor  de  los  incendios,  y  en  que  sólo 
se  oía  el  choque  de  los  sables,  el  disparo  de  los  fusiles,  el 
estruendo  de  los  cañones,  y  los  sollozos  y  las  quejas  y  los  la- 
mentos de  infelices  víctimas.  Tal  fué  el  cuadro  digno  de 
ser  reproducido  por  el  genio  sombrío  del  Dante,  tal  fué  el 
cuadro  de  infernales  horrores  que  presentó  Centro-América 
durante  los  años  de  1827,  1828  y  parte  del  29,  cuadro  que 
llegó  á  borrarse,  á  desaparecer,  al  brillar  el  hermoso  sol  de 
la  libertad  que  iluminó  la  última  y  definitiva  victoria  que 
alcanzó,  en  la  plaza  de  Guatemala,  el  13  de  Abril  de  29,  el 
ilustre   Francisco  Morazán,  el  guerrero  de   la  democracia, 


105 


el  defensor  de  las  instituciones,  el   glorioso  restaurador  de 
los  despedazados   fueros  de  la  República  centro- americana. 

Valle,  durante  tan  cruda  y  sangrienta  lucha,  permam 
en  su  hogar,  doliéndose  de  las  desventuras  patrias,  j 
do  votos  por  el  triunfo  de  la  verdad  y  la  justicia.      \ 
so  Morazán,  que  representaba  la  causa  de  los  Estados,   co- 
mo era  lógico,  se  restablecieron  los   Poderes  constituciona- 
les.    El  Congreso  Federal,  que  habia  sido  disu 
rial mente,  se  restableció  en  24  de  Junio  de  1839,    J    \ 
volvió  á  ocupar  su  sillón  de  Diputado,  y  á  hacer  oir  su  elo- 
cuente palabra  que  puso  al  servicio  de  los  legítimos  int- 
ses  y  de  la  reorganización  de  la  República.   Por  aquel  ti 
po,  en  uno  de  sus  escritos,  expuso  el  siguiente  juicio  sobre 
la  pasada  revolución:     " Desaparecieron  los  Poderes  coi 
tucionales:  qnedó  solamente   el   despotismo  ¡n 
pueblos,  destructor  de  hombres,  devorador  decapitóte:  los 
Estados  del  Salvador,     Honduras  y    íiuatemala  se 
contra  él  en  uso  de  sus  derechos;  y  la  justicia  triunfo  | 
como  era  de  esperarse."  (7) 

La  Sociedad  Económica  habia  sido  disuelta  en    I8S 
causa  de  la   revolución  provocada  por  Arce.     Trini 
partido  liberal,  y  restablecidos  los  Poderes  00*1 
el  Congreso,  en  30  de  Setiembre  de  29,  deci 
miento  de  la  Sociedad.     Al  reaparecer  tqnelU 
benéfica,  el  29  de  Noviembre  del  mismo  ftfio,  \ 
ció  un  luminoso  discurso,    tal  ve/  el    más 
bello  de  sus  discursos.     Tomó  por  Urna  la   ¡ni 
ilustración,  considerándola  especialmente  en  i 

económicos.      Al  mencionar    tan    brillante  ih 

(7)  Véase  el  apéndice  á  su  discurso  ,,r 

impreso  en  1829. 


106 


dado  exponer  el  juicio  que  Valle  me  merece  como  orador. 
La  elocuencia  de  Valle  no  era  una  elocuencia  tribunicia;  era, 
más  que  todo,  una  elocuencia  parlamentaria,  ó  una  elocuen- 
cia académica:  en  sus  discursos  predominaba  la  idea  que  con- 
vence, y  no  la  vehemencia  y  las  llamaradas  de  la  pasión  que 
seduce  y  arrebata:  su  lenguaje  era  cortado,  lleno  de  expre- 
siones hijas  de  la  reflexión,  pero  á  veces  salpicado  de  pinto- 
rescas imágenes:  no  usaba  los  grandes  períodos,  tan  propios 
de  la  índole  de  nuestro  idioma;  no  producía  esas  grandes 
espirales  de  palabras,  artísticamente  combinadas,  tan  pro- 
pias para  exaltar  la  magestad  déla  idea,  y  para  remontar 
hasta  al  cielo  los  vuelos  de  la  imaginación.  Valle  con  su  ora- 
toria enseñaba,  convencía,  y  á  veces  deleitaba;  pero  no  arre- 
bataba, no  enardecía,  no  fascinaba,  no  enloquecía  los  áni- 
mos, á  fuerza  de  golpes  de  sentimiento  y  de  pasión:  su  voz 
era  robusta,  sonora  y,  por  decirlo  así,  cortante;  pero  no  era 
la  voz  flexible,  que  ora  se  convierte  en  un  dulce  canto,  en 
una  tierna  plegaria,  ó  en  una  suave  y  amorosísima  querella; 
ora  se  convierte  en  el  estruendo  del  torrente,  en  el  estalli- 
do del  volcán,  en  el  rugir  del  océano,  ó  en  el  trueno  de  las 
tempestades.  La  elocuencia  de  Valle  no  era  la  elocuencia 
de  la  plaza  pública  ni  de  las  revoluciones;  era  la  elocuencia 
del  parlamento  y  de  la  academia:  no  era  la  elocuencia  de  las 
luchas  ardientes,  impetuosas;  era  la  elocuencia  de  la  razón 
que  impera,  sin  grandes  arrebatos,  sin  grandes  arranques  de 
entusiasmo,  que  impera  en  fuerza  del  convencimiento.  La 
elocuencia  de  Valle  era  la  elocuencia  de  Mr.  Guizot,  con 
quién  tenía  grandes  afinidades  como  orador.  Como  Gui- 
zot, gustaba  de  dar  por  alma  á  sus  discursos  trascendenta- 
les síntesis  científicas  que  desarrollaba  con  incontestable  ló- 
gica y  vigoroso  estilo;  como  Guizot,  enseñaba  y  convencía, 


107 


más  bien  que  peroraba  y  fantaseaba;  como  Guizot,  era  gra- 
ve en  su  carácter,  severo  en  su  apostura,  y,  de  ordinario,  so- 
brio en  el  decir;  como  de  Guizot  podía  decirse  de  él,    valién- 
dome de  la  expresión  del  ^izconde  de  Cormenin,  (8)  "que 
era  un  pedagogo  en  su  cátedra,  que  dejaba  ver  siempre,  por 
debajo  de  su  ropa,  la  punta  de  su  palmeta:"  que  era  "un  cal- 
vinista  que  cuando  predicaba  enseñaba  más  bien  el  t- 
que  el  amor  de  Dios."   Ninguna  analogía  más  perfecta  que 
la  analogía  de-la  elocuencia  de   Valle  con  la   elocuein 
Guizot;  elocuencia  que   tenía   mucho  de  la  escuela,  mucho 
del  profesorado,   mucho  de  las  ciencias:  elocuencia   qn< 
canzaba  grande   éxito  porque  enseñaba,   porque  oonv< 
aunque  no  era  la  elocuencia  del   entusiasmo,  la  elooo 
de  las  grandes   pasiones,  la  fascinadora  elocuencia  del  <  on. 
zón      Tal  era,  á  mi  juicio,  como  orador,  José  del  Va 
primer  orador  parlamentario  de  Centro-América:  tal  en  ll 
elocuencia  de  aquel  hombre  extraordinario  que  fue'-  <1" 
dor  de  la  tribuna  en  los  parlamentos  de  México  y  Guatemala: 
tal  era   aquel  sabio  orador  centro-americano  de  quien  el  fa- 
moso escritor  Barrundia,  dijo:  -'Su  cabeza  fué  una    luz,  mi 
boca  fué  el   órgano  de  la  elocuencia!" 


(8)  Véase  el  Libro  de  los  Oradores  por  Timón  pseudniíii:. 
Cormenin:     es  uno  de  los  libros  más  instructivos  y  más  bellos  que  ha 
do  la  moderna  literatura  francesa. 


CAPITULO  SEPT ÍM O. 


Situación  de  ('entro-América.    -Valle  hace  competencia  al  General  M-razún  *-u 
la  elección  de  Presidente   de  la  República. —Valle  es  nombra 
Plenipotenciario  de  la  República  ante  el  Gobierno  de  Francia.     B 
la  República  desde  1&32  hasta  1  «34.— Los  pueblos  eligen  á  Valle     Presiden 
te  de  la  República.— Valle  juzgado  como  sabio.— Valle  juzgado  conrn    lite 
rato.— Enfermedad  y  muerte  de  Valle  ocurrida  en  2  de  Marzo  de 


La  serie  no  interrumpida  de  magníficos  triunfos  alcan- 
zados por  el  Benemérito  General    Don  Francisco  Ifoi 
desde  la  memorable  batalla  de  La  Trinidad,   librada  en  11 
de  Noviembre  de  27,  hasta  la  batalla  de  Las  Charca- 
entrada  en  la  plaza  de  Guatemala,  en  13  de  Abril  <!■ 
tan  gloriosos  hechos  de  armas  cambiaron,  contra  la  previ- 
sión de  los  conservadores,  de  una  manera  radical,    la  situa- 
ción política  de  Centro-América.     Los   Poderes  009 
cionales  que  había  destruido  el  Presidente  A  ice  faeroi 
taurados:  los  conservadores  que  habían  sucumbido,  aun  loi 
más  criminales,  fueron  indultados,  y  la  justicia  de  la 
lución  tan  sólo  quitóles  el  poder  de  dallar,   imponiendo  á 
los  más  peligrosos  la  pena  de  destierro:  Arce  y  sus  ¡ 
pales  amigos  fueron  expatriados:  las  Comunidades  v> 
sas,  adversas  siempre  á  todo  régimen  de   libertad  \  A 
greso,  fueron  disueltas  y  expulsadas:  el  esclai 
no  Don  José  Francisco  Barrundia,  en  concepto  da  >«  D 
se  hizo  cargo,  á  su  pesar,  de  la  Presidencia  de  la  Repu 
y  gobernó  bajo  un  régimen  de  garantías   v   de 


lio 


General  Morazán.  en  vez  ríe  tomar  por  asalto  el  poder,  eni-" 
penóse  en  nuevas  y  radas  empresas.  Destruyó  las  últimas 
resistencias  de  los  conservadores,  venciendo  en  (Mancho  y 
Opoteca.  ya  con  la,  diplomacia,  ya  con  las  armas,  y  resta- 
bleciendo el  orden  en  el  perturbadísimo  Estado  de  Nicara- 
gua: el  General  Morazán,  soldado  de  la  ley,  mientras  el 
gran  Barrnndia  mandaba,  como  verdadero  liberal,  con  la  fé 
en  la  conciencia,  v  con  la  Constitución  en  las  manos,  aseguro 
con  el  prestigio  de  su  glorioso  nombre,  y  con  la  fuerza  de 
su  valor  heroico,  la  completa  paz  de  la  República  Centro- 
Americana. 

¡Qué  tiempos!  ¡Qué  hombres!  Tiempos  en  que  había 
fé  en  el  derecho  y  entrañable  apego  á  las  instituciones: 
hombres  extraordinarios  que,  adoradores  del  ideal  querido 
de  la  República,  supieron  hacer  milagros  de  abnegación  y 
patriotismo.  Los  generosos  y  perseverantes  trabvjos  de  Mo- 
razán y  de  Barrnndia  hicieron  que  en  1830,  tras  las  victo- 
rias legendarias  del  29,  hubiese  una  situación  no  sólo  de 
plena  paz,  sino  también  de  legalidad,  de  grandes  planes  do 
progreso,  y  de  perspectivas  y  esperanzas  las  más  consolado- 
ras y  lisonjeras  para  la  República.  Había  concluido  el  pe- 
ríodo del  Presidente  Arce  y  de  las  demás  Autoridades  fe- 
derales, y  era  necesaria  su  renovación  por  el  voto  de  los 
pueblos.  Se  procedió  á  elecciones  en  los  primeros  meses  dei 
año  de  30,  y  basta  decir  que  José  Francisco  Barrnndia  go- 
bernaba, para  asegurar,  como  verdad  inconcusa,  el  hecho  de 
que  las  elecciones  fueron  completamente  libres.  Barrnndia 
estaba  en  el  poder;  pero  no  quería  el  poder  y  jamás  lo  qui- 
so: tan  solo  quiso  siempre  la  dignidad  y  las  libertades  del 
pueblo  centro-americano.  Barrnndia  era  amigo  íntimo  ti  el 
(íeneral  Morazáu:    pero  jamás  quiso  que  su  amigo  fuese  un 


111 


gobernante  impuesto,   y  mucho  menos,    un    dictador  .pie 
hollase  brutalmente  los  fueros  de   la  República:  qoiao  que 
su  amígn  predilecto  fuese,  como  lo  fué,  el  soldado  de  la  de- 
mocracia, el  héroe  generoso  en  los  combates,  y  en  •     I 
no.  el  digno  y  culto  Presidente  de  un  pueblo  libre. 

La  atención  de  los  centro-americanos  estaba   tija. 
ju*t;ipia.  en  la  persona  (i vi  General  Mnr-iz.ni.    Todo 
raba  del  vencedor  de  La.  Trinidad,  de  Gualcho,  .1,    - 
ionio,  de  Smh  \fignelitn  y  de  Ihs  Charcas:   t<..l, 
del  genio  militar  y  político   que  a  oh  buba  de  ganar   Mi 
laureles  en  Olancho  y  Opoteca,  y  de  pacificar,  OOD  habilidad 
admirable,  el  revuelto  Estado  de  Nicaragun.     "Su  aureola, 
dice,   en   oportunísimos   términos,   el  Doctor  Don 
Montúfar,  (1)  en  la  pequenez  de  nuestro  suelo,   ero    la  que 


! 1 1  Muchos  de  los  datos  que  sirven  de  base  á  este  capitulo  están  ¿<>mado*de 
la   '"Reseña  Histórica  de  Centro- América,"  escrita   por  el  erudito  pul 
Doctor  Don  Lorenzo  Montúfar.    Véase  esta  obra  Inlmnaaiitn  mu  cutiena  no- 
ticias, tradiciones  y  documentos  preciosísimos  que,  á  DO  haber  aido  la  laborio- 
sidad, á  toda  prueba,  del  Doctor  Montúfar.  estarían  casi   perdidos  pan 
toria  de  Centro-América.   Sólo  quién  conoce  prácticamente  el  Improbo  trabajo 
que  es  necesario,  siquiera  sea,  para  poner  en  orden  los  documentos  de  nuestro» 
incompletos  archivos:   sólo  quién  sabe  lo  que  cuestan   ••ntn 
dios  históricos,  puede  apreciar,  como  es  debido,   la  Importancia   '■ 
Doctor  Montúfar.     Lorenzo  Montúfar  ha    prestado  un   servicio  •  ■■■ 
política  y   á  las  letras  centroamericanas:   la  política   debe    recibir  limeña» 

ñanzas  del  pasado;  las  letras,  para  tener  carácter  nao al.  deben  recibir 

la  inspiración  de  los  sucesos  históricos  y  tradiciones  que  nos  inv- 
en un  cuadro,  reproduciéndola  de  atractiva    manera,  la  \  id 
literaria  de  nuestros  antepasados.  Siento  que  la  parte  erfttoa  da  la  rabosa  obra 
del  Doctor  Montúfar  no  me   merezca,  en    lo  general,    idént 
tor  Montúfar.  juzgando,  siente  más  que  reflexiona;  j  la  paaMa  nunca  puede 
ser  acertado  criterio  histórico.  Para  el  Doctor  Montúfn 
más  que  dos  extremos:  cielo  é  infierno;  el  cielo,  con  sus  inri 
ralos  liberales;  y  el  infierno,    con  sus  horribles  suplí, 
res.    Yo  no  tengo  ese  criterio:  yo  creo  .|i ie  ha  habido  \  ho\ 
cen  condenarse,  y  conservadores  que  merecen  salvarse.     A 
un  purgatorio  para  liberales  y  conservadores;  >    h .i 
del  limbo  para  muchos  niños  políticos  i \ ue  mueren  -n 
tos  conceptos,  sentidos  y  expresados  de  bu 
el  Doctor  Montúfar,  á  quien  estimo  por  su  taleí 
quien,  de  antiguo,  he  recibid.»  las  mas   beii 


1  1  ■! 


rodeaba  en  grande  escala  á  Bonaparte  al  volver  de  Egipto." 
Y  no  obstante  los  esplendores  de  tanta  gloría,  v  á  pesar  de 
ser  Morazán  el  restaurador  de  la  paz  y  de  las  instituciones, 
hubo  un  hombre  que,  sin  tener  más  prestigio  que  el  de  las 
ideas,  y  sin  poner  por  obra  trabajo  alguno,  desde  su  gabi- 
nete de  estudio,  hizo  una  gran  competencia  al  General  Mo- 
razán en  las  elecciones  de  Presidente  de  la  República.  Tal 
hombre,  (pie  opuso  las  páginas  científicas  del  libro  á  la  foja 
de  servicios  de  un  militar  heroico,  abrumado  por  el  peso 
de  sus  laureles,  fué  el  ilustre  José  del  Valle. 

Las  elecciones  se  efectuaron  en  paz  y  en  justicia,:  los  vo- 
tos de  los  ciudadanos  se  dividieron,  en  su  mayor  parte,  entre 
Morazán  y  Valle;  pero  hechos  el  escrutinio  y  la  regulación 
por  el  Congreso,  resultóla  mayoría  de  sufragios  en  favor 
del  General  Morazán.  La  regulación  de  votos  se  hizo  de 
los  sufragios  recibidos,  y  no  de  los  que  debían  recibirse, 
en  conformidad  con  las  ¡deas  expuestas  por  Valle  en  los 
escritos  que  publicó  en  el  año  de  25,  protestando  contra 
la  nulidad  de  la  elección  del  General  Don  Manuel  José 
Arce.  Valle,  el  año  de  'M),  vio  con  gusto  el  triunfo  de  su 
rival  afortunado.  Ni  una  palabra  de  oposición  salió  de  sus 
labios.  Valle  no  era  el  hombre  de  la  ruin  ambición;  Valle 
era  el  hombre  de  la  legalidad.  Si  protestó  en  el  aflo  de  25 
contra  la  elección  de  Arce,  no  fué  por  su  derrota  electoral, 


que  aprecio  en  alto  grado.  El  Doctor  Montíif'ar  no  debe  olvidar  que  en  estas 
montañas  de  Honduras  aún  no  se  ha  perdido  la  costumbre  de  pensar  y  de  de 
cir,  con  libertad,  lo  que  se  piensa  y  se  siente.  Continuando  la  franca  expo- 
sición de  mis  ideas,  diré  que  deseo  que  el  publicista  Montúfar  prosiga  sus 
importantísimos  trabajos  históricos;  pero  deseo  que  no  sea  tan  apasionado, 
que  no  sea  implacable;  deseo  que  á  sus  juicios  no  presida  el  espíritu  de  parti- 
do; deseo  que  los  inspire  la  imparcial  Filosofía  de  la  Historia.  El  ilustrado 
Doctor  Montúfar,  ¿dejará  que,  en  lo  porvenir,  por  ceder  á  los  ímpetus  de  las 
iras  liberales,  lo  excomulgue  la  Historia  que  ha  de  escribirse  sobre  las  revolu- 
ciones, las  ideas,  las  obras,  los  errores  y  los  crímenes  de  nuestra  época? 


113 


fué  porque  tal  elección   violaba  la  ley.     8  i   satisfe- 

cho, en  el  año  de  30,  la  elección  del  General    V  .   no 

fué  porque  fuese  un  cortesano  del  poder  glorioso  y  dispen- 
sador de  favores,  sino  porque  la  elección  se  habia  hecho  ba- 
jo los  auspicios  de  una  estricta  legalidad.  Tan  sólo  pensan- 
do y  obrando  como  Valle,  se  fundan   instituciones;  tan  sólo 
respetando  la  ley  puede  existir  la  República.     Esta  verdad 
elemental,  tan  olvidada  de  los  centro-americanos,  es  la 
dad  que  da  vida  y  aliento  á  las  instituciones   del  Pueblo- 
de  América,  á  las  instituciones  délos  Estados  Unidos.    Allí 
hay  grandes,  inmensas  agitaciones  de  opinión  que  parecen 
presagiar  pavorosos  cataclismos  sociales:    j>» t 
suelve  en    el  seno   déla   paz  y  de   la  armonía.     r;Por  qué? 
Porque  desde  el  momento  en  que  la  ley  habla  todo  el  mun- 
do calla.     Hay  religioso  respeto  á  la  ley;  y  de  aquí  proi 
que,  eti  aquel  país  afortunado,  no  pueden   imponerse  ni  los 
motines  de  las  turbas  ni  las  dictaduras  de  los  tiranos. 

La  competencia  electoral  formada  por  Valle  en  el  ano  de 
30  no  puede  menos  de  inspirar  grandes  y  consoladoras  re- 
flexiones que  honran  al   pueblo  centro-americano  y   á  los 
hombres  eminentes  de  aquella  época.     El  estado  social   de 
entonces  era  propicio  al  establecimiento  y  al  dOMITOlk 
las  instituciones  libres:  los  pueblos  tenían  tV    en  el   derecho 
y  apego  á  las  ideas;  y  los  hombres  de    la    revolaojóa    d( 
no  trataron  de  corromper  á  los  pueblos,   ni   unciéndolos  al 
carro  de  una  fuerza  brutal,  ni  seduciéndolos  con  las  DTOI 
sas  de  una  falsa  democracia,  ni  anonadándolos  I   fuersa  de 
terror.     Así    se  explica  cómo  los  pueblo-  . I    i 
ca  que  antes  habían  electo  á  Valle  Presidente,  >  que  sabían 
qne  era  un  sabio  estadista,  enfrentaron   su   candidatura  á  la 
candidatura  del  General  victorioso  qne  casi  cegaba  los  ojos 


111 


con  los  relampagueos  de   su    triunfadora   espada:  así  se  ex. 
plica  cómo  la  pluma  del  escritor  hizo  la   oposición  al   sable 
del  soldado:  así  se  explica  cómo  el  bufete  del    publicista    se 
puso  frente  á  frente  del  cuartel  del  vencedor.     ¡Ay!  No  co- 
nocen la  Historia  los  qne  no  tienen  fé  en    las   aptitudes   de 
nuestros  pueblos  de    raza  latina,    en  su    capacidad  para    ser 
los  pueblos  de  las  instituciones  y  de    la    República.     Cierto 
es  qne  hemos    llegado  á  épocas   tristísimas   de    miseria,    de 
abyección,  en  (pie  es  hasta  justificable  la  duda  de  si  hemos 
nacido  ó  no  como  seres  adscritos  á  la  coyunda   vil   del   des- 
potismo: cierto  es  que,  en  lo  general,  al  imperio  de  las  ideas, 
ha  sucedido,  de  todo  en  todo,  el   imperio  de  la  fuerza  bruta: 
cierto  es  que  los  miasmas  de   la  corrupción  social  y   política 
han  envenenado  nuestra  atmósfera.  Cuando  yo  he  visto  en 
las  serranías,   ó  en  los  picos  de  nuestras   montañas,    á    un 
guerrillero  cruel  y  bárbaro,  v  cuando  ha  cometido  los   crí- 
menes (pie  causan  más  horror,  yo  me   he  dicho,  con  tristeza 
infinita,  el  guerrillero  hará  carrera,  atraerá  la  opinión,  será 
el  Presidente  de  la  República:  y  esta  es  la  verdad,    la    terri- 
ble verdad.      Sotero  y  Rafael  Carrera  valieron  más  en  Gua- 
temala (pie  José    Francisco  Barrundia  y  Mariano  Gal  vez,  y 
como  la  comparación  no   revela  vanidad,   el  indio  Vasquez, 
corta-cabezas,  podo  valer  más  en  Honduras  (pie  el  autor  de 
estas  líneas.  ¿Pero  (pié  es  todo  esto  ante  la  crítica  filosófica 
de  la  Historia?  ¿Revela  que  la  raza  de  los  centro- america- 
nos es  una  raza  abyecta,  incapaz  para  la  libertad?    De  nin- 
guna manera.      Lo  que   revela  es  que  nuestros    pueblos,  en 
mala  hora,  han  sido  corrompidos,  y  que  es  necesario  rehabi- 
litarlos: los  centro-americanos  no  tenemos  un  vicio  orgáni- 
co que  nos  haga  vivir  entre  los  furores  de  la  anarquía,  ó  en- 
tre los  atentados  del  despotismo:  los  centro-americanos,  lo 


115 


que  tenemos  es  un  vicio  en  nuestra  educación,  pero  no  falta 
de  buenos  instintos  y  de  naturales  aptitudes:  eduquémonos 
por  la  virtud  de  las  ideas,  y  por  la  virtud  misma  de  nuestros 
acerbos  dolores,  y   entonces  probaremos  al  mundo  que  so- 
mos dignos  de  llevar  el  nombre  de  republicanos.     No  es  inep- 
to para  la  libertad  el  pueblo  centro-americano  que  consui 
sin  odio  y  sin  venganza,  la  independencia  de  España:  el  i 
blo  que  en  el  año  de  24  eligió  Presidente  á  José  del    Valle, 
hombre  civil  y  de  gobierno,   á  despecho   de  Arce,   hom 
de  prestigios  militares;  el  pueblo  que,  en  los  ano-  d< 
y  29,  luchó  heroicamente  por  restaurar  las  instituciones 
la  República;  el  pueblo  que,  en  el  afio  de  30,  no  se  dejó  fas- 
cinar por  las  glorias  militares  del  General  Morazán. 
á  dar  sus  votos  al  gran  Valle,  al  hombre  de  la   cien 
la  legalidad.    Nuestros  pueblos,  más  que  corrompidos,  están 
aturdidos  por  los  golpes  redoblados  de  la  anarquía   ó  de  la 
dictadura.     Qué  los  hombres  de  ideas  les  apliquen  remedios 
que  los  hagan  salir  de  su  estupor,  de  su  ai unlim ii-ir 
remos   volver  á  la  vida  pueblos  enérgicos,  con 
ra  la  democracia,  con  vocación  pura   la   verdadera   I 
No  desconfiemos  del  carácter  y  de  loa  destinos  de   nuestros 
pueblos;  no  pensemos,  como  Aristóteles  pensaba  de  los  bár- 
baros, que  su  destino   es  la  esclavitud.     Hagamos  pensar  á 
los  pueblos,  hagámosles  sentir  las  bellezas  del  orden  y  de  la 
libertad,  y  á  la  vez    los  horrores  de  la  anarquía  J    d< 
tadura;  hagámosles  leer  las  páginas  gloríoM 
por  todos  los  medios    posibles,  démosli 
cial  y  política;  levantemos  su  espíritu,  d  ríaosles  dignida 
nobleza,  y  veremos  cómo  las  ideas  triunfal: 
de  los  despotismos  de  abajo  y  de  los  d< 
Luchamos,  no  contra  un  vicio  orgánioo,  DO 


116 


de  raza,  sí,  contra  un  vicio  de  educación.  Eduquémonos 
social  y  políticamente:  esta  es  la  solución  de  nuestro  pro- 
blema. Los  hijos  de  Chile,  de  nuestra  raza  y  de  nuestros 
antecedentes  históricos,  hoy  se  glorían,  por  la  virtud  desús 
instituciones,  diciendo,  somos  chilenos:  los  hijos  de  la  Re- 
pública del  caudaloso  Plata,  de  nuestra  raza  y  de  nuestros 
antecedentes  históricos,  hoy  se  glorían  diciendo,  somos  ar 
gentinos:  los  hijos  de  la  pensadora  Colombia,  de  nuestra 
raza  y  de  nuestros  antecedentes  históricos,  hoy  se  glorían 
diciendo,  somos  colombianos;  y  nosotros,  cruel  es  decirlo, 
casi,  casi  nos  avergonzamos  al  decir  somos  hondurefios  ó 
guatemaltecos.  Pero  eduquémonos,  demos  la  espalda  á  las 
turbas  demagógicas  y  á  los  mandones  todopoderosos;  acoja- 
mos con  fé  y  con  amor  los  principios,  las  instituciones,  y 
así  llegará  un  dia  en  que  tal  vez  ¡ay!  no  nosotros,  pero  sí 
nuestros  hijos,  digan,  con  noble  y  legítimo  orgullo,  somos 
centro-americanos. 

El  Ceneral  Morazán,  en  10  de  Setiembre  de  1830,  tomó 
posesión  de  la  PresidenciaMe  Centro-América.  Desde  en- 
tonces aceptó  la  responsabilidad  de  conciliar  el  orden  con  la 
libertad,  problema  irresoluble  bajo  la  Constitución  federal 
del  año  de  24,  opuesta  á  las  condiciones  sociales  de  los  cen- 
tro-americanos. En  el  extranjero  escitaba  vivo  interés  la 
República  de  Centro-América:  creíase  que  la  extinguida 
revolución  solo  había  sido  pasajero  accidente,  y  que  el  pue- 
blo centro-americano  podría  constituirse,  bajo  un  régimen 
de  sólida  paz,  propicia  á  la  industria  y  al  comercio,  y  de  li- 
bres instituciones,  propicias  á  los  intereses  de  las  naciones 
cultas  y  de  liberales  tendencias.  Abrigando  tales  creencias, 
el  Gobierno  de  Francia,  presidido  por  Luis  Felipe,  el  rey 
ciudadano,    reconociendo   la  independencia  de    Centro-A- 


117 


mérica,  en  1831,  escitó  á  su   Gobierno  para  que  Acredito* 
un  Ministro  ante  el  Gobierno  francés.    El  Doctor  Don  Ma- 
riano Galvez,  ciudadano  eminente  por  su  talento  v  por  sus 
luces,  rehusó  con  evasivas  la   aceptación  de  tan  alto  cargo. 
Valle,  para   el   desempeño   del  mismo  cargo   diplomático, 
fué  nombrado  por  el  Presidente  Morazán,  pero  también  ne- 
gó su  aceptación,  y,  por  recomendación  suya,  fué    Doml 
do  Ministro  Don  Próspero  de  Herrera,   que  por  aquel  t 
po  se  hallaba  en  Europa.     Sensible  es  que  Valle  no  acepta- 
se el  encargo  que  le  confiara  el  General   Morazán.      A 
se  hubiesen  malogrado  sus  trabaos  como   diplomático,  no 
se  habrían  malogrado  los  conocimientos  que  de  Europa  ha- 
bría traido  para  participarlos  á  sus   conciudadanos.    ;<v 
vasto  teatro  la  culta  Europa  para  el  sabio  Valle!     El  hom- 
bre á  quien  eran  familiares  los  cálculos  de  X»  wton. 
cubrimientos  de  Cuvier,  las  ensc  fianzas  de  Smitli  y  de  > 
y  las  concepciones  políticas   y  jurídicas  de   Filangieri  y  de 
Benthum;  el  hombre  que  abarcaba  en  su   privik  giado  « i 
bro  todos  los  ramos  del  saber  humano,  habría  bei  ho  le  D< 
Centro-América   colocado  en  Paris,  en  el  cerebro  del  mun- 
do civilizado;  y  tal  honor,  reflejado  en  la  patria,  pi 
honor  de  un  sabio,  habría  sido  fecundo  en  cien  ti  fu- 
que  aún  hoy  dia   podrían    alumbrarnos  en    el  MOabrO* 
mino  que  emprendemos,  como   pobres   pi  •:  .en  pot 

del  progreso,  de  la  ciencia,  de  la  libertad  y  de  la 
Dificilísima,  por  no  decir  rara  y  extraotdÍN 
tuación  del  General  Morazán    durante  el  prim. 
su  Gobierno.     Toda  acción  por  ley  historio»,  <|m'  ' 
tural,  tiene  su  reacción.     La  revolución  fif 
te  del  29,  desde  el  31  tuvo  su  reacción,  y  en 
en  una   verdadera  contra-revolución.     Con 


VIS 


beliones  en  el  Salvador; invasión  délos  conservadores espa- 
fiolistas  por  la  costa  atlántica  de  Honduras;  invasión  de 
Arce  y  de  sus  adeptos  por  la  frontera  de  Guatemala,  por  el 
lado  del  Soconusco:  por  tedas  partes  agitaciones  y  descon- 
fianzas que,  á  maravilla,  explotaban  el  elevo  lastimado  en 
sus  privilegios,  y  los  pretensos  nobles  contrariados  en  su  or- 
gullo y  en  sus  granjerias.  Tal  fué  la  situación  que  tocó 
dominar  al  General  Morazán,  Presidente  de  la  República. 
Presidente  que  no  tenía  ni  un  palmo  de  tierra,  como  dis- 
trito federal,  para  crear  un  centro  de  poder  y  de  acción  que 
pudiese  atraer  las  fuerzas  de  la  legitimidad,  para  hacerlas 
sentir  después,  en  toda  la  extensión  de  la  República,  en  bene- 
ficio de  los  capitales  intereses  del  orden  y  de  las  institucio- 
nes. Y  sin  embargo,  el  valor  inquebrantable  y  el  genio  po- 
lítico de  Morazán  supieron  sobreponerse  á  todo.  El  genio 
de  Morazán  en  las  famosas  jornadas  de  Jocoro,  de  San  Sal- 
vador, de  Eseuintla  de  Soconusco,  deTercales,  de  la  Ofre- 
cedera,  de  Jaitique,  de  Trujillo,  de  el  Espino,  de  Opoteca 
y  de  Omoa,  supo  hacer  valer  lo  que  importa  la  causa  de  los 
hombres  libres,  loque  impórtala  cansa  délas  instituciones. 
Morazán,  en  el  año  de  3¿,  venciendo  á  Cornejo,  á  Arce  y 
á  Domínguez,  restableció  la  paz  de  Centro-América.  Pe- 
ro esta  paz,  tan  ardientemente  querida,  y  á  costa  de  tantos 
sacrificios  conquistada,  no  podía  menos  de  perturbarse. 
Morazán  podía  vencer  ejércitos,  pero  no  podía  vencer  el. 
vicio  orgánico  de  las  instituciones  federales  que  había  jura- 
do sostener.  Hombre  de  honor  y  de  lealtad,  sosteniendo 
desacordadas  instituciones,  labraba  su  propia  ruina.  Las 
instituciones  federales  crearon  un  poder  nulo,  y  abrieron 
vasto  campo  á  las  desapoderadas  ambiciones  del.  caudilla- 
je:   tal  fué  el  escollo  del  General  Morazán.  Ni  el  genio   ex- 


119 


traordinario   del  más  grande   de  nuestros  guerreros 
nuestros  políticos  fué   bastante  á   subsanar  el  error  capital 
de  los  legisladores  federalistas  del  24. 

Aunque  restablecida  la  paz  por  los  triunfos  del  3*-2,  con- 
tinuaron grandes  disidencias  y  agitaciones   revolucionarias, 
ya  en  el  Salvador,  ya  en  Nicaragua,  ya  en  Guatemala,    ká 
pasó  la  mayor  parte  del  33,  hasta  que  en  sus  últimos  meses, 
vencida  la   reacción  de   Nicaragua,  volvió   á  pacificarse  la 
República,     Si  hubiera  habido  un  Gobierno  (central,    Mora- 
zán  no  habría  malgastado  los  esfuerzos  de  su  gen 
zán,  por  su  heroico  valor,  por  su  alta  inteligencia,  y  por  su 
habilidad  política,  habría  sido   inconmovible  en  el  poder, 
habría  afirmado  una  perdurable  paz,  habría  fundado  ni  l6- 
lido  régimen  de  instituciones  libres,  y  habría  asegurado  pa- 
ra siempre  la  unidad  gloriosa  de  la  Patri, 
na.     Cuan  grande  y  cuan  desgraciado  fué  el  General 
zán!     Da  lástima   contemplar  los  esfuerzos  de  su   gv\. 
verlo  purgar,    con  sus   sacrificios,    ágenos  en  i  genos 

crímenes.  Parece  qae  en  el  drama  de  la  Historia  dominan, 

á  veces,  fatalidades  invencibles! 

No   obstante   las  agitaciones   políticas,    (.Y 
progresaba:   la  instrucción  pública,  las  obrai  de 
los  arreglos,  en  lo  rentístico,  recibían  ooniiderabl 
co  impulso.  Entre  revoluciones  sofo<  las.  \  BfO- 

gresos  iniciados  ó  ensanchados,  llegó  el  alio   i  BD  QM 

por  la  ley  debían  renoyaraa  las  Autoridad*  federal^ 
procedió  á  elecciones.  Morazán,  siempre  notorioto*  j 
pre   consecuente  con    la  causa   de  las   insiiii 
hombre  de  los  prestigios   militares,  y  contaba  con  loa  más 
sinceros  y  decididos  amigos  en  («'«1..  <  Yntr.»  Aui.-rica,   ami- 
gos como  José   Francisco  Bamnulia.    QOmo  Pedro    M 


120 


como  Dionisio  de  Herrera,  como  Diego  Vigil,  como  Trini- 
dad Cabanas,  como  Mariano  Prado.  No  obstante,  Mora- 
zán  confió  al  libre  voto  público  la  renovación  de  los  pode- 
res constitucionales.  No  quiso,  á  guisa  de  dictador,  impo- 
ner á  sablazos  su  voluntad  á  los  pueblos.  Los  pueblos  eli- 
gieron libremente,  y  eligieron  Presidente  de  la  República 
al  estadista  de  su  predilección,  á  José  Cecilio  del  Valle. 
Esta  persistencia  de  los  centro-americanos  en  elegir  á  Valle 
fué  la  persistencia  de  la  honradez  y  del  buen  sentido.  La 
segunda  elección  de  Valle  forma  la  página  más  bella  de 
nuestra  Historia,  página  en  que  aparecen  tres  nombres  in- 
mortales: el  nombre  del  pueblo  sensato  que  eligió  á  un  hom- 
bre civil,  por  ser  el  hombre  de  la  ciencia  y  de  la  ley;  el 
nombre  del  General  Morazán,  que  pudiendo,  como  vulga- 
rísimo ambicioso,  sofocar  la  voluntad  de  los  pueblos,  dejó 
libre  su  elección;  y  el  nombre  de  José  Cecilio  del  Valle  que, 
por  sus  virtudes  y  por  su  saber,  tuvo  siempre  el  aprecio  y 
los  votos  de  sus  conciudadanos.  ¿Tiene  nuestra  historia 
contemporánea  una  página  tan  gloriosa?  No  la  tiene  ni  si- 
quiera parecida.  Han  podido  y  pueden  existir  entre  nos. 
otros,  y  hablo  en  hipótesis,  estadistas  como  Gladstone  y 
Thiers,  sabios  como  Littré  y  Darwin,  publicistas  como  La- 
bouiaye  y  Pelletan,  economistas  como  Stuart  Mili  y  Min- 
gnetti,  escritores  y  oradores  como  Gambetta  y  Castelar;  por 
vía  de  magia  ó  de  encantamiento  han  podido"  vivir  entre 
nosotros  tales  hombres;  pero  á  pesar  de  la  magia,  tratándo- 
se de  elecciones,  los  pueblos,  de  rodillas,  temblando  de  te- 
rror, habrían  dado  sus  votos  al  primer  caudillejo  militar 
que,  oliendo,  á  cien  leguas  á  taberna,  les  impusiese  el  cre- 
do absoluto  de  una  fuerza  indiscutible,  de  una  fuerza  bru- 
tal, de   un  militarismo  feroz,  y  de  una  venganza  implaca-* 


121 


ble.  (2)     ¡  Ay!  ¿Por  qué  se  han  ido  aquellos  tiempos  en  que 
había  nn  Morazán  libertador,  un  pueblo  dign  .  v  un 

José  del  Valle  merecedor  de  sus  votos? 

Antes  de  ver  el  resultado  de  la  elección  qoe  obtu\. 
lie  en  1834,  debo  juzgarlo,  aunque  á  grandes  rasgos. 
sabio  y  como  literato,  ya  que  repetidas  veces,  en  el  curso  de 
esta  obra,    he  dicho  que  José  del   Valle   era  hombre   emi- 
nente en  las  ciencias  y  en  las  letra-.     Según  el  I  > 
de  la  lengua,   y    el   común  sentir  de  las  gi-nn 
nombre  de  sabio  al  individuo  que  se  ha  distingo  ido  p 
profundos  conocimientos  morales  y  científicos.      I. 
ría,  pues,  la  constituyen  el  conocimiento  de  las   1- 
vida  moral  de  los  hombres  y  de  las  sociedades,  v   el   conoci- 
miento de  las  ciencias  que  contribuyen  á  labrar  la 
de  la  especie  humana.     Extensión  en  el  saber,  profnn 
en  los  conocimientos,  y  utilidad  práctica  de  la  kdqpi- 

rida,  todo  esto  viene  á  formar  el  verdadero  sabio.     ;  1: 
Valle  estas  condiciones  para   serlo?     ¿Hablaban  impí 
mente  los  centro-americanos    que,  al  reí' 
cian  siempre  el  sabio  Valle? 

Valle  reunía  indudablemente  las  condicione^   D606I 
paca  ser  sabio:  los   centro-americanos    hablaban 
propiedad  al  llamarlo  sabio.     Valle  conocía  • 
tensión  y  profundamente  lo  (pie    hoy  llaman 
(3)  Conocía  las  leyes  morales   que   rigen    á  rea.  la 

(2)    Estos  juicios  se  refieren,  con  honr< 
riores  ala  ruptura  definitiva  del  pacto  federal,    i 

cas  aludidas  mis  .inicios   no  pueden  tener  una  uheoloto  4  iVnin» 

América. 

(8)    Véanse  los  escritos  de  A.uguat 
ropeos  que  han  sabido  fijar,  en  su  mayor  parte 
la  ciencia  social.    Délos  escritores   hispano-nuin 
preferencia  á  Josó  Victoriano  Lastarria,  el  puluioist 
y  éxito  ha  popularizado  exactos  y  utiliain* 


!:>•> 


historia  que  ha  marcado  en  cada  época  sus  desarrollos,  sus 
vicisitudes  y  progresos,  y  las  leyes  positivas  que,  en  las  re- 
laciones internacionales  ó  en  las  relaciones  internas  de  las 
sociedades,  forman  el  sistema  de  legislación  y  dan  una  idea 
completa  de  los  vínculos  jurídicos  de  los  pueblos,  de  su  uni- 
dad fundamental  y  de  su  admirable  variedad,  de  sus  for- 
mas de  Gobierno,  de  sus  usos  y  costumbres,  de  las  relacio- 
nes entre  gobernantes  y  gobernados,  de  los  intereses  econó- 
micos y  administrativos  de  las  comunidades  sociales,  de  los 
civiles  derechos  de  sus  individuos,  y  de  las  disposiciones 
penales  que  sancionan  el  cumplimiento  de  la  ley  para  sal- 
vaguardia del  orden,  y  para  respeto  de  las  relaciones  jurí- 
dicas. 

Valle  no  solo  conocía  profundamente  estos  ramos  de 
las  ciencias  morales  y  políticas:  conocía  además,  y  con  per- 
fección, las  ciencias  naturales  y  las  ciencias  físico-matemá- 
ticas, necesarias  para  formar  el  criterio  del  sabio  que,  ante 
todo,  debe  ser  el  práctico  y  útil  conocedor  de  la  naturaleza, 
•física,  orgánica  6  inorgánica,  que  por  todas  partea  nos  rodea 
rehusándonos  sus  secretos  que  solo  confía  al  estudioso  y 
reflexivo  sabio.  Valle  conocía  la  historia  natural.  Por  la 
anatomía  tenía  ideas  exactas   sobre  el   organismo  del  hom- 

ciología.  La  Historia  constitucional  de  medio  siglo,  La  América,  El  Derecho 
público,  La  Constitución  de  Chile  comentada,  y  La  Política  positiva,  prin- 
cipales obras  del  ilustre  Lastarria,  deben  ser  objeto  de  estudio  para  todos 
los  hombres  políticos  y  bien  intencionados  que  aspiren  á  arraigar  en  la  gran 
patria  hispano- americana  fundamentales  y  benéficos  principios  en  orden  á  los 
más  importantes  arreglos  sociales,  y  en  particular,  con  respecto  á  la  política  y 
ala  administración.  La  escuela  americana  define  y  aplica  mejor  el  derecho 
que  cualquiera  de  las  doctas  escuelas  europeas.  José  Victoriano  Lastarria  es 
sin  disputa  uno  de  los  primeros  maestros  de  las  escuelas  políticas  de  nuestro 
Continente:  José  Victoriano  Lastarria  tiene  la  ilustración  clásica  de  los  publi- 
cistas europeos  Tocqueville,  Stuart-Mill,  Laboulaye  y  Pelletan,  y  á  la  vez,  en 
toda  su  pureza,  el  exacto  criterio  del  publicista  americano,  del  publicista  de  la 
República.  Léanse  y  estudíense  siempre  las  obras  de  Lastarria,  de  Lastarria 
que  más  bien  que  honra  de  Chile,  es,  en  las  Ciencias  y  en  las  Letras,  verdadera 
gloria  de  Hispano-América. 


123 


bre,   y  por  la  fisiología  idea  sobre  las  funciones  de  la  vida 
humana:   por  la  zoología  conocía  los  organismos  variad 
mos  y  las  utilidades  y  ventajas  del  reino"  animal:  por  la  mi- 
neralogía conocía  los  preciosos  metales   que   encierran   las 
entrañas  de  la  tierra,  que  dan  vida  á   las  transacci< 
comercio,  y  satisfacen  las  necesidades  individuales   v  públi- 
cas: por  la  botánica  conocía  las  bellezas  seductoras  del  mun- 
do amable  de  las  plantas,   y  sus  usos  útilísimos  para  reí 
y  conservación  de  los  hombres.     Valle  además  de  natura 
ta  era  físico,  químico  y  matemático.     Conocía  las   prop 
dad  es  generales  y  particulares  de  los  cuerpos,  y  sus  conoci- 
mientos dábanle  juicios  acertados  sobre  la  tierra  y  la  atmós- 
fera  en  relación  con  la  agricultura,  sobre  el  movim 
las  fuerzas,  en  relación  con   las   máquinas   necesarias  á   la 
industria,  sobre  los  fenómenos  meteorológicos,  en  relac 
con  la  salud  del  hombre,  y  sobre  los  colores  y  sonidos  en 
relación  con  las  bellas  artes.    El  arte  do  calcóla!  DOf 
de  operaciones   aritméticas,  de   algebraicas   ecuaciones,  6 
de  medidas  geométricas,  proporcionaba  á  Valle  las  mal  ; 
ciosas   aptitudes  para  apreciar  con    exactitud  1   - 
des  elementos  del  mundo  en  lo  moral   y   en    lo    fisw  <».      Kl 
cálculo  le  hacía  comprender  y  formular  la  i 
cia  madre  de  las  combinaciones  y  arreglos  de    la    i 
de  la   administración:  el  cálculo  lo  hacía  vagar   p»r  los  ce- 
lestes espacios  y  apreciar  las  distancias,   magnitudes,  volú- 
menes y  movimientos  de  los  mundos  qoe  nos   revela  U  as- 
tronomía, revelándonos  ¡av!  que  BOmOfl  átomo* 
la  inmensidad  del  espacio   infinito:  el  cálenlo  le  hacia  001 
prender  la  extensión  y  límites  de  nuesi  ras 
tros   climas,  y  las  inlluencias   química.* 
políticas,  que  se  derivan  de   lá  diversidad    del    MD* 


124 


ocupamos,  y  de  la  atmósfera  más  ó  menos  pesada  que  en- 
vuelve nuestro  organismo;  el  cálculo  le  hacia  comprender, 
en  fin,  la  combinación  y  armonía  de  los  compases  en  la  mú- 
sica, la  gradación  de  los  colores  en  la  pintura,  y  el  ritmo, 
la  cadencia  en  los  versos  de  la  divina  poesía.  Hombre  que 
tanto  sabía,  y  qne  tanto  sentía,  mereció  con  justicia  el  ca- 
lificativo honrosísimo  de  sabio.  Las  ciencias  y  las  letras 
progresan  y  progresarán  sin  que  sea  posible  asignar  límites 
á  sus  adelantos; .pero  como  casi  todo  es  relativo,  y  Valle  fué 
sabio  para  su  época  y  lo  sería  para  la  nuestra,  por  mucho  que 
progresen  las  ciencias  y  las  letras,  la  posteridad  ha  de  lla- 
mar siempre  á  José  del  Valle,  el  sabio  José  Cecilio  del  Va- 
lle. No  en  vano  se  consume  una  vida  entera  en  arrancar  á 
la  naturaleza  sus  secretos:  tras  ímprobos  trabajos  de  estu- 
dio y  de  reflexión  debe  quedar  al  menos  un  nombre  célebre, 
un  nombre  glorioso.   (4) 

Valle  no  sólo  fué  un  gran  pensador,  un  experimentado 
publicista,  un  práctico  economista,  un  persuasivo  orador, 
Un  sabio  eminente:  fué,  además,  un  buen  literato.  Valle, 
en  la  acepción  concreta  que  tiene  la  palabra,  fué  verdadero 
literato,  porque  era  versadísimo  en  las  letras  humanas.  Co- 
nocía profundamente  las  obras  de  los  clásicos  griegos,  lati- 
nos, franceses,  italianos  y  españoles:  había  formado  su  gus- 
to con  selectas  lecturas,  y  poseía  el  arte  del  bien  decir. 

Pero  no  obstante  los  grandes  conocimientos  literarios  de 
Valle,  en  mi  concepto,  vale  mucho  más  como  publicista, 
como  economista,  y  como  sabio  que  como  literato.  En  la 
literatura,  aunque  fundada  en  el  saber  científico,  debe  pre- 


(4)  Los  sólidos  y  vastos  conocimientos  de  Valle  y  su  reputación  científica  lo 
hicieron  acreedor  al  nombramiento  de  Individuo  de  la  Sociedad  de  Ciencias  de 
París. 


125 


dominar  la  idea  del  arte,  y  al  predominar  la  idea  del 
deben  sobresalir,  ya  en  la  prosa,  ya  en  el  verso,  las  formas 
de  la  belleza,  las  formas  reveladoras,  no  tanto  de  la  idea 
formada  al  calor  de  la  reflexión  profunda,  cuanto  del  sen- 
timiento estético,  formado  al  calor  de  natural  y  espontá- 
nea inspiración. 

Valle  era  literato  porque  conocía  las  letras  humanas,  y 
había  cultivado  su  gusto;  pero  sus  aptitudes  naturales  no 
eran  eminentes  y  seductoras  aptitudes  literarias.  En  Va- 
lle predominaba  la  idea  reflexiva,  no  el  sentimiento  artísti- 
co. Léanse  sus  numerosos  y  variados  escritos,  y  su  lectura, 
á  no  equivocarme,  dará  la  confirmación  de  mi  aserto.  En 
los  escritos  de- Valle  puede  verse  la  reflexión  profunda  del 
pensador,  pero  muy  rara  vez  puede  verse  la  espontaneidad 
del  artista.  Valle  abunda  en  ideas,  abunda  en  pensamien- 
tos; pero  es  pobre  en  imágenes  seductoras,  escaso  en  rasgos 
conmovedores,  falto  de  las  expresiones  que  forman  el  idio- 
ma estético  del  sentimiento,  y  que,  impresionando  el  cora- 
zón, acaban  por  apoderarse  de  la  cabeza.  En  los  escritos  de 
Valle  hay  tanto  de  reflexivo,  tanto  de  meditado) 
tanto  de  matemático  y  hasta  de  geométrico,  qnc 
ver  el  aparente  y  bello  desorden  de  la  inspiración,  que  im- 
piden sentir  y  gustar  bellezas  literarias  qne,  aunque  alguna* 
veces  están  como  escondidas  en  el  concepto,  no  salen,  como 
por  recelo,  á  brillar  con  galanura  y  esplendor  en  las  formas 
esencialísimas  de  la  expresión,  formas  imprescindibles  para 
el  arte.  El  literato,  á  mi  juicio,  debe 
palabra,  y  por  ende,  si  la  forma  que  es  el  len- 
no  cautiva,  no  seduce,  por  medio  de  tai  imágenes,  de  kM 
símiles  y  de  las  amplificaciones  qne  expresan  WMI  brillantéi 
la  inspiración:  si  la  forma  no  es  eminenirm. 


i-2<; 


nentemente  seductora,  podrá  haber  una  literatura  instruc- 
tiva, y  hasta  correcta;  pero  no  la  literatura  que  reclama  la 
estética,  pero  no  la  gran  literatura  del  sentimiento  y  de  la 
inspiración  que  hace  palpitar  la  idea  como  fruto  de  amor 
en  amantísimo  seno,  en  el  bello  seno  de  las  espontáneas,  va- 
riadas y  bellas  formas  del  lenguaje,  divino  verbo,  encarna- 
ción sublime  del  pensamiento  del  artista,  del  pensamiento 
del  gran  literato. 

El  lenguaje  de  Valle,  que  es  tan  propio  de  él,  que  podría 
decirse  lenguaje  de  Valle,  viene  á  confirmar  mi  concepto  so- 
bre sus  aptitudes  literarias.  Valle  tiene  un  lenguaje  unifor- 
memente cortado,  un  lenguaje  monótono,  abrumador  por  la 
grandeza  del  pensamiento,  y  abrumador  por  la  monotonía  de 
la  forma.  Rara  vez  se  encuentra  en  los  escritos  de  Valle  un 
párrafo  de  lenguaje  periódico;  rara  vez  se  encuentra  una 
bella  amplificación;  rara  vez  se  encuentran  imágenes  ex- 
presivas de  grandes  arranques  de  sentimiento  ó  de  pasión. 
Los  escritos  de  Valle,  con  violación  flagrante  de  la  grama 
tica,  contienen  una  serie  prolongadísima  de  dos  puntos  esca- 
lonados en  cada  breve  párrafo:  entre  cada  dos  puntos  un 
gran  pensamiento,  y  con  frecuencia,  en  una  enumeración, 
dos  puntos  separan  una  palabra  de  otra.  Valle,  aunque  no 
por  ignorancia,  pisotea  la  gramática,  pero  enaltece  el  pen- 
samiento. En  sus  escritos,  de  cortadísimo  lenguaje,  se  vé, 
más  que  todo,  al  pensador  que  quiere  marcar  ideas  y  hacer 
hincapié,  y  llamar  la  atención  sobre  las  ideas,  con  sus  eter- 
nos dos  puntos,  mas  bien  que  al  hombre  de  letras,  cuidado 
de  las  correctas  formas  y  apegado  á  las  bellezas  del  len- 
guaje. Valle,  por  otra  parte,  en  obsequio  de  la  idea,  deja 
con  frecuencia  de  ser  castizo.  Avezado  á  las*  lecturas  de 
obras  latinas,  francesas,  inglesas  é  italianas,  abunda  en  la- 


127 


tinismos.  galicismos,  inglesismos  é  italianismos;  pero  él, 
aunque  conocedor  del  habla  de  Cervantes  y  de  Baral 
presa  ideas,  y  esto  le  basta.  Descuida  la  forma  por  atender 
al  fondo.  Mi  fé  literaria  es  que  ambas  cosas  deben  conci- 
liarse;  debe  haber  fondo  en  las  ideas  y  corrección  y  belleza 
en  la  forma.  Esto  constituye  para  mí  la  más  grande,  la 
más  útil  y  bella  literatura. 

Reasumiendo  debo  decir  que  aunque  Valle  era  1  í t . 
porque  tenia  técnicos  conocimientos  literarios,  se  dejaba 
llevar  por  el  predominio  de  la  idea,  y  el  predominio  de  la 
idea  lo  hacía  ser  monótono,  por  su  uniformidad  de  lenguaje, 
mal  hablista,  por  sus  descuidos,  y  antiestético,  por  su  hábi- 
to de  buscar  y  rebuscar,  no  la  expresión  natural  y  bella  del 
pensamiento,  sino  la  expresión  exacta,  matemática  de  la 
idea.  Si  yo  pudiese,  poseyendo  algún  título,  dar  consejos  á 
la  juventud  centro-americana,  yo  le  diría:  estudiad  los  es- 
critos de  Valle,  que  es  el  escritor  más  rico  en  ideas:  cada 
una  de  sus  frases  encierra  un  gran  pensamiento;  pero  le  di- 
ría además:  no  toméis  literariamente  á  Valle  por  modelo: 
Valle  descuida  la  variedad  y  la  belleza  de  la  forma,  y  la 
variedad  y  la  belleza  de  la  forma  son  indispensables,  esen- 
ciales en  las  bellas  letras,  si  es  que  estas  constituyen  él  Uto 
por  excelencia,  el  arte  de  expresar  lo  grande,  lo  bello  y  lo 
sublime,  por  medio  de  la  palabra  reveladora  de  la  idea,  de 
la  inspiración  y  del  sentimiento.  Valle,  mas  bien  que  un 
literario  escritor,  que  emplea  una  brillante  pluma,  es  un 
excelente  grabador  que  emplea  el  buril.  \  a  11» .  más  bien 
que  escribe,  esculpe;  es  un  insigne  grabador  de  pensar 
tos:  búsquesele  en  el  terreno  déla  reflexión  y  de  la 
cia;  pero  no  se  le  busque  como  modelo  en  la  hermosa  es- 
fera de  la  bella  literatura. 


128 


Antes  de  juzgar  á  Valle  como  sabio  y  como  literato,  jui- 
cio con  que  he  acabado  de  presentar  su  noble  personalidad, 
bajo  todos  sus  aspectos,  dije  que  habia  sido  electo  Presi- 
dente de  Centro-América,  en  principios  de  1834.  Pero  llega 
el  momento  de  agregar  que  tan  acertada  y  honrosísima  elec- 
ción, para  desventura  de  los  pueblos  centro-americanos,  no 
pudo  tener  resultado.  A  la  voluntad  de  un  pueblo  libre 
se  opuso  la  fatalidad  de  la,  muerte  implacable.  Voy,  pues, 
á  historiar,  con  profundo  dolor,  y  partiendo  de  datos  fide- 
dignos, los  últimos  dias  y  la  última  hora  del  ilustre 
Valle.  (5) 

Acostumbraba  Valle  hacer,  con  toda  su  familia,  todos 
los  años,  una  temporada  en  su  hacienda  llamada  "La  Con- 
cepción," distante  18  leguas  de  Guatemala.  Desde  fines  de 
Diciembre  de  1833  permanecía  en  'kLa  Concepción"  dis- 
frutando de  completa  salud;  pero  desde  el  1.°  de  Febrero 
de  1834  empezó  á  experimentar  distintos  padecimientos  fí- 
sicos, aunque  no  de  carácter  alarmante.  Así  continuó  por 
espacio  de  algunos  dias,  hasta  el  22  del  mismo  mes,  en  que, 
á  las  5  de  la  tarde,  fué  repentinamente  atacado  de  una 
fuerte  fatiga  con  hervor  de  pecho,  mal  de  que  nunca  había 
padecido,  y  que  era  de  gravísimo  carácter  porque  casi  le 
impedíala  respiración  y  podía  producir  una  asfixia.  En 
fuerza  de  los  solícitos  cuidados    de  la    familia,    Valle    tuvo 


(5)  Los  datos  relativos  á  los  detalles  de  la  última  enfermedad  y  muerte  de 
Valle,  fueron  proporcionados  por  Don  José  Bernardo  del  Valle,  en  el  mes  de 
Junio  de  1878,  en  la  Capital  de  Guatemala,  á  mi  excelente  amigo  Don  J.  J.  Pal- 
ma, quien  ha  tenido  la  fineza  de  obsequiarme  el  manuscrito  que  contiene  di- 
chos datos,  manuscrito  que  obra  en  mi  poder.  El  Señor  Palma  me  ha  prestado 
también  su  importante  cooperación  haciendo,  desde  hace  mucho  tiempo,  in- 
vestigaciones sobre  la  vida  y  escritos  de  Valle,  y  comunicándome  bondadosa- 
mente todos  los  datos  y  noticias  que  ha  podido  obtener.  Que  mi  querido  ami- 
go, y  compañero  en  estudios  literarios,  reciba  en  estas  líneas  la  sincera  expre- 
sión de  mi  reconocimiento  por  sus  oportunos  y  valiosísimos  servicios. 


m 


algún  alivio,  pero  la  enfermedad  continuaba.    El  Pro- 
Don  Mariano  Borjas,  Capellán   de  la  familia,    fu. 
mala  en  busca  del   Doctor  Don  Quirino  Flores,   n 
la  casa.     Flores  llegó  á  "La  Concepción"  el  en  el 

acto  oyó  del  paciente  la  relación  de  sus  padecimie 
la  familia  las  noticias  relativas   á  los  medica:: 
le  habían  aplicado. 

El  Doctor  Flores  no  dio  á  la  enfermedad  de  Valle  I 
portancia   que  tenia.     Aplicóle  algunos  cale 
produjeron  el  resultado  apetecido.     A  pesar  de    • 
los  encarecidos  ruegos  y  de  la  consternación.  lágri- 

mas de  la  angustiada  familia,  partió  de  la  hacienda  • 
siguiente,  dirigiéndose  á  Sonsonate,  en  donde  1<>  esperaban 
asuntos  importantes  del  Senado,  del  cual  era  individuo.    1'..: 
aquel  tiempo  las  Autoridades  federales  residían  en  el  I 
del  Salvador. 

La  familia  de   Valle  deseaba   trasladarlo 
y  su  deseo  fué  secundado  por  él  voto  del  Doctor  I 
dia  1.°  de  Marzo  salió  la  familia  de  la  hacienda. 
do  al  enfermo  en  una  camilla  arreglada    de  ¡  ll  ma- 

nera.    En  la  mañana  del  mismo  dia  llegaron  a  I .. 
"El  Jute,"  tres  leguas  distante  de  "La   Cu  B 

enfermo  sintióse  muy  aliviado,  y  en  la   familia 
las  más  lisonjeras  esperanzas.    Mus  en  la  Qoche,  ¡H6S| 
mente,  se   agravó  el    mal  del  enfermo,    man 
particular,  su  gravedad  por  un  prolongado  delirio,    I 
delirante  hablaba  sin  cesar  de  la  Casa  »1<    Moi 
din  Botánico  de  México:  después  tomó  por  ■• 
nancia  para  admitir  la  Presidencia  de  Centro  kmi 
altísimo  cargo  para  el  que  había  sido  ele 
decía:     "Reiteraré    cuantas;    renuncias    fueren    necesaria! : 


130 


quiero  que  digan,  Valle  hubiera  restituido  la  paz,  y  no, 
Valle  no  pudo  conseguirla.  En  último  caso  me  rodearé 
de  sabios  de  Europa,  amigos  mios,  á  quienes  haré  venir  pa- 
ra asegurar  el  bien  de  la  patria,  y  sacarla  del  caos  en  que  la 
han  precipitado  las  resoluciones  promovidas  por  el  aspiran- 
tismo."  Siempre  el  mismo  hombre,  siempre  el  patriota, 
siempre  el  sabio!  Aun  en  su  delirio,  oscurecidos  los  ojos 
por  las  sombras  de  la  muerte,  sofocado  el. pecho  por  cruel 
fatiga,  enardecido  el  cerebro  por  la  fiebre,  con  el  sepulcro 
entreabierto,  Valle  pensaba  en  el  bien  de  la  patria,  y  con 
noble  orgullo  pensaba  en  su  nombre,  porque  la  grandeza 
de  su  nombre  debía  servir  para  la  grandeza  de  Centro- 
América.  ;Ay!  Valle  en  su  pobre  camilla,  Valle  moribun- 
do, era,  por  su  idea,  el  Valle  del  gabinete,  el  Valle  de  la 
prensa,  el  gran  Valle  de  la  tribuna! 

Pasó  el  delirio  y  vino  una  ligera  calma;  pero  después, 
en  la  madrugada,  acometió  al  enfermo  un  nuevo  ataque  de 
fatiga:  Valle  se  asfixiaba.  La  familia,  con  redoblados  es- 
fuerzos, logró  calmarlo,  y  continuaron  su  marcha  para  la 
hacienda  * 'Corral  de  Piedra,"  distante  12  leguas  de  la  capi- 
tal de  Guatemala.  Pero  á  media  jornada,  y  á  eso  de  las  10 
de  la  mañana  del  domingo  2  de  Marzo,  en  medio  de  una 
de  las  llanuras  del  camino,  la  camilla  hizo  alto:  Valle  se 
moría;  la  enfermedad  le  asestaba  su  último  golpe.  Tuvo 
tiempo  de  pedir  los  auxilios  del  confesor,  y  dijo,  entre  otras 
cosas,  á  su  Capellán:  "Padre,  conozco  que  estoy  ya  en  el 
último  período  de  mi  existencia,  y  necesito  de  los  auxilios 
espirituales  para  devolver  mi  alma  al  Creador  que  me  la 
dio."  La  consternada  familia  rodeaba  la  camilla.  Valle, 
ya  para  morir,  faltóle  el  habla;  pero  aun  quedábale  un  resto 
de  vida  en  sus   ojos   que   se   apagaban.     Vio  junto  á  sí  á 


131 


su  hijo,  nifio  de  diez  años,  le  tomó  convulsivamente  lama- 
no  y  la  llevó  á  su  pecho.  En  aquel  instante  su  corazón, 
como  rendido  por  supremo  esfuerzo,  dejó  de  latir:  Valle 
había  muerto,  y  la  familia  entre  indecibles  dolores,  sollozos 
y  lágrimas,  tuvo  que  deshacer  el  grupo  conmovedor  que 
formaban  el  padre  y  el  hijo: el  padre  muerto,  que  sún  apre- 
tábala mano  de  su  querido  niño,  del  h'jodesn  ;im< 
que  lloraba,  aún  sin  comprender  su  inmensa  desventuí 
Aquel  tristísimo  cuadro  de  muerte  y  desolación  era  alumbra- 
do por  el  espléndido  sol  de  Marzo  que  indiferente  continuaba 
su  magestuosa  carrera.  ;  Ay !  el  hombre,  aunque  sea  un  sabio, 
no  es  más  que  un  átomo  que  brilla  por  instantes  para  per- 
derse después  y  confundirse  en  los  miseriosos  senos  de  la  na- 
turaleza, de  lo  infinito.  Tal  es  la  relación  tristísima  de  los 
últimos  dias  y  del  postrer  momento  de  José  del  Valle. 
Siempre  será  memorable  el  infausto  2  de  Marzo  de  1834! 
En  aquel  aciago  dia  extinguióse  la  llama  de  la  extraordi- 
naria inteligencia  del  que  fuera  Gran  Padre  de  la  Patria: 
en  aquel  aciago  dia  ¡ay!  para  eterna  desgracia  de  ni; 
pueblos,  quedó  huérfana  la  Patria  Centro-Ami : 


CAPITULO  OCTAVO. 


Sensación  que  produjo  la  muerte  de  Valle.— Consecuencias  pollücaa  que  turo 
tan  desgraciado  suceso.— Reflexiones.— Olvido  que,  durante  la 
conservadora,  se  hizo  del  nombre  y  de  las  obras  de  Valle.— El 
Honduras  ha  hecho  justicia  á  aquel  grande  hombre,  y  honrado  y  enalteci- 
do, como  se  debe,  la  memoria  de  su  vida  ejemplar.— Hoy  i 
debe  tomarse  como  modelo  la  conducta  política  de  Vall«\  y 
obras  grandes  enseñanzas.— Consideraciones  final»-» 


Honda,    profundísima    sensación    causó  la    inesperada 
muerte  de  José  Cecilio  del  Valle.     Valle,  por  n  di 
vida  pública,  y  más  que  todo,  por  sus  luces  y  por  sus  virtu- 
des, era  conocido  en  todo  Centro- Amé  rica:  y  mal  q 
nocido,  muy  apreciado  por  todos  los  poeblof  iineri- 

canos.     El  verdadero  mérito,  á  despecho  «le  la  mili  .-nvidia 
y  de  las  necias  rivalidades,    tiene  siempre  un   M 
irresistible.     Valle  ejercía  en   todos  los  ánimos  ese  ascen- 
diente poderoso,   avasallador,   incontrastable      i' 
muerte  fué  conceptuada  como  un  8UCSSC  inj 
patria,   por  esto  fué  sentida  como  se  sienten   lai  gl 
desventuras  públicas,  como  se   siente   un    adverso,  desgra- 
ciadísimo acontecimiento  que   llena  de  doldi 
duelo  el  alma  de  toda  una  nación.     ¡Qué   p 
los   verdaderos  grandes   hombres!     Bn 
movimiento  y  calor  á  los  ánimos:  son  000 
alienta  y  vivifica.  Cuando  mueren  li 
el   desaliento,  el  pesar,  la  const*  '«   I"* 


134 


ausente  que  deja  tras  de  sí  pavorosa  noche,  sombras  para 
los  entristecidos  ojos,  y  para  el  corazón  un  dolor  infinito. . . 

José  Francisco  Barrundia,  uno  de  los  republicanos  más 
puros  que  ha  tenido  Centro- América;  José  Francisco  Ba- 
rrundia, el  publicista  de  corazón  de  oro  y  de  palabra  de 
fuego,  parece  que  condensó  en  su  alma  tierna,  en  su  alma 
sublime,  todos  los  pensamientos  y  todos  los  dolores  de  la 
patria;  y  al  morir  Valle,  escribió  estas  inolvidables  palabras 
que  justamente  han  pasado  á  la  Historia: 

"Ha  muerto  Valle!  Este  hombre  era  conocido  en  Eu- 
ropa. Su  cabeza  fué  una  luz,  su  boca  fué  el  órgano  de 
la  elocuencia  en  la  tribuna  :  sus  escritos  la  honra  de  la 
patria  y  de  las  ciencias.  Se  hundió  Bentham  en  la  noche 
eterna,  en  la  Inglaterra;  desapareció  su  amigo  Valle  (1) 
en  Centro-América.  Ciudadano  pacífico,  cultivó  con  ar- 
dor la  sabiduría;  él  estaba  lleno  de  todos  los  principios  ele- 
mentales de  Gobierno;  él  escribía  por  la  gloria  nacional 
y  por  el  interés  de  la  humanidad.  Su  concepción  profun- 
da y  exacta  aparecía  en  un  lenguaje  pausado,  puro  y  ma- 
gestuoso  que  presentaba  los  objetos  por  todas  sus  fases, 
y  se  desarrollaba  en  una  argumentación  clara  y  victoriosa. 
Su  carácter  firme  y  decidido  tenía  acaso  los  caprichos  y 
las  singularidades  del  genio.  Sin  transacción  para  los  trans- 
gresores  de  la  libertad  publica,  él  oponía  siempre  todo  el 
rigor  de  los  principios,  él  sostenía  la  rectitud  de  las  leyes. 
Su  mente  concibiera  la  vasta  Confederación  americana,  nu- 
il) El  eminente  Jurisconsulto  Jeremías  Bentham,  representante  de  la  escue- 
la utilitarista,  tuvo  la  más  amistosa  correspondencia  con  Valle.  El  nombre  de 
este  ilustre  americano  figura,  entre  los  nombres  de  grandes  sabios  de  Europa, 
en  el  testamento  de  Bentham,  quien  dejó  á  sus  amigos  predilectos  anillos  con 
su  retrato  y  pelo  de  su  cabeza  en  prueba  de  su  cariño  y  de  su  aprecio.  Valle 
tuvo  ese  recuerdo  de  la  amistad  del  publicista  inglés:  el  precioso  legado  aún  lo 
conserva  la  familia  de  Valle.  Cuando  esta  se  extinga,  ó  cuando  sea  dado,  Hon- 
duras, para  su  Museo,  debe  tratar  de  adquirir  aquella  valiosísima  reliquia. 


135 


cleo  inmenso  de  pueblos  independientes  contra  la  liga  de 
reyes  y  tiranos. 

"Si  deseaba  el  mando  en  la  República,  si  su  corazón  ar- 
día en  ilusiones,  no  se  lisonjeaba  con  el  honor  de  regula- 
rizar el  gobierno  y  de  aplicar  la  ciencia  del  gobernante. 
Pero  esmerado  en  la  educación  de  su  hijo,  tranquilo  en 
la  vida  privada,  orgulloso  y  libre  en  su  retiro,  jamás  se 
humilló  ni  á  la  revolución,  ni  al  poder.  Su  alma  era  el 
altar  de  Minerva:  su  placer  era  la  armonía  de  la  ci\ 
ción.  En  su  gabinete  estaba  el  asilo  sagrado  de  la  sal »i<l li- 
ria, contra  las  tempestades  civiles, 

"Bajó  ya  á  la  tumba,  cuando  sus  sentimientos  por  la 
nacionalidad,  cuando  los  votos  del  pueblo,  lo  ponían  al 
frente  de  la  República  agitada.  Honor  de  esta  cara  pa- 
tria, descansa  en  paz!  Recibe  el  tributo  de  los  sabios  y  el 
gemido  de  tus  amigos.  Únete  á  Bentham  y  á  los  otros 
sabios.  ¡Pensador  luminoso,  el  crepúsculo  de  tu  ocaso  bri- 
llará siempre  en  la  nación!  ¡Qué  el  honor  de  los  boíl 
ilustres  corone  tus  sienes,  y  que  enjuguen  el  llanto  de  tu 
familia  la  virtud  inmortal  y  I03  acentos  de  1 

El  talento,   y  no  el  talento,  el  genio  produce  las  más 
grandiosas  condensaciones  de  ideas.     ¡Que  u. 
inimitables  palabras  de  Barrundia!     Son   muy   pOMtJ 
son  admirables:  son,  en  compendio,  una  sublime  Biogra/ia 
de  Valle.     Declaro  sin  rubor  que  valen  más.    tu- 
que las  páginas  de  este  libro  que  escribo  en  honra  de  mi 
ilustre  compatriota,     -Qué  genio  el  de  B  .tandee* 

graciado  en  vida  como  glorioso  después  de  NI    muerh 
gloria  ha  brillado  más  á  medida  que  han  sido  ttál 
Boe  loe  horizontes  políticos  de  Centro  An  Desgracia- 

dísi'mo  y  á  la  par  glorioso  Barrundia  de  moer- 


136 


tos  Valle,  Morazáti,  Herrera,  Gutiérrez  y  Cabanas,  si  hubie 
ras  tenido  más  vida,  ¿á  quiénes  hubieras  podido  consagrar 
palabras  tan  grandes  y  magníficas?  ¿Qué  alta,  qué  patriótica 
inspiración  habría  podido  recibir  tu  republicano  genio,  en 
medio  de  las  negras,  de  las  profundas  noches  de  nuestros 
despotismos?  ¡Desgraciadísimo  y  glorioso  Barrundia!  Más 
vale  que  hayas  muerto;  pues  te  has  libertado  de  inmensos 
dolores,  de  horribles  desengaños,  y  á  la  vez,  los  más  repug- 
nantes y  odiosos  contrastes  hacen  que,  de  dia  en  dia,  sean 
más  respetable  y  veneranda  tu  gloriosa  vida,  y  más  simpá- 
tico y  querido  tu  nombre  inmortal! 

No  sólo  José  Barrundia,  el  más  ilustre  representante 
de  la  prensa  centro-americana,  formó  el  eco  del  duelo 
nacional  motivado  por  la  muerte  de  Valle:  también  los 
Poderes  públicos  hicieron  justas  manifestaciones  de  dolor 
por  el  fallecimiento  del  grande  hombre,  del  Estadista  elec- 
to Presidente  de  la  República  de  Centro-América.  El  Ca- 
nónigo Doctor  José  María  de  Castilla,  hombre  de  tan  noble 
estirpe  como  de  elevada  inteligencia,  tan  entendido  en  cien- 
cias y  letras,  como  culto  y  simpático  por  sus  grandes  dotes 
sociales,  (2)  presentó  á  la  Asamblea  de  Guatemala  la  si- 
guiente proposición: 

"La  voz  de  un  simple  ciudadano  se  atreve  á  llamar  vues- 
tra atención,  interrumpiendo,  quizá,  serios  traba J3S  legisla 
ti  vos  y  discusiones  útiles;  pero  el  asunto  que  me  ocupa  y  la 
suplica  que  os  dirijo,  estoy  cierto  que  no  os  desagradan.  El 
derecho  de  petición  me  autoriza  para  llamar  vuestras  mira- 


(2)  Recuerdo  que  en  Guatemala  personas  contemporáneas  del  Canónigo  Cas- 
tilla me  decían  que,  hombre  tan  distinguido,  era  el  encanto  de  los  salones.  Com- 
petía en  gracia  y  en  felices  ocurrencias  con  su  amiga  la  espiritual  poetisa,  Pepa 
García  Granados,  hermana  de  mi  inolvidable  amigo,  el  Gran  Repúblico  Gene- 
ral Miguel  García  Granados. 


ía? 


das   hacia  una  pérdida  que  llora  toda  la  República.      La 
existencia  del  Ciudadano  Valle  era  cara  para  nosotros;  so  se- 
pulcro y  su  grata  memoria  deben  ser  acompañados  de  loe 
testimonios  más  marcados   de  la  gratitud    pública.     "La 
muerte  de  un  sabio  ciudadano,  que  á  su  literatura  reúne  la 
virtud,    (decía  un  hombre  de   espíritu)  es  una   calamidad 
pública,  y  su  nombre  debe  quedar  escrito  en  los  anales  de 
la  virtud  y  de  la  Patria."     El  Ciudadano  Valle, 
beis,  reunía  á  su  profundo  saber,  una  vida  inoulpa!. 
tulos  harto  respetables  en  todos  los  pueblos,  y   particular- 
mente en  las  Repúblicas.    Entre  los  dignos   individu. 
componen  este  Alto  Cuerpo,  hay  muchos  amigo* 
y  todos  son  conocedores  de  su  mérito:  por  eso  me  abstengo 
de  manifestarlos   servicios  que  este  digno  C  DO   lia 

prestado  á  la   Patria,  y  me  contento  con  re< 
vio  al  frente  de  los  negocios;  que  hasta  en  el  1 1  i  espa* 

ñol  fué  respetado  y  se  hizo  justicia  a  sus  raroí  B 

voto  público  lo  iba  á colocar  en  el  solio  de  la  1, 
se  ocupaba  incesantemente,  en  el  h! 
en  meditar  todo  aquello  que  pudiera   perfeccionar  0 
instituciones.    La  muerte  le  sorprendió  <  aoribi 
de  su  patria;  entorpeció  su  mano,  y  derribó  10  |»l«l 
días  que  fueron  ocupados  por  las  virtud 
vida  cuyos  últimos    instantes  se   dirigieron  i  Im  p  ' 
gen  las  bendiciones  públicas,  dirigidaí  por  ioi  B 
tes  del  pueblo.     Mirabeau  interrumpió  una  impo 
sertación,  en  la  Asamblea  Constituí 
pedir  un  dia  de  luto  por  la  muerte  de  Fraoklin  qi 
en  los  Estados  Unidos.  Se  accedió  á  la  aúplic 
didasu  moción.    Poco  háel  Ciudadano  \ 
mo  en  favor  del  sabio  Seflor  Bentliam    al   ( 


138 


ral,  sin  ser  individuo  de  él.  Yo  lo  hago  ahora,  do  por  un 
sabio  extranjero,  sino  por  un  digno  compatriota,  por  uno 
de  los  mejores  ornamentes  de  la  República,  cuyos  escritos 
extendieron  su  nombre  por  Europa,  y  lo  asociaron  á  los 
Cuerpos  literarios  de  más  fama  de  los  pueblos  cultos. 

No  sólo  la  amistad  que  me  unió  con  Valle,  por  tantos 
años,  es  el  motivo  principal  que  me  dirige  á  este  Alto  Cuer- 
po; el  honor  de  la  misma  República,  la  gratitud  que  e3  el 
sostén  de  los  hombres  y  de  los  pueblos,  me  dan  confianza 
y  me  inspiran  en  este  momento  para  que  rendidamente  os 
suplique  decretéis  una  demostración  pública  que  marque 
la  memoria  de  mi  digno  amigo  Valle,  y  del  respetable  Ciu- 
dadano que  por  tantos  títulos  merec3  nuestra  consideración. 
Guatemala,  Marzo  11  de  1834. — José  María  de  Castilla." 

Idéntica  proposición  hicieron  á  la  Asamblea  los  Repre- 
sentantes Machado,  Rendón,  Rodríguez  y  Rivera  Paz.  La 
Asamblea,  después  de  considerar  las  proposiciones  presen- 
tadas, emitió  el  acuerdo  que  sigue: 

"La  Asamblea  de  Guatemala  teniendo  presente  que  la 
muerte  del  Licenciado  José  del  Valle  es  un  suceso  infausto 
para  el  Estado:  que  por  serlo,  debe  man if estarse  el  senti- 
miento público,  y  procurar  se  cousagre  de  algún  modo  la 
grata  memoria  de  aquel  ilustre  Ciudadano,  se  sirvió  acordar: 

1.°  Que  todos  los  empleados  y  funcionarios  existentes  en 
e«ta  Corte  (3)  vistan  luto   durante  tres  dW,    que   señalará 

(3)  Lorenzo  Montúfar  hace  respecto  al  uso  de  esta  palabra,  en  la  página  97 
del  tomo  2.°  de  su-wReseña  Histórica."  la  siguiente  juiciosísima  crítica:  '"En  to- 
dos los  documentos  posteriores  á  la  Independencia  se  da  á  Guatemala  la  deno- 
minación de  Corte.  Este  nombre  fué  conservado  como  una  de  tantas  antiguallas 
monárquicas  que  no  han  desaparecido,  y  á  las  cuales  se  refiere  un  centro-ame- 
ricano que  dijo,  habíamos  formado  una  República  con  los  andraj  >s  de  una  Mo- 
narquía, f  Corte  es  la  ciudad.  Tilla  ó  población  donde  reside  el  Rey  ó  Príncipe 
soberano  de  un  país:  donde  radican  su  asiento  sus  principales  consejos,  s; 
antiguos  tribunales.     Corte  es  el  conjuntó  de  todas  las  personas  que  com] 


139 


el  Ejecutivo,  y  que  en  los  mismos  se  (foble  en  todas  las 
iglesias  de  la  Capital,  á  las  nueve,  doce  de  la  mafiana,  y 
oraciones  de  la  noche: 

2.°  Que  á  expengas  de  los  miembros  del  Cuerpo  Legis- 
lativo se  haga  copiar  el  retrato  del  Ciudadano  Ja 
He,  (4)4  el  cual  se  colocará  en  la  sala  de  sesiones: 

3.°  Que  por  la  Secretaría  de  la  Asamblea,  y  en  su  i 
bre,  se  excite  á  los  otros   Estados,    á  fin    de  <\i\o   *e   lírm 
acordar  las  demostraciones  que  tengan  i 
mismo  Ciudadano. 

Y  de  orden  del  Cuerpo  Legislativo  lo  decimos  á  U.  pe- 
ra inteligencia  del  mismo  Consejo  y  efectos  que  se  e 
san.  D.  U.  L.    Guatemala,    Marzo    ]')    de    1- 
Murga.  —  M.  Dardón. 

Sala  del  Consejo  Representat i \  o  del  K- 
la,  en  la  Corte,  á  20  de  Marzo  de  1834. — Al  Gefe  de  Esto* 
do. — Simón  Vasconcelos,  Presidente. —  J 
Secretario  accidental. 

Palacio  del    Gobierno  del    Estado.     G  Unto 

veintiuno  de  mil  ochocientos  trointicuatro,      1' 
cútese;  señalándose  al   efecto  los  dias   tres, 
del  inmediato  Abril.  —  Mariano  Qalve%.—k\  9 
peral  del  Despacho. 

la  familia  y  comitiva  del  Rey.    Tien< 

guna  puede  aplicarse  con  propiedad  ;'i  !¡i  capital  '!••  m 

ca.     Los  guatemaltecos,  animados  pora!  wln-m.-nt.  -.!. It  •    ^«rU  priaaef» 

ciudad  de  su  país,  se  empeñaron  en  darle  ••!  imín 

i  Villa  de  Madrid  ■  illolajtloo  de  la  pa- 

labra Curte,  se  hizo  cuando  la  Ca|  ilal   ■!•■  1 1  |  aat  tre»ladó  4  Se»  tahra* 

mpertantc  aconi.  10  dáaáeatá 

Guatemala  la  denominación  de  Cort*  preaa  la  ordeo  priiaüHa  ám  la 

Asamblea  Legislativa. 

9e  hizo  un  magnifico  retrato  al  ól< 
cado  en  la  Sala  d 


140 


Y  por  disposición  del  Poder  Ejecutivo  se  inserta  en  el 
"Boletín  Oficial"  para  los  efectos  consiguientes. 

D.  II.  L.— Guatemala,  Marzo  21  de  1834.—  P.  J.  Va- 
lenzuela." 

En  el  Estado  del  Salvador  se  emitió  el  siguiente  decreto: 

"Ministerio  General  del  Gobierno  del  Estado  del  Sal- 
vador. 

Al  ciudadano  Gefe  Político  del  Departamento  de  

El  Vice-Gefe  del  Estado,  en  ejercicio  del  Poder  Ejecu- 
tivo, se  ha  servido  dirigirme  el  decreto  siguiente: 

El  Vice-Gefe,  en  quien  reside  el  S.  P.  E.  del  Estado 
del  Salvador. — Por  cuanto  la  A.  O.  L.  del  mismo,  se  ha 
servido  decretar  y  el  Consejo  sancionar  el  siguiente  decreto: 

La  Asamblea  Legislativa  del  Estado  del  Salvador,  que- 
riendo honrar  los  profundos  conocimientos  científicos  del 
finado  C.  José  del  Valle,  y  manifestar  cuánto  aprecio  me- 
recen la  sabiduría  y  la  virtud  á  los  pueblos  del  Estado,  ha 
tenido  á  bien  decretar  y  decreta: 

1.°  Se  harán  honores  fúnebres  en  esta  Capital  al  fina- 
do C.  José  del  Valle. 

3."  Una  comisión  de  la  Asamblea,  el  Gobierno,  unacomi- 
sión  del  Consejo,  la  Corte  Superior  de  Justicia,  y  todas  las 
demás  autoridades  y  empleados  existentes  en  esta  ciudad, 
concurrirán  á  este  acto  que  será  presidido  por  el  Presiden- 
te de  la  Comisión  del  Cuerpo  Legislativo. 

3.°  El  dia  de  las  honras  se  reunirán  todos  los  funciona- 
rios de  que  habla  el  artículo  anterior,  en  el  Salón  de  la 
Asamblea,  de  donde  marchará  la  comitiva  al  templo. 

4.°  Todos  los  empleados  del  Estado  vestirán  luto  du- 
rante tres  dias,  contados  desde  la  víspera  de  las  exequias, 
á  las  dos  de  la  tarde. 


141 


5.°  El  retrato  del  Ciudadano  J«  <é  del  Valle,  u  i 
en  el  salón  de  las  sesiones  de  la  Asambl»  ;i. 

6.°  El  Poder  Ejecutivo  queda  encargado  de  la  ejecución 
del  presente  decreto. 

Pase  al  Consejo.— Dado  en  San  Salvador,  á  9  de  Abril 
de  1S34. — J.    Miguel   Alegría,    Diputado  Presidente.— J. 
Ildefonso  Ca -tillo,  Diputado  Secretario. — J.  Enriquei 
la,  Diputado  Secretario. 

Sala  del  Consejo  Representativo  del  Estado  del  Salva- 
dor, Abril  18  de  1834.— Pase  al  Gefe  del  Est 
A.    Cordón,   Consejero  Presidente. — Mariano    Palomo,  Se- 
cretario. 

Por  tanto:  Ejecútese.  —  Lo  tendrá  entendj 
Sección  encargado  de  la  Secretaría  General  del   i' 
y  dispondrá  se  imprima,  publique  y  circule. 
dor,  Abril  18  de  1834.— Lorenzo  Oonz.ilez.— Al  cu  ladanp 
J.  María  C ¡«meros. 

Y  de  orden  del  Supremo  Poder  Ejecut  unnieoá 

U.   para  su  inteligencia  y  efectos  que  se  i  rpn 
fiándole  competente  número  de  ejemplares  de  que  lo- 
sará recibo. 

D.  U.  L.— San  Salvador,  Abril  18  de 
ñeros." 

Manifestaciones  de  público  sentimiento M  •  am- 

blen en  los  demás  Estados  de  Hondura*,  N-.-ar... 
ta-Ríca.     Valle  era  el  g-ande  hombre  de  tata»  AmMaí, 
y  al  desaparecer,  en  críticos  momo 

Estados  centro-americanos  no  pudieron  im-u. i  •  !•       :  x-ir.  á 
una.  un  grito  de  supremo  dolor. 

El  másjuicioso,  el  máa  ÉUosoJ te  nm  Kroi     -'■  -«do- 
res, Alejandro  Maniré,  haciendo  ju>tuia  al  m.-: '.:••.  | 


J42 


pretando  el  sentimiento  nacional,  algún  tiempo  después  de 
muerto  Valle,  dedicóle  en  sus  Efemérides  las  siguientes  no- 
tables palabras: 

''Perdió  Centro-América,  con  el  fallecimiento  del  Li- 
cenciado José  del  Valle,  uno  desús  más  distinguidos  hijos. 
Conocido  ya  desde  el  tiempo  del  Gobierno  español  por  bus 
grandes  talentos  y  extraordinario  saber;  luego  que  se  pro- 
clamó la  Independencia,  fué  elevado  á  los  primeros  desti- 
nos de  la  naciente  República:  fué  individuo  de  la  Junta 
Gubernativa  que  se  estableció  en  Guatemala  en  1821:  el  si- 
guiente afio  concurrió  á  las  Cortes  de  México,  en  donde  sos- 
tuvo victoriosamente  los  derechos  de  su  patria  y  sobresalió 
por  su  elocuencia  y  laboriosidad.  Víctima  de  sus  opinio- 
nes contra  el  Imperio,  y  preso  por  ellas  de  orden  de  Iturbi- 
de,  fué  poco  después  nombrado  primer  Ministro  por  el  mis- 
ino Iturbide,  pasando  así  de  la  prisión  á  la  primera  silla 
del  gabinete  imperial,  y  debiendo  únicamente  tan  impre- 
vista elevación  á  su  reconocido  mérito.  Después  de  la  caí- 
da del  héroe  de  Iguala,  Valle  regresó  á  su  patria  á  desem- 
peñar las  alcas  funciones  de  individuo  del  Supremo  Poder 
Ejecutivo  de  la  Nación;  y  en  seguida  obtuvo  la  mayoría  de 
los  votos  populares  para  primer  Presidente  de  la  Repúbli- 
ca. Valle  mereció  de  sus  compatriotas  el  sobrenombre  de 
Sabio,  y  sus  escritos  justifican  o^ie  dictado:  Bentham  y 
otros  ilustres  escritores  de  Europa-  Jo  honraron  con  su  amis- 
tad, y  la  Academia  de  Ciencias  de  París,  lo  inscribió  en  el 
catálogo  de  sus  miembros.  La  memoria  de  este  distingui- 
do centro-americano  fué  justamente  honrada  por  sus  com- 
patriotas: la  Asamblea  de  Guatemala  acordó,  en  13  de  Mar- 
zo del  mismo  año  de  íU,  que  su  retrato  fuese  colocado  en 
el  salón  de  sesiones, -y  que  en  demostración  de  sentimiento 


143 


por  su  muerte,  todos  los  funcionarios  públicos  ristie* 
10  por  (res  días.     En  9  de  Abril  siguiente,  la 
8  ilvador  decr<  tó  también  los  mismcs  honores  fátx  brea  ala 
memoria  de  Valle." 

Trascendentales  fueron  las  ronsmien.  r|U0 

produjo  la  muerte    de  José  del  Valle.      La    B 
ba  agitada:   bullía  ya,  de  tiempo atrá»,  él  peí  :o  tic 

reformar  el  sistema  federal:  la  idea  de  r«  forma 
texto  á  algunos  conservadores  que  abrigaban    rn   M    alma 
el  intento   criminal  de  separar  los  Estados,    de  fraccionar 
nuestros  pueblos,  de  repartirse  los  pedazos  de  un.-i  Lr': 
•  ion.  El  General  Morazán  ya  no  tenía  todos  Km  grandes 
tigios  del  29:  era  el  mismo  hombre,  liberal,  gi  ílftrcv 

pido,  heroico;  era  el  mismo  hombre  de  ideas  y  de  pl 
pios;  pero  representaba  el  poder  en  época  d;< 
hombre  de  Gobierno  no  puede  tener  el  mism  ¡ente 

del  hombre  que  consuma  una  revolución  glorie* 
ai  un  axioma  en  Historia  que  los  hombres  que 
más  benéficas  3'  grandiosas  revolucioné*,   iMUÍlitlt 
llevarlas  á  cabo,  en  sus  resultados,  son  losprilW  roí 
bajo  el  peso  de  su  propia  obra.   De  rsta  rerdad  fuña  un 
grande  r-jempló  la   vida   del    Benemérito 
zán.    (5) 

La  Presidencia  de  Valle  estaba  llamada,  f 
hombres  sensatos,  á  dar  tranquilidad    ¡i  I 
mar  la  confianza  pública,  á  operar  benéli  M  po- 

líticas, y  á  evidenciar,  en  el  seno  >lc  la  pas,  el  triunfo 
instituciones,  necesitadas  más  que  nunca,  pal 


(.')    En  más  reducida  esfera  puede 
neral  Misme]  García  Granados,  autor  de  lo 
García  Granados  cayó  báj  >  el]  •  ««Tú  <**>  '• 


J44 


consejos  de  la  prudencia  y  del  caber,  antes  que  del  ascen- 
diente de  las  pasiones  de  partido  y  de  los  prestigios  mili- 
tares. 

Pero  burladas  quedaron,  por  una  fatalidad  que  será 
siempre  digna  de  deplorarse,  las  legítimas  aspiraciones  del 
patriotismo.  Parece  que  el  destino  tuvo  empeño  en  que 
Valle  jamás  fuese  Presidente  de  Centro- América.  El  seve- 
ro é  ilustrado,  cnanto  popular  y  respetabilísimo  Repúblico, 
exhaló  su  último  aliento  antes  de  que  se  abriesen  los  plie- 
gos en  que  constaba  su  elección  de  Presidente.  Con  mo- 
tivo de  este  infausto  suceso,  y  de  sus  consecuencias  políti- 
cas, el  Boletín  Oficial,  número  56,  correspondiente  al  31  de 
Marzo  de  1834,  dijo  lo  que  sigue:  "Las  Juntas  preparato- 
rias del  Congreso  han  comenzado  en  la  Villa  de  Sonsonate. 
Ca^i  no  había  más  Diputados  que  los  de  Guatemala,  pero 
el  Gobierno  del  Salvador  había  dictado  medidas  muy  ac- 
tivas para  que  concurrieran  los  de  aquel  Estado;  no  pue- 
de dudarse  de  que  las  dictarán  también  los  de  Nicaragua, 
Honduras  y  Costa-Rica.  Es  demasiado  grande  el  interés 
que  está  vinculado  á  la  reunión  del  Congreso.  Su  presen 
cia  no  sólo  es  necesaria  para  decidir  grandes  cuestiones  y 
para  decretar  reformas,  sin  las  cuales  no  hay  que  esperar  la 
estabilidad  de  la  administración  nacional,  3Ínó  también 
porque  los  que  dignamente  la  ejercen  al  presente  dtben 
ser  renovados,  y  su  misión,  entre  pronto,  podría  ser  con- 
testada. Con  respecto  á  la  elección  de  Presidente,  va  á 
ocurrir  una  cuestión  interesante.  El  Ciudadano  José  del 
Valle,  sin  duda  tenía  la  mayor  votación  para  este  destino, 
y  ha  muerto  el  2  del  corriente.  ¿Se  declararán  perdidos 
estos  votos  y  se  entrará  á  elegir,  ó  se  devolverá  al  pueblo  la 
elección?     Nosotros  estaremos  siempre  por   aquellas  medi- 


J46 


das  que  establezcan  la  major  popularidad.  Supóngase  qne 
hubieran  muerto  dos  candidatos  que  reuniesen  generalmen- 
te todos  los  votos,  sin  tener  mayoría  ninguno  de  ellos,  y 
que  quedasen  otros  seis  individuos,  cada  uno  con  do*  ó 
tres  votos;  ¿sería  muy  popular  la  elección  que  versase  en- 
tre ellos?  Mejor  sería,  sin  duda,  devolverla  al  pueblo. 
Nada  previene  Ja  Constitución  para  el  raso  j  r 
ley  debe  arreglarlo,  y  no  hay  que  vacilar  en  que  ■ 
sea  lo  más  popular  posible.  Vuelvan  á  votar  las  Junta* 
populares,  porque  la  elección  es  del  pueblo." 

En  aquellos  tiempos  se  vivía  bajo  la  atmósfera  de  la  de- 
mocracia; en  aquellos  tiempos  aún  habia  grandes  vi  i 
republicanas.    Si  el  General  Morazán  hubiese  sido  un  num~ 
don  vulgarísimo,  un  dictador  supeditado  por  la  aml>; 
habría  aprovechado  la  muerte  de  Valle  pan   hfj 
Congreso  efectuase  la  elección,  y  sin  exponer»  r  nin- 

guna eventualidad,  habría  sido  electo,  sin  duda  a)g 
sidente  de  la  Kepublica.   Pero  Morazán  quiso 
der  al  voto  de  los  pueblos,  quiso  respetar  la  legal 
so  el  estricto  cumplimiento  de  las  institu 
muerto  Valle,  aunque  Morazán  tenía  mm  li- 
ra la  Presidencia,  como  era  debido,  la  i 
ta  al  pueblo,  único  que,  en  la  verdadera  república,  d<  be  de- 
cidir sobre  l.i  dirección  de  bus  destinos. 

Bajo  la  influencia  de   tales   ideal 
se  emitió  el  decreto  de  2  ae  Junio  de   Ifi  ado! 

nuevas  elecciones  para  Presidente  de  la  R 
ba  a    Morazán   su  único,   digno  COmpeti 
quien  habia  respetado  y  apreciado  all 
que  no  hubiese  sido  el  General  I 
rado  en  la  fuerza,  y  extraviado  por  los  •■■> 


146 


rismo  brutal,  habría  hecho  á  Valle  víctima  de  infundados  ce- 
los, lo  habría  ultrajado  y  humillado,  lo  habría  puesto,  en 
nombre  de  una  venganza  salvaje,  en  el  más  ignominioso  cal- 
vario, para  arrancarle  la  vida,  I*  influencia  y  el  poder,  en  me- 
dio de  los  más  afrentosos  suplicios.  ¡Qué  época  gloriosa 
aquella  en  que  un  verdadero  soldado,  en  que  un  héroe  pres- 
tigiadísimo,  respetaba  y  apreciaba  á  su  rival,  á  un  hombre 
civil,  que  no  tenia  más  fuerza  que  la  de  su  idea!  ¡Qué  épo- 
ca gloriosa  aquella  en  que  un  hombre  de  letras  podia  en- 
frentarse, sin  temor  de  ser  pisoteada  su  dignidad,  á  un  hom- 
bre de  espada,  y  á  un  hombre  de  espada  que  tenia  la  glo- 
ria de  verdaderas  batallas,  y  no  el  palmoteo  ridículo  de  far- 
santes que  ensalzan  escaramuzas  afortunadas  que,  ¡ay!  para 
providenciales  castigos,  fundan  las  más  insoportables  é  in- 
fames dictaduras. 

El  General  Morazán  que,  muerto  Valle,  no  podia  tener 
ya  seria  competencia  política  en  Centro- América,  fué  electo, 
por  segunda  vez,  en  el  año  de  34,  Presidente  de  la  República, 
¡Qué  reflexiones  las  que  ocurren  con  motivo  de  tales  sucesos! 
Morazá  reelecto  debia  traer,  sin  culpa  snya,  la  ruina  de  la 
República  centro-americana:  Valle  Presidente,  liabiía  pro- 
bablemente salvado  á  la  República.  Morazán  tenia  todos 
los  prestigios  de  la  revolución  liberal;  pero  en  el  Gobierno, 
debió  tener  las  intransigencias  de  Ui  revolución,  y  en  su  con- 
tra, debió  tener  todos  los  enconados  odios  de  la  oposición. 
Valle  en  el  poder,  aunque  partícipe  de  las  ideas  de  Morazán, 
habría  entrado  á  ejercerlo  sin  compromisos  revolucionarios: 
no  habría  tenido  las  intransigencias  de  sectario  victorioso; 
habría  llevado  la  tranquilidad  á  los  ánimos,  desarmado  en 
muaha  parte  alas  oposiciones,  y  tenido  ocasión  y  libertad 
para  hacer  oportunas,  benéficas  y  duraderas  reformas  al  sis- 


14', 


tema  de  gobierno,  que  habrían  salvado  la  unidad  de  la  Pa- 
tria, asegurado  la  paz  de  sus  hijos,  afianzado  sus  institucio- 
nes, y  afirmado  la  honra  de  su  nombre.  MorazAn,  hombre 
de  la  revolución,  no  pudo  ser  el  hombre  de  la  consolidación 
de  las  instituciones:  su  origen  y  su  carácter  revolucionario*, 
á  pesar  de  sus  grandes  dotes  políticas  y  militares,  lo  hicieron 
inepto  para  tan  grande  empresa.  Valle  gobernaste  hubría 
podido  acometerla  con  feliz  éxito:  Valle,  á  virtud  de  O] 
ñas  evoluciones  inspiradas  por  su  genio,  y  sancionada!  por 
sus  prestigios,  habría  hecho  la  reforma,  en  ra< 
nos, anulando  la  demagogia  de  los  liberales,  y  los  embozados 
trabajos  de  los  conservadores  separatistas  y  liberticida*.  En 
tal  situación,  Morazán  habría  sido  el  brazo  armado;  Valle 
la  cabeza  pensadora  y  directora:  la  idea  y  la  fuerza  unidas 
habrían  realizado  el    triunfo  definitivo  \  déla 

República;  y  hoy  los  centro-americanos  tend  riamos  una  na- 
ción poderosa,  libre  y  feliz;  y  hoy.  en  vez  de  s.-ntirno*  humi- 
llados, con  la  frente  levántala,    podrían!  M 
TENEMOS  PATRIA. 

Pero  las  leyes  providenciales,   qite  presiden  I  la  b  'tona 
de  los  pueblos,  no  permitieron  <jue  hubiese  para  los  O 
americanos  tan  dichosos  resultados      M  S,  ?  con  su 

vida,  desapareció  la  fundada  esperanza  de  qtfe    bubfefe  pal 
y  arreglos  durables  en  pro  de  las   institución.  >.      r   ■ 
mente,  Morazán  fué  vencido,  y  por  últin 
la  traición  en  el  cadalso,  v  con  su  \ 
más   abnegados   esfuerzos   que   pW| 
rica  del  Centro,  á  salva    la  unidad  de  la  P 
lidad  y  el  prestigio  de  sus  institueioi 
sa  la  nuestra!     Parece  que  la  r 
someter  á  ciertos  pueblos  á  las  mas    rodil  j  pnif 


148 


bas:  uno  de  esos  pueblos  es  Centro- América.  Pero  acepte- 
mos nuestro  destino  con  valor  y  resignación,  y  con  la  con- 
ciencia de  que  somos  libres  para  pensar  y  obrar  en  el  senti- 
do de  mejorar  nuestra  suerte.  Pensemos  y  obremos  bajo 
los  auspicios  de  nuestro  derecho,  de  nuestra  dignidad  y  de 
nuestra  libertad;  y  al  fin  lograremos  el  anhelado  objeto  de 
ser  ciudadanos  libres  dentro  de  una  gran  República.  Tra- 
bajemos esforzada  y  noblemente:  perderemos  hoy,  perdere- 
mos mañana,  sucumbiremos  una  y  cien  veces;  pero  al  fin 
ganaremos  una  definitiva  batalla,  y  tendremos  patria  é  ins- 
tituciones. No  somos  turcos  que  debemos  obedecer  á  un  fa- 
talismo invencible;  la  vida  asiática  no  debe  ser  nuestra  vida: 
somos  americanos  que  vinimos  al  mundo  de  la  política  tra- 
yendo los  gérmenes  preciosos  de  la  libertad  y  del  progreso, 
inspirados  en  la  fé  en  la  República  y  en  sus  instituciones. 
La  fé  religiosa,  aunque  ciega,  ha  dado  el  triunfo  á  las 
religiones:  nuestra  fé  política,  que  es  científica,  dará  entre 
nosotros  el  triunfo  á  la  República.     Trabajemos,  confiemos 

y  esperemos 

Ltis  reacciones  que  se  operan  contra  las  buenas  causas, 
cuando  tiiunf  tn  detí  litlvamente,  su  triunfo  trae  consigo  el 
menosprecio  y  el  olvido  de  los  hombres  de  principios.  El 
General  Morazán  no  pudo  contrarestar  la  reacción  que  se 
llevó  á  cab  >  contra,  las  ideas  é  instituciones  liberales.  En 
el  hfl'ide  38  Morazán  terminó  su  segundo  período,  entre 
grandes  agitaciones  y  luchas,  entre  grandes  dolores  para  la 
afligida  patria.  El  año  de  39,  no  obstante  la  resistencia 
heroica  de  Morazán  y  de  los  suyos,  fué  roto  el  Pacto  federal. 
El  aventurero  y  bravio  indígena  Rafael  Carrera,  en  Guate- 
mala, y  el  valiente,  cruel  y  talentoso  mulato  Francisco  Fe- 
rrera,    en   Honduras,    fueron    los   poderosos   instrumentos 


nt- 


14í) 


de  la  reacción  liberticida  y  separatista.     El  Gen» 
zán  hizo  sus  últimos  esfuerzos  en  Guatemala,  en  el  año  de 
40,  en  favor  de  los  fueros  de  la  civilización  y  de  las  in 
ciones;  pero  sus   esfuerzos  fueron  inutilizados  por  la  alian- 
za  irresistible  del  salvajismo  indiano,  del  supersticios. 
y  de  la  estúpida  nobleza.  El  General  Morazán,  en  obsequio 
de  la  paz,  tuvo  que  dejar  al  bizarro  pueblo  dvl  Salvador  que 
le  servia  de  apoyo,  y   se  encaminó  á  la    América   del    S 
regresó  con  elementos  para   operar  una   contraen  . 
anonadó  el  despotismo  de  Carrillo  en  Costa-Rica,  y  M 
cargo  del  Poder  de  aquel  Estado,  como  base  de  sus  opera- 
ciones.    Pero  el  egoísmo  lugareño  y  la  traición  de  hombres 
sin  conciencia  y  sin  pudor  llevaron  al  patíbulo  al  Gran  Ke- 
público,  á  la  triste  luz  crepuscular  de  la  tarde  del  15  de  Se- 
tiembre de  1842. 

Los   acontecimientos  referidos  dieron  un  triunfo   i 
pleto  á  la  reacción.     Ferrera  y   los   sectarios   de  sus  ideas 
dominaron  en  Honduras:  Carrera,  el  clero  v  la  nobles*   do- 
minaron por  muchos  afios  en  Guatemala:  una  verdadera 
noche  polar  extendió   sus  espesas  sombras  sobre  la  área 
hermosa  de  Centro-América:  los  pueblos  durmieron  <•!  lar- 
go  y  pesado  sueño  que  produce  el    despotismo   i 
despertaban  á  veces  sólo  para  oir   el  ruido  ,| 
y  en  medio  del  aturdimiento,  de  la  abyt •< 
ria,  llegaron  hasta  perder  el  recuerdo  de  sus  graudes  hom- 
bres.    Así  se  explica  cómo,  durante  mal  >os,  la  fria 
y  pesada  losa  del  olvido  ha  gravitado  ftobrt  la  W  I 
ilustre   José  del  Valle.     Hoy,    hasta  los  niños  de   t  mostrea 
escuelas  primarias  pronuncian  con   respeto  el    nombre  de 
Valle,  y,  en  los  primeros  años  de  mi  juventud,  yo  nuuoa 
supe  siquiera  que  hubiese  existido   hoiu!' 


50 


teció  el  nombre  de  mi  patria.  ¡Qué  épocas!  ¡Qué.  contras- 
tes! (6) 

El  Gobierno  de  Honduras,  hoy  presidido  por  un  hom- 
bre de  altas  y  generosas  ideas,  ha  venido  á  borrar  las  injus- 
ticias del  pasado:  lia  honrado  y  enaltecido,  como  se  debe, 
la  memoria  de  Valle. 

Hé  aquí  el  decreto  del  Gobierno  del  Señor  Soto,  en  que 
se  ordena  levantar  un  Monumei.to  que  inmortalice  el  re- 
cnerdo  del  sabio  hondureno: 

MARCO  AURELIO  SOTO, 

PRESIDENTE   CONSTITUCIONAL  DE    LA    KBPÚBT.ICA   Dfi  HON- 
DURAS. 

Considerando:  Que  el  sabio  José  Cecilio  Del  Valle 
fué  un  Ciudadano  eminente,  cuyas  obras  honran  á  las  Le- 
tras centro-americiinas;  y  que  por  su  ciencia,  por  sus  virtu- 
des, y  por  los  servicios  que  prestó  á  la  Patria,  es  acreedor 
á  la  gratitud  nacional;  por  tanto. 

DK.riJETA  : 

Art.    1.° — Eríjalo,  cu  l.-i  plaza  de  San  F'-ancisco  de  esta 

(6)  ¡Fatalidad  de  nuestras  revoluciones,  casi  siempre  oscurantistas!  Se 
echaron  en  olvido,  nada  menos,  que  el  nombre  y  las  obras  del  sabio  que  supo 
captarse  la  estimación  cariñosísima  de  sabios  de  Europa  y  América.  Valle  re- 
cibió altas  pruebas  de  amistad  del  célebre  Barón  de  Humboldt,  uno  de  los  más 
ilustres  viajeros  que  han  visitado  á  América;  del  distinguido  escritor  y  literato 
Don  José  Joaquín  de  Mora:  del  Conde  de  Pecchio,  autor  de  varias  obras  impor- 
tantes ;  de  Don  Alvaro  Flores  Estrada,  uno  de  los  más  notables  economistas  es- 
pañoles; del  Conde  de  Sack.  distinguido  naturalista:  de  Don  Vicente  Cervantes, 
profesor  de  Botánica;  de  Don  Andrés  del  Rio,  profesor  de  Mineralogía:  de  Don 
Mariano  Logarce.  Botánico  eminente;  de  Jeremías  Bentham,  publicista  de  re- 
putación universal :  y  de  otros  muchos  personajes,  ventajosamente  conocidos  en 
la  República  de  las  Letras,  y  que  prolijo  sería  enumerar  sus  nombres.  Los  sa- 
bios extranjeros  honraron  á  Valle:  Centro- América  reaccionaria  olvidó  su  nom- 
bre y  sus  obras.  ¡Qué  amargo  fruto  el  de  las  revoluciones  sin  principios  y  sin 
ideas! 


151 


Capital,  una  Estatua   de  pié,   de  mármol  de   Carrar 
sabio  hondureno  Don  José  Cecilio  del  Valle. 

Art.   2.° — La  Estatua  se  colocará  sobre  un   pedestal  Je 
piedra  y  mármol,  que  llevará   inscripciones  que  hagan  im- 
perecedera la  memoria  del  hombre  que  puso  su   genio  y  so 
•ciencia  al  servicio  de  la  Nación  Centro-Americana. 

Dado  en  Tegucigalpa,  en  la  casa  de    Gobierno, 
dias  del  mes  de  Agosto  de  lb82. 

M.\  &<  o   A     3< 

El  Secretario  de  Estado  en  el  Despacho  de   [nal 
Pública, 

B  v 

Como  precedente  del  anterior  decreto,  en  ;.".»  de  -1 
del  año  recien  pasado,  se  estipuló  con  el  artista,  § 
Francisco  Duriui,  lo  que  sigue: 

"Art.    14. — Durini  se  obliga  A  hacer  construir  en  Italia, 
y  colocar,  en  la  Pinza  de  San  Francisco  <i  .;.  una 

estatua  de  pié  y  de    mármol  de    Carrara.    i  I: 
clase)  de  dos  varas  y  cuatro    pulgadas   de  altar*,  del    sabio 
José  Cecilio  del   Valle. 

Art.   L5.  —  La  Estatua  tendía  un  pedei 
Cal  y  canto  al  interior,  y  de    piedra  del  ¡  D  for- 

ma de  granito,  al  exterior:  tendrá  la  forma  de  un  W  tágono 
irregular,  y  se  compondrá  de  una   gradería  da   doa  escalo- 
nes, de  un  contra-zócalo,  de  un  EÓOalo,  da  una  beáe, 
fuste,  de  un  capitel  y  de  un  plinto  da  la  BatátUa, 

Art,   16. — En  el  fuste  irán    cuatro  lápidas   de  mármol 
de  Carrara  (Ravación   de  1.'  di 
da  llevará  en  letras  de  relieve  doradas 

A    JOSÍ    Ol  ■'    Mío     MI      \    I 

i,\    PATR1  v. 


152 


La  lápida  posterior  llevará  en  letras  grabadas  y  dora- 
das, estas  inscripciones: 

Al  sabio  que  se  anticipó  á  su  época,  y  reveló  los  grandes 
destinos  de  Centro- América. 

Al  insigne  estadista,  autor  del  Acta  de  nuestra  indepen- 
dencia; al  hombre  de  principios  que  hizo  del  saber  un  ele- 
mento de  Gobierno,  y  cuyas  obras  honran  á  la  América 
Central. 

El  estudio  más  digno  de  un  americano  es  la  América. 
—  Valle. 

La  lápida  de  una  de  las  partes  laterales  llevará,  en  le- 
tras grabadas  y  doradas,  el" decreto  en  virtud  del  cual  se 
erije  el  monumento  del  sabio  Valle;  y  la  lápida  de  la  otra 
parte  lateral  tendrá  esta  inscripción: 

JOSÉ  CECILIO  DEL  VALLE, 

Nació  en  Choluteca,  el  22  de  Noviembre  de  1780. 

Murió  en  Guatemala,  el  2  de  Marzo  de  1834. 

Art.  17. — En  las  lápidas  del  fuste,  sobre  las  inscripcio- 
nes, se  formarán,  grabados,  adornos  alegóricos  de  las  cien- 
cias y  las  letras,  y  el  frigio  del  capitel  se  adornará  de  una 
manera  artística. 

Art.  18. — El  monumento  de  Valle  tendrá  al  rededor 
una  hermosa  verja  de  hierro  fundido,  de  26  á  28  varas,  y 
en  los  ángulos  de  la  verja  se  colocarán  cuatro  elegantes  fa- 
roles de  una  luz." 

Lo  convenido  con  el  Señor  Onrini  se  ha  llevado  á  debi- 
do efecto.  La  estatua  de  Valle,  que  es  una  verdadera  obra 
de  arte,  está  ya  en  el  país,  y  construido  está  en  la  Plaza  de 
San  Francisco  el  suntuoso  pedestal  en  que  ha  de  colocarse. 


153 


El  día  15  de  Setiembre  próximo,  LXII  aniversario  de 
nuestra  Independencia,,  se  inaugurará  solemnemente  la 
estatua  del  sabio,  ¡Gran  dia  va  á  ser  el  dia  de  la  inau- 
guración, en  que  el  pueblo  y  gobierno  hondurenos,  tras 
dilatados  años  de  olvido,  van  á  hacer  justicia  á  la  me- 
moria de  su  más  ilustre  Estadista;  van  á  dar  un  p 
testimonio  de  aprecio   y   simpatía  i  míen- 

tos  de  un  hombre  honrado,  de  elevadas  ideas;  van  á  reco- 
nocer  y  á  enalteeer  la  más  legítima  y  esplendorosa  de  las 
glorias,— la  gloria  de  la  inteligencia  (pie  enseña. 
tra  y  moraliza! 

Hoy  más  que  nunca  debe  tomarse  cdiiih  m 
ducta  política  de  Valle,  y  buscarse  en  sus  obras  grande*  en- 
señanzas.    La  situación  de  Centro-América  mí  lo  n  'lama. 
Los  pueblos  centro-americanos,  si  bien,  D 
la  acción  del  tiempo,  han  ganado  en    mato 
y  recursos,  en  cambio,  por  la  acción  de 
rruptoras  escuelas  políticas,  han  perdido   tnai 
rao.  en  materia  de   instituciones,  «le  mor  -mra- 

dez.     Jamás  Centro- América  ha  at :  lo   moral, 

momentos  tan  críticos  como  los  que   atra 
Jamás  ha  habido  una  situación  más 
el  fondo,  y   más  hipócrita  en  la  ('«nina,    m 
trascendentales  conflictos,  y  más  ad\< 
y  caros  intereses  de  la  República. 

No  hay  (pie  hacerse  ilusiones.     \\>  lni\  «pi 
la  superficie  de  las  cosas;  es  nec< 

sario,  ver  el  fondo.     La  inmoralidad  pol  i  k  los 

más  repugnantes  extremos,  es  a n  horrible  oánoei  qn< 
truye,  muy  de  prisa,  el 
americanos;  es    una  cruel  enfermedad   qoc 


1;>4 


vir   para  las  instituciones,  para  la  libertad,   para  la  Repú- 
blica. (7) 

En  el  año  de  21,  en  que  se  consumó  la  independencia,  ha- 
bía buena  fé  y  franqueza  en  los  partidos  que,  con  diferencia 
de  intentos,  abrigaban,  por  lo  común,  nobilísimas  aspiracio- 
nes: en  el  año  de  29,  en  que  se  trató  de  afianzar  las  institu- 
ciones libres,  había  grandes  virtudes  republicanas  y  los  más 
bellos  ideales:  en  el  año  de  48,  en  que  se  reaccionó  contra  la 
autocracia  de  Carrera  y  del  clero,  había  desinterés,  abnega- 
ción y  honrosísimos  propósitos;  y  en  el  año  de  71,  en  que  se 
operó  la  última  revolución  liberal,  aún  había  virtudes  cívicas 
y  patrióticas  inspiraciones.  Hoy  casi  puede  decirse  que  ha 
desaparecido  todo  elemento*  honroso,  todo  elemento  de  mo- 
ralidad, todo  elemento  de  republicanismo.  Nadie  entiende  á 
nadie;  las  filas  de  los  partidos  se  han  confundido;  no  hay  luz 
que  las  guíe,  no  hay  conciencia  que  las  inspire.  Estamos  á 
media  noche!  No  predominan  en  Centro-América  la  idea,  la 
rectitud  y  la  justa  previsión:  los  principios  déla  República 

(7)  Declaro  que  mis  afirmaciones  críticas  no  tienen  ni  pueden  tener  aplica- 
ción general  á  los  hombres  públicos  de  Centro- Amériea:  declaro  además  que 
mis  juicios  no  aluden  á  determidas  personas,  a  determinados  círculos  políti- 
cos. Condeno,  en  abstracto,  ciertos  sistemas  de  erróneas  ideas  que,  por  desgra- 
cia, prevalecen  en  las  Repúblicas  Centro-Americanas:  pero  no  hago  ni  trato  de 
hacer  alusiones  personales.  Empero,  si  antojadizamente  se  quiere  recogerlas, 
que  se  recojan.  Debo  además  prevenir  una  objeción  que  comunmente  se  hace 
á  quienes  se  muestran  descontentos  de  un  sistema  político.  La  objeción  se  for- 
mula diciendo  que  no  merecen  fé  las  críticas  y  las  censuras  de  los  descontentos, 
porque  no  tienen  poder,  y  que  si  lo  tuvieran  aplaudirían  lo  mismo  que  censu- 
ran: que  no  es  lo  mismo  estar  en  la  oposición  que  en  el  poder.  Yo  estoy  á  sal- 
vo de  semejante  objeción.  Mis  palabras  merecen  fé.  porque  no  soy  apasio- 
nado opositor  á  ningún  gobierno:  porque  no  soy  un  político  caido  y  meneste- 
roso que  vocea  para  buscar  empleos  y  beneficios;  porque  he  tenido  y  aún  tengo 
una  alta  posición  política  que,  para  su  sostenimiento,  no  requiere  falsas  cen- 
suras ni  exaltadas  declamaciones:  y  en  fin,  porque  hasta  mi  posición  y  mi  por- 
venir político  en  Centro- América  sé  que  los  comprometo  seriamente,  y  los 
comprometo  con  gusto,  diciendo  la  verdad  á  pueblos  y  gobiernos,  á  despecho 
de  resentimientos,  de  odios  y  de  rencores.  Si  algún  derecho  tengo,  como  escri- 
tor, es  el  derecho  de  que  se  crea  en  la  sinceridad  de  mis  ideas  y  en  la  franqueza 
de  mis  escritos. 


í.v, 


casi  han  caido  en  desuso.  En  cambio,  predominan  las  es- 
cuelas políticas  más  corruptoras,  más  adversas  ala  Repúbli- 
ca. Liberales  y  conservadores  componen  hoy  nna  masa 
informe  que  despide  miasmas  deletéreos:  liberales  y  con- 
servadores tienen  cátedras  abiertas  en  qoe  proclaman  li- 
bertad y  derechos,  y  practican  el  despotismo  y  la  inqui- 
sición; en  que  proclaman  desinterés  y  patrio-  prac- 
tican el  más  impudente  y  vergonzoso  mercantilismo  po- 
lítico. ¿Es  así  cómo  debemos  civilizarnos  y  ennoblecerBCe? 
¿Es  así  cómo*  debemos  preparar  el  reinado  d. 
República? 

Es  necesario  tener  el  valor  de  decir  la  verdad,  toda 
la  verdad.     Con  Morazán,   Barrundia,    Herrera,   Caballas 
y    Gerardo  Barrios,  sabía  cualquiera  á  qué  atenerse:  eran 
hombres  de  principios,  y  eran  consecuente!  con  sus  ideas. 
Con   Carrera,  Ferrera.    Aycinena,    Ha  tres,  Pavón  y 
fias,  también  sabía  cualquiera  á  qué  atenerse:  eran    hom- 
bres de  sistema,  y  supieron  ser  lógicos.     Uno  y  otro  par- 
tido  contendientes  respetaban    sus   ideal 
no  ó   malo,   un   ideal    político,    impersonal:   ideal    ■ 
con   perseverancia  y  alentado  por  j>  i  lógicas:  uno 

y  otro   partido  contendientes,   salvo  la>  hom  de    borras- 
ca revolucionaria,    tenían,   en    más  .'»   en    n 
sociales,  respetos  á   la  dignidad   humana,   i 
al   derecho,   consideraciones  al   decoro  pñbl 
goismo  y  Ib    ambición  sin   límites  lian  resido  á  creer  en 
Gen  tro- América    situaciones    junan 
sonalísimas,  situaciones  qne   sólo   pued< 
apelando  al  terror  que  mata,  ore  á   li   ledoee  m  que  en- 
vilece.    0  rastros   humanos,    ó   m< 
qní     las  enseñanzas    prácticas   qne  donilM 


LÓ6 


Les  en  Centro-América  dan  á  nuestros  infortunados  pue- 
blos. 

Es  necesario  protestar,  no  tan  sólo  en  nombre  de  la 
República,  sino  también  en  nombre  de  la  Humanidad, 
contra  las  enseñanzas  de  tan  funestas  escuelas;  escuelas 
que  falsifican  torpemente  las  ideas,  y  que,  por  lo  mismo, 
comprometen  el  porvenir  de  las  ideas.  Criminales  son 
los  monederos  falsos,  porque  crean  engañosos  valores  y 
alteran  la  confianza  pública;  mas  su  crimen  es  de  pasa- 
jeros resultados.  Pero  ¡ayllos  falsificadores'  de  ideas,  de 
principios,  son  los  más  grandes  criminales,  que  deben  a- 
rrojarse  al  infierno  de  la  Historia,  porque  comprometen 
hasta  el  porvenir  de  la  inocencia,  hasta  el  porvenir  de 
las  generaciones  que  están  por  nacer.  Lo  repito;  es  ne- 
cesario protestar  contra  las  enseñanzas  de  los  falsificado- 
res le  ideas.  Este  pequeño  libro,  que  recuerda  la  vida 
ejemplar  y  las  obras  meritorias  del  honrado  é  ilustre  Va- 
lle, forma  una  gran  protesta.  Yo  la  hago  franca  y  leal- 
mente. 

Al  exponer  los  juicios  anteriores  no  he  querido  presen- 
tarme como  no  he  sido  ni  soy;  no  pretendo  engañar  pidien- 
do para  Centro  América  un  bello  ideal  en  arreglos  políti- 
cos, en  materia  de  instituciones.  Yo  conozco  las  malas  con- 
diciones sociales  de  nuestros  pueblos:  (8)  yo  sé  que  de  im- 
proviso, en  todo  y  por  todo,  no  pueden  pasar  á  la  vida  de  la 
verdadera  República.  Quiero  ser  completamente  franco.  En 
ciertas  situaciones  excepcionales,  en  que  han  estado  compro- 
metidos todos  los  intereses  particulares  y  públicos,  yo  he 
aconsejado  el  uso  de  la  fuerza,  y  además  he  hecho  uso  de  la 
fuerza.   Pero  pasar  de  la  excepción,  y  de  la  justificada  excep- 

(8)    Véase  mi  Folleto  sobre  la  Constitución  social  de  Honduras,  1880. 


157 


crón,  á  convertir  la  fuerza  en  absoluto  sistema,  en  paz  ó  en 
guerra,  dia  por  dia,  hora  por  hora,  momento  por  momento. 
con  provocación  ó  sin  ella;  pero  decantar  libertad  y  derechos. 
y  mantener  un  régimen  de  terror  inquisitorial  bajo  el  que  la- 
sociedades  viven  temblando  de  espanto,   arrodillada»;  pero 
decantar  desinterés  y  patriotismo,  y  convertir  la  administra- 
ción en  un  mercado  político,  para  la  ruina  de  muchos,  en 
beneficio  de  unos  pocos;  todo  esto  me  parece  condenabl» 
que  es  un  horrible  atentado  al  derecho,  porque  es 
truosidad.   Debe  apelarse  á  la  fuerza,  cuando  hay  facultades 
discrecionales,  para  salvar  á  todo  un  pueblo  de  los  horrare* 
de  la  anarquía;  pero  cuando  hay  paz  y  existe  una  Con- 
dón, cuando  la  sociedad  sigue  su  marcha  regular,  liberales 
ó  conservadores,  deben  respetar  la  dignidad  de  los  hombree. 
deben  mantener  la  más  estricta   legalida  D  procurar 

el  arraigo  y  el  ensanche  de  las  instituciones  libres, 
ser  humanos,  civilizados  y  generosos.  Sólo  át  o  pue- 

de hablarse,  con  decencia,  de  libertad  y  de  derechos:  sólo 
así  se  puede  vivir  en  el  seno  de  la  democracia:  sólo  asi  se 
puede  ir  en  pos  de  la  verdadera  Repáblioa,     Si  se  quiere  el 
terror  por  sistema,  y  los  medros  del    mor 
•por  recompensa,  que  al  menos  hava  fran 
tas  utilitarios  ganarán  más  siendo  franooi.     Qué  no  i 
fanen  por  más  tiempo  los   Bi  nombra 

patriotismo! 

La  vida  de  Valle  significa  trabajo,  estad 
ciencia,  virtudes  privadas,  virtió; 
gación,  patriotismo.    Este  libro  rcasuno. 
expresión  de  tan  grandes  mérito-.        i 


(9)    La  segunda  edición  «l.-.-si.-  lil» 
drá  muy  aumentada.    HaréenéBi 


<».  <i 


€ 

vez  por  hoy  sea  un  eco  perdido,  un  eco  que  no  llegue  á  los 
oidos  de  la  viciada  cuanto  infeliz  generación  presente;  pero 
estoy  seguro  de  que  el  eco  de  las  palabras  que  consagro  á 
Valle  llegará  á  los  oidos  de  la  juventud  que  se  levanta;  y 
la  juventud  siempre  buena,  desinteresada  y  generosa,  se  ins- 
pirará en  la  vida  y  en  las  obras  del  sabio  hondureno;  y  á  la 
inmoralidad  opondrá  la  honradez,  y  á  la  rutina  opondrá  la 
ciencia,  y  á  la  injusticia  opondrá  la  rectitud,  y  á  la  menti- 
ra opondrá  la  verdad,  y  á  la  venalidad  opondrá  la  probidad, 
y  á  la  fuerza  opondrá  la  ley,  y  al  terror  opondrá  la  siempre 
respetable  y  querida  libertad. 

La  juventud  centro-americana  no  debe  olvidar  que  po- 
see una  de  las  más  bellas  é  importantes  regiones  del  mun- 
do, y  que  tal  posesión  le  da  derecho  á  que  esta  porción  pri- 
vilegiada del  globo  sea  un  centro  feliz  de  civilización.  La 
juventud  centro-americana,  imitando  las  virtudes  del  sabio 
Valle,  y  siguiendo  sus  nobilísimas  aspiraciones,  debe  des- 
mentir el  terrible  aserto  que  nos  lanzó  á  la  cara  Napoleón 
III.  Napoleón  decía:  "Constantinopla  y  Centro-América 
son  las  más  interesantes  y  bellas  porciones  del  globo;  pero 
da  lástima  que  estén  en  las  peores  manos,  en  las  de  los  tur- 
cos y  de  los  centro-americanos."  ¡  Ah!  Protestemos,  abrien- 
do campo  á  las  ideas,  y  siendo  virtuosos  y  civilizados,  con- 
tra aserto  tan  ignominioso.  Sacudamos  la  especie  de  fata- 
lismo asiático  que  nos  abruma:   somos  americanos,   y  mies- 


muchas  de  sus  ubras  inéditas  que  no  lie  tenido  &  la  vista,  y  que  hasta  hace  po- 
cos dias  ha  obtenido,  por  compra,  el  Gobierno  de  este  país.  También  se  corre- 
girán muchos  defectos  de  redacción  y  errores  tipográficos,  que  ni'  siqueira  he  te- 
nido tiempo  de  enmendar.  Aunque  he  meditado  detenidamente  sobre  el  fondo 
de  este  libro,  en  cambio,  sus  capítulos  han  ido  á  la  imprenta  en  borradores  si 
se  quiere,  improvisados;  y  muchas  veces,  debido  á  mis  diarias  y  múltiples  ocu- 
paciones, no  he  podido  ni  corregir  las  pruebas.  Qué  la  crítica  tenga  en  cuenta 
esta  legítima  excusa, 


l.V.i 


tro  destino  es  la  consecución  del  derecho  y  del  progreso. 
Demos  vuelco  á  las  tiranías  de  los  hombree,   y  á   la* 
nías  de  nuestros  tradicionales  errores;  modelemos  n 
vida  por  el  gran   modelo  de  nuestro  ilustre  sabio;  traba- 
jemos con  fé  y  con  amor  en  pro  de  las  ideas;  y  así   n 
dicaremos  nuestra  honra,  asegurando,  en  esta  tierra  que- 
rida, en  esta  tierra  de  nuestros  recuerdos  v  de  nuestras  es* 
peranzas,    los   sagrados  fueros  de  la  civilización  y  de  la 
República. 

FIN. 


índice 


INFORME 

CAPITULO  PRIMERO.— Consideraciones  preliminar.-*  i  miento   de 

Valle.— Sus  primeros  años.— Su  traslación  da  Honduras  4  Guatemala. 
—Su  aprendizaje  primario.— Su  segunda  *  nseñanza. -8ua  estudio*  prl 
vados.— Su  grado  de  Bachiller  en  Filosofía  en  1 1  Ufe* .  rsidad,  y  m  re- 
cibimiento de  Abogado  en  la  Real  Audi.n<  ¡a  de  Croata  lll  l>«arHp 
ción  del  físico  y  del  carácter  moral  de  Valle. 

CAPITULO  SEGUNDO. -Género  de  vida  de  Va !• 

nado  su  carrera. —Empleos y  distinciones qm-  <»l>tiira  Su  actitud  con 
motivo  de  los  primeros  movimientos  de  insm  urridoa  rn  H 

año  de  11.  en  favor  de  la  Independencia,  su  enneñaiiza  tle  Eonoomla 
Política  en  la  Sociedad  Económica  de  Ciinteinala.—  Su  matrimonio ce 
lebrado  en  el  año  de  1812 

CAPITULO  TERCERO.— Nuevos  cargos  que  ..l.i 
Sus  principales  escritos  hasta  181" 

bierno  de  la  Metrópoli  para  que  Be  le  tenga  |»ii-.nt.  .  n  laa  taoaale* 
que  ocurran  en  las  Audiencias  déla    IVnínsul 

de  Guatemala  después  de  los  movimientos  da  ni-wrtvcclóu  dr  l««»  *rt-~ 
11,12  y  14.— indulto  de  loa  independleatee,  para  cuyo  acuerdo  VaiW> 
dictaminó  como  Fiscal.— El  Gobierno  de  Cuaterna] 
mante  á,  Urrutia.— Restablecimiento  déla  Coum 
1820,  lo  que  generaliza  la  opinión  por  la  m. Intendencia.  Valla  faaila 
"El  Amigo  de  la  Patria, '*  combate  laa  nina*  «Ir  lihrrlad  pro 

gresan.—  Valle  gefe  de  los  Gazista*.    Urrutia  delega  t«l  |Midar  en  Mal* 
za,  y  este  se   ve  COmpelido  á  proclamarla  independencia,  el  \S  de  Hr 
tiembre  de  1821.— Opinión  da  Valle  reapeeto  á  la  emaadparifta  aaaln 
cional.— Valle  redacta  el  Acta  da  lndc|>endeocÍa. . , 
CAPITULO  CUARTO.— Puntos   pin 

15  de  Setiembre  de  1841.  Huero  -interna  de  Gobierno  Vall<  t^rmm  par 
te  del  Gobierno.  Trabajoa  admfnlatral  ■  •  ■■■  I  i««  panm  ry  aleara» 
nación.— Se  orean  loa  partldoa  HbaraJ  |  eoneeifador.    Kl  i«arttdo  «oa 

servador  trabaja  por  la  anexión  •  !•   i 


162 


Centro-América. — Guatemala  se  anexa  á  México  en  5  de  Enero  de  < 
1822,  contra  la  opinión  de  Valle  y  de  los  independientes. — La  Junta 
provisional  consultiva  se  disuelve,  >  \  alie  vuelve  á  la  vida  privada. — 
Corresponde  á  Valle  el  honor  de  haber  sido  el  primero,  en  el  Norte  de 
América,  que  formuló  la  idea  sobre  "La  Unión  latino-americana."— 
Valle  es  electo  Diputado  al  Congreso  de  México.  —Viaje  de  Valle  á  Mé- 
xico, en  10  de  Marzo  de  1822 51 

CAPITULO  QUINTO.— Trabajos  de  Valle  como  Diputado  en  el  Congreso 
de  México. — Prisión  de  Valle  en  el  Convento  de  Santo  Domingo.— Sus  es- 
tudios.—Valle  es  nombrado  Ministro  de  Iturbide,  y  sale  de  la  prisión 
para  encargarse  del  Ministerio.— Su  política  en  el  Ministerio.— Caida 
del  I«iperio.— Valle  vuelve  á  ocupar  su  puesto  de  Diputado.— Sus  tra- 
bajos en  favor  de  la  Independencia  de  Centro-América. — Regreso  de 
Valle  á  Guatemala 69 

CAPITULO  SEXTO.— Lo  que  había  sucedido  en  Centro-América  durante 
la  ausencia  de  Valle. — Valle  ejerce  el  Poder  Ejecutivo  Nacional  de  Cen- 
tro-América.—Constitución  de  1824.— Valle  dá  cuenta  al  primer  Con- 
greso federal  de  los  trabajos  del  Gobierno.— Elección  de  Valle  para 
Presidente  de  la  República  de  Centro-América.— El  Congreso  anula  su 
elección.— Retraimiento  de  Valle,  y  SU  Manifiesto  de  1825.—  Valle  funda 
el  '"Redactor  General:"  sus  escritos  como  publicista.— Conducta  de  Va- 
lle durante  la  reacción  de  Arce  y  los  conservadores  de  Guatemala. — 
I  tiscursos  de  Valle  en  182!).— Valle  juzgado  como  orador s-"> 

CAPITULO  SÉPTIMO.— Situación  de  ( 'entro  América.—  Valle  hace  com- 
petencia al  General  Morazán  en  la  elección  de  Presidente  de  la  Repú- 
blica.—Valle  es  nombrado  Ministro  Plenipotenciario  de  la  República 
ante  el  Gobierno  de  Francia.-  Situación  de  la  República  desde  1832  has- 
ta 1834.— Los  pueblos  elijan  ¿  Valle  Presidente  de  la  República.— Valle 
juzgado  como  sabio.— Valle  juzgado  como  literato.— Enfermedad  y 
muerte  de  Valle  ocurrida  en  2  de  Marzo  de  1834  I1»'» 

CAPITULO  OCTAVO.— Sensación  que  produjo  la  muerte  de  Valle.— Con- 
secuencias políticas  que  tuvo  tan  desgraciado  suceso.— Reflexiones.— 
Olvido  que,  durante  la  reacción  conservadora,  se  hizo  del  nombre  y  de 
las  obras  de  Valle.-  El  Gobierno  de  Honduras  ha  hecho  justicia  á  aquel 
grande  hombre,  y  honrado  y  enaltecido,  como  se  debe,  la  memoria  de 
su  vida  ejemplar. — Hoy  más  que  nunca  debe  tomarse  como  modelo  la 
conducta  política  de  Valle,  y  buscarse  en  sus  obras  grandes  enseñan- 
zas.—Consideraciones  finales 1 33